Itinerario Político

Calderón, el opositor

Ricardo Alemán

Chocan el Presidente y dueños del dinero
El pleito, porque los empresarios se rajaron

Buena parte de la “opinocracia” entendió el reclamo presidencial contra los empresarios mexicanos —primero porque no pagan impuestos y luego porque tiraron la propuesta de IVA generalizado—, como resultado de un ataque hepático de Felipe Calderón.

Y tienen razón quienes argumentan que Felipe Calderón es un político de “mecha corta” y que muestra episodios de enojo extremo, como el ocurrido recientemente cuando Fernando Gómez Mont habría respondido a Calderón con un sonoro “¡a mí no me gritas, porque te dejo tu despacho!”. Pero también es cierto que detrás de la escaramuza entre empresarios y Ejecutivo hay mucho más que bilis o caprichos
Pocos saben, por ejemplo, que en la iniciativa de Ley de Ingresos que envió Calderón al Congreso buena parte de los grandes empresarios del país aplaudieron la propuesta de 2% a la pobreza, que en el fondo no era otra cosa que abrir la puerta al IVA generalizado. Más aún, originalmente esa propuesta surgió de la iniciativa privada, lo mismo que la desaparición de tres secretarías que hoy salvó el Congreso.

Pocos saben que el gobierno federal se comprometió a asumir los costos de empujar ese impuesto de 2% de IVA general, a cambio de que los grandes capitanes de empresa se comprometieran a aceptar los cambios propuestos —en la misma reforma—, a la llamada consolidación fiscal; que no era otra cosa que obligar a las grandes empresas a pagar lo justo.

Pocos saben que cuando la Ley de Ingresos de la Federación salió de Los Pinos iba acompañada del respaldo de los grandes empresarios y con ello de buena parte de gobernadores del PRI. Sin embargo, por alguna razón fuera del alcance del sector público, los grandes sectores empresariales recularon de lo negociado por sus dirigencias y, con ello, todo se vino abajo. ¿Por qué recularon los empresarios? Porque sólo aceptan los privilegios, no las responsabilidades.

Cuando los grandes grupos empresariales dejaron “sin piso” el 2% a la pobreza se abrió el espacio para la Ley de la Capilaridad —esa que dice que en política no hay vacíos—, y presurosos los gobernadores del PRI se metieron por esa rendija y reclamaron para los gobiernos estatales —de lo perdido, lo que aparezca—, por lo menos la mitad de ese ingreso; lo que luego se tradujo en el incremento de 1% al IVA.

Así, el gobierno de Felipe Calderón quedó exhibido como incapaz de conseguir grandes acuerdos y quedó atrapado con los dedos en la puerta por un PRI que parece sólo cachar “las maduras”. Pero como en política nada es gratis, pasar de 15 a 16% del IVA significó un compromiso del partido tricolor con el gobierno federal. Es decir, que los azules y los tricolores empujarán una reforma fiscal que incluya el IVA generalizado y, sobre todo, acotar la llamada consolidación fiscal.

Pero una pregunta inquieta a toda la clase política mexicana, sobre todo porque los grandes capitales serán determinantes en la sucesión presidencial. ¿Será posible una reforma fiscal que obligue a pagar a las grandes empresas? La interrogante obliga porque los grandes evasores son, al mismo tiempo, los grandes financieros de los candidatos presidenciales, sean del PRI, PAN o PRD. Por eso la duda. ¿Quién será el valiente de enfrentarlos?

Pero aún no queda claro por qué la andanada del presidente Felipe Calderón contra los grandes empresarios.

Resulta que cuando “murió” el 2% a la pobreza —como lo calificó el diputado panista Ramírez Acuña—, el presidente Calderón decidió seguir una ruta de alto riesgo, pero de doble filo. Apostar por la imagen de un presidente con bandera de opositor. Es decir, desde su jerarquía de jefe del Ejecutivo federal —con todo lo que eso significa—, enarbolar las banderas contra los grandes monopolios, los formidables evasores y los capitanes de empresa privilegiados. ¿Y para qué esa estrategia?

El objetivo es doble: primero exhibir desde la casa presidencial a los poderes fácticos que —según el presidente— obstaculizan los cambios que reclama el Estado y, segundo, ablandar a esos poderes. Nadie sabe si esa estrategia resultará gananciosa con el tiempo; tampoco si se llevará a cabo la esperada reforma fiscal de fondo y si en el PRI y el PAN habrá un valiente capaz de someter a los poderes fácticos. Por lo pronto, hasta hoy se ve a Felipe Calderón como un presidente berrinchudo, colérico, vengativo y hasta enojón.

Pero pocos han reparado en los efectos que podría tener un “presidente opositor”. Sí, dicen los sabios del oficio político que Felipe Calderón ya está en campaña. Que intenta salvar la imagen de los azules.

EN EL CAMINO

Murió El Apá, al que mató la perversidad del poder en el gobierno del Distrito Federal. Y en una de esas también cae el procurador del DF. Al tiempo.

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