Comparecencias
Angel Mario Ksheratto
@ksheratto
Como todos los años, iniciaron ayer las comparecencias de los funcionarios de gobierno ante el Congreso del Estado. La expectativa ciudadana se centra en el detalle que cada secretario pueda ofrecer al Congreso del Estado, un ente que, salvo algunas excepciones, empezó mal y de malas el ciclo de cuestionamientos.
El quorum con que empezó la comparecencia de Eduardo Ramírez Aguilar, secretario de Gobierno, fue de apenas 28 de los 41 legisladores, según lo anunció el presidente de la Mesa Directiva, Jorge Hernández Vielma. A poco, otros tres diputados se aparecieron en el Pleno, con cara de enfado y notoriamente desalineados.
Ramírez Aguilar fue a lo que fue: ofreció cifras sobre lo que a su juicio han sido avances en materia de política interna, bajas en índices sobre temas como las manifestaciones, invasiones y conflictos interreligiosos en municipios donde se han suscitado ese tipo de fenómenos y otros asuntos de buen interés. Pero, fue como predicar en medio del desierto.
La mayoría de diputados, hablando entre sí; otros, con el celular en la mano, chateando, hablando al exterior del recinto parlamentario e incluso, entre ellos mismos, como si el funcionario en Tribuna, no requiriere de la menor de las atenciones. No nos extraña; es en todas las sesiones el mismo tenor: irrespeto, indiferencia, indolencia… Por la tarde, la secretaria de Hacienda, se apareció. Padeció lo mismo.
¡Son comparecencias! El mínimo de respeto debería prevalecer; es entendible que no cuestionen, que no debatan, que no pongan en riesgo al invitado, pero no se pueden admitir más actitudes, aparte de lacayunas, irresponsables y carentes de seriedad.
En cuanto a lo expuesto por el titular de la cartera de Gobierno, a reserva del tiempo que jamás se equivoca, habrá qué decir que se apegó a los cánones de lo que debe ser una presentación de esa naturaleza. Sus cifras, contrastadas con las ofrecidas por el gobernador Manuel Velasco Coello en su Segundo Informe de Gobierno, se acoplan debidamente, lo que habla de coordinación y efectividad discursiva.
Contrario a lo que sucedió con Enrique Peña Nieto que, en su Informe dio a conocer cifras hacendarias alegres, pero ante el Congreso de la Unión, Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda, desconoció los números presidenciales y ofreció otros muy distintos y poco halagüeños, el secretario de Gobierno local, si acaso, precisó o acentuó lo que el Ejecutivo dijo en su momento.
Ramírez Aguilar subrayó la “efectiva interlocución” con los distintos actores políticos y sociales en la entidad, lo que según su perspectiva, favoreció el diálogo entre sectores que anteriormente, mantenían controversias casi irreconciliables. En ese tenor, se refirió a los conflictos interreligiosos, logrando, dice él, que en aquellas comunidades donde eran comunes las expulsiones con motivaciones religiosas, se frenara esa actividad y, desde luego, se impusieron la armonía y seguridad necesarias como para calificar el nuevo estado de las cosas, como en santa paz.
Es probable que falte mucho por hacer; más aún: falta demasiado por hacer. Dos años no son suficientes para cantar victoria. Sin embargo, hay que reconocer que se está haciendo camino y ese solo hecho, es bastante para considerar como buenos los pasos que se vienen dando, a pesar que no todos están cumpliendo con sus obligaciones.
Funcionarios hay que están traicionando la confianza puesta en ellos; alcaldes hay que están haciendo de las suyas. Por desgracia, es lo más notorio, empero se espera que, a dos años, el rumbo sea enderezado y, conociendo el sentido común y compromiso de Velasco Coello, una vez terminadas las comparecencias, destituya a quienes están dando la vuelta a la tortilla antes de echarla al comal.
Es lo sano, lo viable, lo recomendable. Es la expectativa que todos los chiapanecos tienen. Toda administración pública es perfectible. Ésta no es la excepción. No dudamos que el mandatario sabrá remover sus piezas y pondrá en los puestos donde no se ha podido avanzar como debiera, a hombres y mujeres con una visión distinta del Chiapas que quieren los ciudadanos.
Las comparecencias, independientemente de la mala fe de algunos diputados, son el mejor escaparate para que se reflejen los funcionarios y, por supuesto, la luz que habrá de guiar al gobernador hacia decisiones que fortalezcan a su administración.
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