Comentando la noticia

Alfonso Carbonell

De adivinos y pitonisas

En una entrega pasada, comentaba sobre del fenómeno de la adivinación, la cartomancia y otras sibilas que, sobre todo en tiempos electorales, suelen ser recurrentes habida cuenta que lo importante en las artes proféticas no están, o al menos me queda claro no es el fin, atinarle al pronóstico sino más bien embaucar a uno que otro -ingenuo- candidato.
Así pues, no es difícil, es más se convierte en un ejercicio más que recurrente de lo que creemos, que en espacios dedicados al “analis” –dice la Tía Margarita- político, veamos desfilar en las pasarelas mediáticas, nombres de hombres y mujeres a los que desde ¡ya!, e incluso cazan apuestas, se perfilan como indiscutibles ganadores de la contienda. Los más, de menos, ilusos.

Por ello mismo y sin recurrir a lecturas de café ni valerse de las gitanas que pululan por los portales capitalinos, es “mao menos” fácil saber, claro está, una vez conocidos casi en su totalidad las y los candidatos que contenderán por una diputación local y presidencia municipal, quiénes resultarán finalmente triunfantes. Los invito a que chequen las listas. (En internet)

Ayer mismo, lo advertíamos aquí, es relativamente predecible quiénes, candidatos y partidos, saldrán avante sin mayores contratiempos. Por contrario, al reparar en las biografías políticas de un buen número de éstos, la verdad, son más proclives a ganar una candidatura de ingreso a “El Amate”, que llegar a imponerse por medio de los votos. Así y en el contexto en que se dieron las candidaturas, las más inexplicables, el electorado no acaba aún en entender, concebir sería la palabra correcta, cómo es que personajes que en su pasado reciente y otros histórico, ahora resulten los más preclaros e idóneos adalides de la democracia. ¡Por dios!

Para la reflexión

Pero bueno, ahí están y lo peor –si lo hubiera-, es que ahora usted, sí usted y usted amigo lector(a), vaya a salir -o más bien no salga a votar- con que no le importa o no le interesa quién o quiénes, eso sí con o sin su voto, vayan a gobernarlos en su municipio o los represente en el Congreso. Ésa, usted lo sabe bien, es la peor decisión.

Empero y volviendo al entuerto que dio motivo a estos comentarios, no es en la profusa promoción de personas ni partidos de parte de los medios lo que deberá usted que tomar en cuenta a la hora de emitir su voto; sobre todo cuando conocidos “santones” del periodismo le sugieren, los motiven o más jodido aún, les salgan con consideraciones sesudas basados en sus investigaciones especiales, son los que van a ganar. Hasta creen.

Porque, la verdad –si la hubiere-, es solo cuestión de detenerse en diversos comentarios y de quién los emite, para reflexionar sobre el tamaño y alcance de su sesudas peroratas. Enseñan el cobre. No, no es crítica aclaro, empero sí, un dato que nos invite a la mutua reflexión. Y ahí los tiene reconociéndoles a funcionarios o igual a políticos en funciones (candidatos y actuales autoridades) capacidades y cualidades que incluso, a ésos mismos les son descomidas. ¡Ahhh!, pero eso sí, que no les fallen a sus compromi$o$ contractuales porque ahí mismo (¿o no?) les bajan el pellejo.

Ya de salida

Pero bueno, como diría la insigne periodista Cristina Pacheco; “aquí nos tocó vivir”. Lo que sí, y es el motivo de esta columna, es que a usted estimado lector y seguro elector, es a quien le corresponde y tiene la última palabra en éste asunto de elegir a sus autoridades. ¡Ni yo por usted, ni usted por mí! ¡Es usted por usted mismo!; por su familia, por su municipio, por su estado ¡por su país! Porque si no vota a usted ¡lo botan! ¡Me queda claro!

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