San Lázaro y el tiempo…
Katia D´ Artigues
Me parece una estupenda metáfora de este país. Ayer, durante todo el día era un “hecho”: mientras los mexicanos contábamos como fecha válida para vivir el 16 de noviembre, nuestros diputados estaban —legalmente— tres días atrás: en la sesión del 13 de noviembre de 2009
¿Cómo es esto posible? Bueno, por una suerte de milagro incomprensible de la política mexicana: los diputados —para no infringir la ley, que estipula que para el 15 debíamos tener presupuesto— pararon el “reloj legislativo”.
Así, ¡como si fueran hijos de Cronos! Tal como la canción clásica de Roberto Cantoral: “Reloj/ no marques las horas/ porque voy a enloquecer…”, pero no en medio de un rapto amoroso de querer/asir al ser amado que se va, sino más bien por un fin pragmático: querían dormir un rato porque se pasaron todo el fin de semana en la “construcción de acuerdos” (léase también grilla).
Y sí, todo el fin de semana también fue un eterno 13 de noviembre. Yo no lo entiendo, pero lo acepto, casi cual dogma de fe… y con muchísima envidia.
Lo cierto es que tal estrés vivieron nuestros pobres representantes populares que hasta la hicieron cardiaca y de tos. Cardiaca porque un par de diputados sufrieron eso, ataques cardiacos: Emilio Serrano y Víctor Manuel Báez Ceja, del PRD, aunque están estables. De tos, pues claro que Gerardo Fernández Noroña, quien engripado amenazó con irles a toser a los “mandarines”.
El que también estaba bien enfermo de gripa fue Francisco Rojas, el coordinador priísta. Quizá porque se sentía tan mal permitió que otros diputados como Luis Videgaray, Arturo Cano Vélez y Sebastián Lerdo de Tejada… operadores de Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, respectivamente, “ganaran” mucho más que él.
Debió haber sido la gripa, porque otra opción es que Rojas no tiene el suficiente liderazgo. Eso parece… y, ash, ya ven lo que dicen: que en política lo que parece es.
Lo cierto es que mientras esto escribo, estamos a punto de tener presupuesto después de 195 cambios que habrían hecho al proyecto enviado por el presidente Felipe Calderón, una reasignación de 96 mil 626 millones de pesos…
Ya habrá tiempo para desglosarlo, analizarlo.
Por lo pronto, expongo mi evidencia de que definitivamente los diputados no están en este tiempo con nosotros, los ciudadanos:
1) ¿Cómo se les ocurre, aunque sea de manera simbólica, a nuestros legisladores parar el reloj? ¿Qué no nos quejamos todo el tiempo de que parece que llevamos años parados? ¿Qué nos quedamos estancados en la hamaca de la comodidad de los precios del petróleo y el tiempo nos alcanzó? Bueno, para ahí está un botón de muestra: Brasil.
2) Me queda claro que los legisladores también están en otro tiempo, en una suerte de limbo extraciudadano. Sólo así me explico que sigan pensando —con su tiempo que es nuestro— a ver si aprueban iniciativas tales como reelección legislativa, candidaturas ciudadanas, iniciativas populares, referéndum, plebiscito, reducción de número de diputados y, por supuesto: ¡reducción a los presupuestos de los partidos políticos!
3) Queda en evidencia en el mismo rezago legislativo. ¿De qué tamaño es esa institución conocida como la congeladora, en la que están todas las iniciativas que no han sido ni dictaminadas? Pues del tamaño del Polo Norte. Son iniciativas que ni el calentamiento global descongela… Hipótesis a comprobar: nuestros diputados viven en la Era del Hielo. Algunos son mamuts.
4) Tan en su tiempo andan que le asignan 10 mil millones de pesos a tres secretarías de Estado que el Presidente ya propuso desaparecer. ¿O será que en un tiempo que creímos real el Presidente nos vio la cara?
Habría, sin más, que parafrasear el conocido poema del escritor Renato Leduc: “Sabia virtud/ de detener el tiempo”. Insisto: por justicia por elemental equidad entre mexicanos: #relojlegislativoparatodos y que cada quien lo pare cuando quiera.
Mientras que en la Suprema Corte analizan —con tiempo— si hubo o no casos de negligencia médica tanto a heridos como a niños fallecidos en el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, hoy recuerdo a Lucía Guadalupe Carrillo Campos, quien junto con sus 48 compañeritos no debió morir.
