Campos Elíseos

Calderón-Ebrard: hechos, no la foto
Ley de radio y tv, siempre sí

Katia D´ Artigues

No deja de ser impresionante, conmovedor, lo que ha provocado la tragedia de la familia Martí. Todo ha quedado, al menos por ahora, en un segundo término tras el secuestro y asesinato de Fernando y la indignación ciudadana que ha provocado…

Mis respetos para Alejandro Martí por su fortaleza y decisión de quedarse en México a luchar; de, como él dice, no retirarse a lamerse la heridas y darle sentido a la muerte de su hijo. ¿Vio la entrevista que concedió a Joaquín López Dóriga? Me gusta también su actitud de asumir que somos todos, y no sólo las autoridades, los que debemos sentir vergüenza porque este nivel de impunidad y de crimen nos haya alcanzado.Las autoridades son definitivamente responsables; pero nosotros, como ciudadanos, también. Porque hemos permitido que ellos no hagan su trabajo.

Por lo pronto, habrá un resultado. No creo que haya vuelta atrás. A iniciativa de México Unido contra la Delincuencia y de Alejandro Martí, todo apunta a que se hará una cumbre, reunión o como quieran llamarle que juntará —al fin— a Felipe Calderón y Marcelo Ebrard.

No pueden decir que no.

Calderón respondió de inmediato que sí. Pidió al Consejo Nacional de Seguridad Pública —que se reunirá el próximo jueves 21 de agosto en Palacio Nacional— que se ponga las pilas y atienda los reclamos de la sociedad.

Ebrard, quien sí tendría que ir a esa reunión, propuso organizar una cumbre, pero le ganaron. Hasta de anfitrión se ofreció… peeeeeero que no solitos, sino que estuvieran todos los gobernadores, senadores, diputados, ministros de la Suprema Corte —cuyo valiente presidente mandó la bolita de la responsabilidad por el clima de inseguridad a los legisladores, ¿y nuestras leyes?

Eso sí, lo imperdonable sería que sólo se tomen la foto. Pero peor, quizá, que nosotros lo permitamos. Más ahora, que la organización Paix Christi nos da una “medalla de oro” por algo lamentable: el primer lugar en secuestros a nivel mundial.

Septiembre, mes de la patria, ¿y de los golpes? Me lo dice un legislador que está metido en el tema. En el próximo periodo de sesiones, sí se presentará la iniciativa de la controvertida y mal vista —por algunos— ley de radio y televisión…

Por lo pronto, en el Senado hacen apuestas a que el debate, réplicas y reacciones por parte de los interesados vienen con todo.

Bendito Cristo del Cubilete… sigo con el ojo cuadrado, luego de leer la fichita número 30 publicada en el semanario Desde la Fe. Se titula “El pudor”.

Son recomendaciones de la Iglesia para que las mujeres no sufran ataques, aunque me temo ¡que el mismo documento lo es!

No les haré largo el cuento, pero sí les enuncio los tips que nos dan: “No uses ropa provocativa (en Sinaloa hasta las minifaldas prohibieron, que para disminuir la violencia), cuida tus miradas y tus gestos, no te quedes sola con un hombre, aunque sea conocido (¿ni en el confesionario con el padre?), no permitas familiaridades de tus amigos o parientes, no admitas pláticas o chistes picantes (ya ni les cuento el chiste del padrecito), busca ayuda cuando sospeches una mala intención…”

Las otras profesiones de los gobernadores

Uno.— Creo que hemos desaprovechado las dotes de Mario Marín como mago. ¡No cualquiera desaparece de un banderazo más de 11 millones de libros! Pero haciendo memoria, él tiene ya una buena trayectoria: se desapareció una verruga que tenía en su frente, intentó desaparecer a Lydia Cacho, desapareció a Ney González en una foto y colocó su carita en una reunión con Carlos Abascal y Paco Gil. ¡Hasta logró aclarar su tono de piel! Lo que sí no podrá desaparecer es su mala fama.

Dos.— Era todo un chavo, quizá su primer trabajo. Ingresó en marzo de 1971, antes del Jueves de Corpus, como empleado supernumerario “G” de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, la versión de ese año de lo que ahora es el Cisen; una “oreja”, pues.

Lo curioso es que todo esto no está en el currículum oficial del gobernador Fidel Herrera, pero sí en el Archivo General de la Nación. Digo, chamba es chamba.

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