Alfonso Carbonell
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Crónica (del alma)
Corría la mañana del pasado sábado 24 de noviembre, y como lo había planeado, me embarqué (expresión coloquial que parecería en estos aciagos momentos de Tabasco ser literal) rumbo a San Juan Bautista, hoy, ciudad de Villahermosa, capital del estado de Tabasco. Antes de partir, una breve escala en el Palacio municipal. En vano.
Como la Cristóbal Colón (OCC) sólo tiene tres corridas a Villahermosa (muy temprano, en la tarde y ya muy noche), hube de emplear el servicio de los llamados “taxis” con destino a dicha ciudad. Un auto de modelo reciente; cuatro de pasaje, clima, buena música y un chofer amable y educado. Sin embargo éstos, han sido perseguidos como delincuentes por la autoridad, según dicen, por ser “piratas”. La verdad, si me lo permite decir, es que tanto estos taxis a Villa como las seguras y modernas unidades Urvan que viajan a aquella ciudad, cumplen con los requisitos para ser tomados en cuenta, además, sí además, que de algo tienen que vivir. Y nosotros que viajar. Pero bueno, prosigo.
La supercarretera, que no autopista a México, en su tramo Ocozocuautla- La Choapas, tratando de ser objetivos y salvo algunos tramos que presentan importantes daños (tres de manera significativa pero con desahogo rápido y en los que se están trabajando), el resto está transitable. No reconocerlo así, sería grilla barata.
Después de casi tres horas de camino vía Chontalpa municipio de Huimanguillo, Tabasco, entroncamos con la (esta sí) autopista Villahermosa-Cárdenas, a unos 30 minutos de la primera. Ahí, inmediatamente, cruzamos el puente sobre el caudaloso (¿?) río Samaria uno de los que se desbordaron y causaron las inundaciones en el 80 por ciento del territorio tabasqueño. Pero se preguntará, amable lector, el por qué de la interrogante que aparece después de apuntar “caudaloso” y le comento; porque aunque pareciera inaudito, dicho río se encuentra casi totalmente seco, ello según se sabe y comentan, al cerrar las cortinas en la presa de Malpaso y Peñitas. Ello claro, debido a los trabajos que se llevan acabo para drenar el “tapón” que se formó por el desgajamiento de un cerro en la comunidad Juan de Grijalva del municipio de Ostuacán, Chiapas, sepultando a dicha comunidad tras una ola de poco más de cincuenta metros (mini sunami le llamaron) que se ocasionó por el alud de millones de metros cúbicos de tierra y rocas que se precipitaron al río en días pasados. El saldo hasta hoy, es de 16 muertos y otro tanto de desaparecidos.
La carretera citada (Villahermosa-Cárdenas), otrora casi intransitable por la afluencia de vehículos que suelen llegar por esta misma (México-Villahermosa) al estado de Tabasco, presentaba un flujo mínimo salvo, salvo sí, de alguna caravana de traileres que llevaban ayuda humanitaria a los damnificados. Y la verdad, muchos espetan, a qué ir. La ciudad de Villahermosa se encuentra devastada. No hay actividad comercial, menos turística.
Ciertamente la ciudad y sus pobladores se encuentran de pie y mirando al futuro. Las aflicciones son muchas pero sus fortalezas y fe, se levantan sobre de sus desgracias. En eso, sin duda, las mujeres y los hombres del sureste nos parecemos. Hijos al fin, del abandono institucional y las desgracias naturales. Nos doblamos sí ¡pero nunca nos quebramos!
La vida (sic) en la ciudad
Elementos de la Armada y Ejército mexicanos se pueden ver por toda la ciudad. Lo mismo en el interior de los centros comerciales que realizando patrullajes. Su participación, como siempre, responsable y patriótica. (Heroica) El caos reinante durante los primeros días de emergencia, si bien aún se deja sentir y ver en las aglomeraciones de gentes en los centros de abasto -entendible por la psicosis de la devastación sufrida-, ya ha superado su etapa crítica. Empero, se insiste, se respira un aire de tensión y enojo. Ya se pueden ver abiertos algunos comercios del centro de la ciudad, sin embargo, los más, aún se encuentran en la fase de limpieza de escombros. El centro de la ciudad, antes zona luz, se encuentra en las sombras.
Su gente
Si algo podríamos mencionar como corolario a esta, si me lo permite llamar así, “Crónica”, sería la calidad y fortaleza de sus gentes. La gente tabasqueña. Porque si bien es cierto que -y no podría ser menos ante la debacle sufrida- el corazón de las y los tabasqueños se encuentra estrujado ¡desecho! Cual ave Fénix los tabasqueños resurgen de sus “cenizas” -húmedas cenizas- y todos en una sola voz, se alzan pero no para pedir compasión sino lo que claman como ciertamente hasta hoy se les ha manifestado es; Solidaridad. Mágica palabra. Única palabra en tiempos del “cólera”.
Pero ellos son bien sabedores, que con independencia de los apoyos que el gobierno federal destine para la reconstrucción y no sólo de sus viviendas y comercios o para el caso de las afectaciones en sus tierras de cultivo y producción, sino de sus vidas mismas, aunado claro, de lo que la sociedad civil les ha enviado ya bien en especie o efectivo, saben, decía, que el mayor esfuerzo tendrá que provenir de ellos mismos. De sus energías, de su cohesión y de su propio esfuerzo. Ellos lo saben y actúan en consecuencia.
Ya de salida
Y lo sé de cierto porque mi familia, madre, hermanos, tíos, primos, sobrinos y demás parentela, hoy más que nunca están unidos y caminan hombro con hombro. Se apoyan, cuidan y protegen. Los vi, como vi a cientos, sacar sus cosas sus pertenencias; sus muebles, sus retratos los que colgados en la pared no alcanzaron las aguas-; Sus recuerdos. Ciertamente toda una tragedia. Tragedia la que sin embargo las aguas (aguas que lo mismo dan la vida que la quitan), no alcanzaron el nivel suficiente como para cubrirles… ¡una sonrisa! Las tragedias, a veces -aunque ciertamente dolorosas e innecesarias-, suelen unirnos más. Aunque, estimo; ¡pero qué necesidad esperar a que ocurran éstas para unirnos! Reflexionemos.
