Bucareli

David Ben Gurion

Jacobo Zabludovsky

Don Quijote de la Mancha era libro de cabecera de David Ben Gurion, fundador y primer ministro de Israel. Aprendió a leerlo en español gracias a Isaac Navon, sefardita que además de maestro fue su secretario
Comentamos su admiración por Cervantes antes de la entrevista en su despacho de gobierno. Lo recuerdo ahora en esta ciudad, y ubico sus respuestas en el entorno político regional y mundial de aquella época, 1958.

Esta es una síntesis de sus respuestas.

Sobre la paz con sus vecinos.

“Ni la guerra fría ni la guerra caliente es buena para ninguno y ciertamente no es buena para Israel. Preferimos una paz sincera y una paz donde sea. De cualquier manera nuestros vecinos, si fueran libres, amantes de la paz, estados democráticos, nosotros estaríamos muy contentos de darles la bienvenida en una unidad y nos daría mucho gusto poder cooperar con ellos políticamente, económicamente y culturalmente, porque creemos que hay una gran comunidad de intereses entre todos los pueblos de esta área como entre los pueblos de cualquier otra área. Hay comunidad de intereses en cuestiones humanas entre todos los pueblos, especialmente entre pueblos vecinos”.

Sobre cómo llegar a esa paz.

Queremos concluir no sólo un pacto de no agresión, sino un pacto de paz permanente sobre la base del statu quo territorial actual; no queremos que nuestro pueblo tenga temor, no queremos tampoco que nuestro pueblo se estacione, es decir, aunque el statu quo permanezca con nuestras naciones vecinas, no permanecerá en lo interior, porque queremos cambios y estamos cambiando nuestro país, estamos cambiando nuestro pueblo; queremos concluir pactos permanentes de no agresión.

Sobre el aumento de la población.

Traeremos a Israel tantos judíos como judíos quieran venir y como sean necesarios para nuestro país. No creo que la minoría en Israel, la cual es muy pequeña, especialmente muy pequeña en comparación con el número de pueblos vecinos, pueda tener alguna influencia en los países que nos rodean. Es un hecho que la posición económica y cultural es mejor entre estas minorías dentro de Israel, minorías campesinas, o trabajadoras o intelectuales que la que tienen en situación semejante en los estados vecinos.

La paz, yo creo, vendrá cuando los gobernantes árabes en lugar de querer la expansión, piensen más acerca de sus necesidades internas, cuando en lugar de la política destructiva o expansionista, construyan, eduquen, hagan más obras sanitarias y fomenten el progreso de sus pueblos como lo hacemos nosotros. Yo creo que entonces estaremos en el camino de la paz.

—¿Cree usted que el acuerdo de partición de 1947 puede ser base para nuevas negociaciones de paz entre Israel y los países árabes?

—Las decisiones de 1947 están muertas como nuestro pueblo, que cayó en la guerra de independencia cuando los árabes invadieron nuestro país a pesar de esas decisiones. Si ellos pueden revivir a esos muertos, únicamente sobre esas condiciones nosotros estaremos dispuestos a revivir también los acuerdos.

Están muertos y enterrados y yo no creo que a todos los estados árabes —por ejemplo Jordania— les gustaría regresar a los acuerdos de 1947, los cuales significan que una gran parte de sus territorios tornarían y se establecería un estado económicamente unido a Israel.

—¿Cree usted que las grandes potencias podrían actuar como intermediarias?

—Si las grandes potencias son capaces de concluir la paz entre ellas mismas y terminar su guerra fría, entonces quizá también puedan terminar el estado de emergencia entre nosotros y los países árabes. Pero yo creo que el mejor camino para la paz es tener negociaciones directas entre los gobiernos.

—Al cumplir 10 años de vida, ¿cuál ha sido el mayor logro de Israel?

—El mayor alcance de Israel, antes que nada, ha sido la consolidación de su independencia y la derrota de los invasores. Quizá el más grande y el más importante de los alcances sea la absorción de un millón de refugiados judíos, lo que quedó de las víctimas de los nazis, y muchos refugiados de los países árabes.

También en el campo agrícola hemos construido una moderna industria y hemos desarrollado instituciones científicas. Y hemos principiado, y digo principiado porque todavía no se ha completado, la integración de diferentes grupos que llegan de muy diversos países, con diferentes niveles de vida y la educación para convertirlos en un pueblo altamente civilizado.

Comí con Ben Gurion cuando, retirado de la vida pública, disfrutaba sus últimos años redactando sus recuerdos, recibiendo amigos y dando consejos sólo cuando se los pedían, como un profeta bíblico, de aquellos que en un instante de la historia cambiaron el destino de su pueblo.

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