QUÉ MÁS PUE…/Carlos Rafael Coutiño Camacho…/Dunning-Kruger…Valores Humanos

En lo que va de las últimas dos semanas, en algunos municipios donde he recorrido por trabajo, encontré una similitud, sobre que la gente sabe cómo componer el mundo, cuando en realidad no puede componer a su propia familia, es más, sus propias vidas.

Sale a colación, porque cuando fue el mundial, oí muchas voces decir que los cambios, que como debieron colocar a los jugadores, que les faltó esto o el otro, eso podría ser entendible, por la euforia, sin embargo, muchos de ellos ni juegan en algún equipo del barrio o colonia, incluso nunca jugaron.

Pero el tema, va más allá, por razones laborales, tuve que asistir a algunos municipios, y fue recurrente escuchar que la seguridad, el empleo, la economía, incluso la salud, la mayoría de los chiapanecos, suele hacer una mala crítica, nunca una propuesta, incluso en una red social para encontrar recetas inmediatas sobre cómo resolver problemas sociales.

Lo preocupante no es que existan opiniones; lo inquietante es la seguridad con la que algunos hablan de temas que nunca han estudiado ni enfrentado desde la responsabilidad pública, criticar al gobierno desde el federal con Sheinbaum o Chiapas con Eduardo Ramírez, es absurdo e infantil.

La psicología tiene una explicación para este comportamiento. En 1999, los investigadores David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, describieron un fenómeno conocido como el efecto Dunning-Kruger: mientras menos conocimiento tiene una persona sobre un tema, mayor es la probabilidad de que sobreestime sus capacidades.

La política chiapaneca ofrece ejemplos cotidianos de esta realidad. No faltan quienes pretenden convertirse en referentes del debate público sin conocer el funcionamiento de las instituciones, la legislación, las finanzas o la compleja diversidad social y cultural del estado.

En ese sentido, los aspirantes a conducir destinos municipales, salen en redes y despotrican, queriendo solucionar lo que no entienden, confunden la popularidad con la capacidad y la estridencia con el liderazgo, pero la realidad es que Chiapas no necesita salvadores de ocasión ni discursos construidos sobre la descalificación permanente, si se necesita mujeres y hombres preparados, con sensibilidad social, experiencia y, sobre todo, disposición para escuchar antes de decidir.

La transformación de un estado no se consigue con frases virales, sino con trabajo constante, diálogo y conocimiento. También sería un error pensar que la experiencia lo resuelve todo, Chiapas, no es de improvisaciones ni razonamientos estúpidos.

Las críticas vienen de esas personas que padecen ese Dunning-Kruger, pero el tema no es que la padezcan, el tema, es que no ayudan en nada y un porcentaje de la sociedad, considera que el face, o cualquier red social, es el resultado de una paz, de un enriquecimiento o de una acción de ley, aunque la gente confunde y termina llamándola justicia.

Los nuevos liderazgos son indispensables, pero deben llegar con humildad para aprender, rodearse de personas competentes y entender que el servicio público es una responsabilidad, no un escenario para satisfacer el ego, es momento de unidad, unidad para el bien de todos, la transformación es por y para todos.

Señalar errores es sencillo; construir soluciones sostenibles es mucho más complejo, quizá la mejor enseñanza del efecto Dunning-Kruger sea recordar que el verdadero liderazgo comienza cuando se reconoce que nadie lo sabe todo.

Chiapas merece una política donde el conocimiento tenga más peso que la arrogancia, donde la preparación supere la improvisación y donde la voluntad de aprender sea el primer paso para construir el futuro que todos anhelamos, hagamos debate y evita convertir la crítica en un ataque personal.

VH

El próximo 29 de julio se conmemora el Día Internacional de los Valores Humanos, una fecha diseñada para regular la conducta, buscar la superación y dignificar la moral de las personas.

La normativa establece que los colegios deben impartir clases alusivas para exaltar el respeto, la honestidad, la humildad, el amor, la paz y la no violencia, cosa que se viene haciendo, pero en realidad, sin resultado alguno, por caer en un lenguaje vacuo, donde los que lo imparte, tampoco tienen conocimiento del tema.

Sin embargo, al trasladar estos conceptos universales al tablero político actual, la efeméride deja de ser una celebración escolar, se convierte en una severa auditoría para todos quienes vivimos en estas tierras, todos debemos hacer política, que por definición, debería ser la herramienta más alta para garantizar la paz y el bienestar común.

No obstante, los mismos ciudadanos que piden un alto a la corrupción, son quienes sobornan al agente de tránsito, son quienes no quieren ir a la cárcel pese a que cometieron algún ilícito, luego entonces, las condiciones sociales son otras a las que nosotros mismo pensamos y creemos.

Tenemos, según los médicos, una anemia de estos pilares positivos, la honestidad se ha canjeado por la razón de la verdad, el respeto fue sustituido por la polarización, la humildad desapareció ante la soberbia de los demás, los valores humanos se ausentan de las instituciones, de la política de los templos, de la familia misma.

No es un tema para legislar, pero si para quienes están como líderes o cabezas de sector, para intentar solucionar las cosas, pero resulta estéril si las cúpulas, predican una moralidad que no ejercen en sus decisiones diarias.

El verdadero civismo no se consolida solo con decretos educativos, se construye con el ejemplo de quienes sostienen las riendas del Estado, si exigimos a las nuevas generaciones vivir bajo la guía de la no violencia y la dignidad, la política debe empezar por limpiar su propio discurso.

Entendiendo política, como la actividad el quehacer cotidiano, no como gobierno o partido político, hagamos un examen de conciencia, en el entendido que los valores humanos son universales y eternos, pero su vigencia en la vida pública depende de nuestra exigencia ciudadana.

Monitorear que todos actuemos con honestidad, paz y respeto es la única vía para ennoblecer las relaciones humanas y rescatar la verdadera esencia de la democracia, que significa el poder del pueblo, pero para bien común, no para su propia autodestrucción.

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