CHISPERO POLÍTICO

LA DIGNIDAD DE UN PERRO Y SU ANALOGÍA CON LA DE UN POLÍTICO

Miguel Angel Carrillo Barrios

Cierto día, “Sirulay” vio a su amo entrar a su casa; como es un perro de ciudad, corrió para lamerle los zapatos, moverle la cola, levantar su hocico para que su amo lo viera y recibir un chasquido de dedos a cambio de tantas caricias. Su amo, como siempre, algunas veces llegaba de buenas, otras cansado y la mayor parte de veces de un humor de la fregada. Ese día, “Sirulay”, en vez de chasquidos de dedos se llevó tremenda patada en el hocico que lo arrinconó sobre el sofá, allí fue a pegar unos gemidos lastimeros; pero se acordó que era perro, que nació perro y seguiría siendo perro y en medio del dolor físico y sentimental que llevaba hecho añicos, regresó nuevamente donde estaba su amo para acariciarlo, nuevamente recibió el rechazo frío del insolente y colérico amo que ya no lo pateó pero con palabras hirientes y con la mano le propinó semejante empujón que esta vez quedó con las patas hacia arriba. Sirulay sintió que sus acciones lo despojaban de toda dignidad, pero no había otra alternativa; nació perro. La dignidad sólo se la reclamaban, para él a veces había sólo migajas, una que otra caricia de los hijos menores del amo, a veces caían mieles de la boca del amo que Sirulay tenía que recoger con su lengua; tenía que mostrarse para que mientras la familia del amo se daban grandes festines, él sólo recogía míseras migajas: pero llevaba presente que había nacido perro y nada le asistía pedir cuando el amo saboreaba manjares y él tenía que conformarse con el olor o simplemente se conformaba con que su amo lo llevara y lo considerara parte de “su gente”. Cierto día, y después de seis años, en el que Sirulay tuvo que recibir patadas, rechazos, migajas, desprecios, hambre y mentadas, cambió de dueño; llegó otros amo. A Sirulay, ni siquiera le dijeron adiós, no hubo para él una migaja mayor, pero por lo menos pensaba que la vida de su energúmeno ex amo, ya no la soportaría. La vieja casona donde Sirulay veía entrar mucha gente, conocidos y extraños que a veces les chasquillaban los dedos, ya estaba siendo merodeaba por el nuevo amo, el que parecía más benevolente, pues no recibía del nuevo dueño de esa casona, las patadas, los desprecios, ya dejaba más comida sobre la mesa donde Sirulay parecía llenarse de algo digno: pero no se olvidaba que era perro, su mal trato le dolía pero no debía quejarse; había nacido perro. No había dignidad y así pasarían varios sexenios en los que Sirulay se conformaba con ser perro de esa gran casona, de eso se orgullecía cuando platicaba con los demás perros, sabía que era perro, que había nacido para proteger al que lo maltrataba, sabía que su misión en la vida era recibir cachetadas y patadas en vez de caricias, pero no se equivocaba; era perro. Siempre veía a los demás y se sentía perro de caché, nunca dijo que lo maltrataban, aunque los demás perros lo veían con recelo y querían ser perro de esa gran casona, la que a veces olía bien y otras horrendo; pero era perro privilegiado porque oía muchas cosas y sabía cuándo ladrar, los demás perros dormían peor que perros mientras que Sirulay dormía dentro de la gran casona, custodiado por otros perros de ulterior categoría. Un día, Sirulay después de tantos sexenio sintió que se retiraría, ya estaba viejo y cada que era herido en sus sentimientos, sus perras y perros jovencitos, se aliaron con el amo y dejaron formaron la cofradía y quisieron los hijos del viejo perro, destronar al amo de su padre. Lo triste es que los nuevos canes ya poderosos también se olvidaron de papá perro; ahora ya pensionado y comiendo de milagros.

CRECEN LAS REMESAS Y DESCIENDE LA PRODUCCION EN CHIAPAS
Cuando el gobierno federal o estatal hace gala de haber captado muchos millones de pesos por concepto de remesas, la mayoría de procedencia norteamericana, no está analizando las consecuencias crudas lo que representa la exagerada emigración de mexicanos hacia Norteamérica. Por ejemplo en el primer semestre de este año, se hacen cuentas alegres de haber tenido un ingreso por remesas superior a los 3 mil 500 millones de pesos sólo en Chiapas. La suma no es nada despreciable pero lo que si puede asegurarse es que en muchas zonas de la entidad, se ha quedado sin mano de obra efectiva; la población adulta joven y adolescentes están emigrando en masa hacia la Unión Americana para dizque mejorar sus condiciones de vida, pero están dejando a Chiapas sin la mínima producción; en los pueblos sólo se pueden observar los adultos mayores, ya sin fuerzas para trabajar y que viven de las miserias que los familiares les mandan del exterior. Todas esas personas que se quedaron en Chiapas -mujer, los padres de los emigrantes y sus niños-, ahora son verdaderos dependientes de productos; la no cultivan maíz, frijoles y otros alimentos; ahora los adquieren los que venden en los supermercados y que son traídos de otras entidades e incluso del exterior del país. Al paso que vamos, llegará el momento en que tendremos que comprar todo. La cultura del cultivo de corral se ha perdido definitivamente y el gobierno ni siquiera las fomenta a través de sus instituciones, como lo son la Secretaría del Campo, institución que sirve solamente para enriquecer a los amigos del gobernador.

DESCENDERA LA PRODUCCION MAICERA EN CHIAPAS
Hay tristeza e incertidumbre entre los productores de maíz y frijol de las regiones, frailesca y el valle de Cintalapa debido a que una fuerte sequía que se prolongó por más de dos meses acabó con las plantaciones de los granos básicos mencionados. Al confiar lo anterior, representantes de productores encabezados por Adelfo Velázquez Moreno, aseguraron que la producción de por sí es baja pero lo que es ahora, esperamos cosechar una o dos lonas por hectárea, explicaron al tiempo de considerar que para ellos, es el único sustento, no tenemos otro ingreso y al no producir, estamos condenados a emigrar del campo hacia la ciudad en busca de mejoras de vida. El campesino, dijo que las regiones más castigadas son los municipios de Cintalapa, Villaflores, parte de la región Cuxtepequez, precisamente donde existen más de un millón y medio de hectáreas que han quedado asoladas por la fuerte sequía.

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