Arcano Político

Festín de sangre en Libia, México y…

Por Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ

Ciudad de México, 17 de mar.- Prepara Muammar al Kadafi para hoy el sacrificio de los rebeldes libios en un baño de sangre ante la pasiva mirada del mundo.
El coronel de 68 años que arribó al poder el 1 de septiembre de 1969 después de una sangrienta revolución que depuso al Rey Idris I de Libia, cuando se encontraba en tratamiento médico en el extranjero. Idris fue juzgado y condenado a muerte in absentia por el nuevo gobierno, en 1971. Falleció en 1983, durante su exilio en Egipto.
Un militar que desconoce la democracia y mucho menos el respeto a los derechos humanos ya que con menos de treinta años de edad, se impuso en el mando de la Junta Militar, golpista y que para encubrir la dictadura llamaron Consejo del Mando de la Revolución.
Es más, el sanguinario hombre de armas pretende presentarse como intelectual y socialista, desde 1975 en que publicó El libro verde en tres volúmenes:
1.- La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo;
2.- La solución del problema económico: el socialismo, y
3.- El fundamento social de la Tercera Teoría Universal.
Esta obra reflejaba su visión particular de un estado, con profundo sentido de propiedad, y pretendía desmarcar a la administración libia de cualquier alineamiento internacional.
Un sentido patrimonialista, característica de los dictadores militares que se reflejaron en el culto a la personalidad del alemán Adolfo Hitler e incluso del ruso José Stalin, éste último, inspirador de Kadafi para investirse, entonces, en socialista.
Y así, proclama el 1 de marzo de 1977 la Jamahiriya (término árabe que puede traducirse como Estado de las Masas) Árabe Libia Popular y Socialista.
Aparentemente, el Congreso General Popular asume el poder legislativo y el Comité General Popular sustituyó al Consejo del Mando Revolucionario en el ejecutivo. Sin embargo, Kadafi conservó realmente el poder y se le atribuye el título honorífico de «Líder de la Revolución» o «Hermano Líder y Guía de la Revolución».
Ahora, 17 de marzo de 2011, después de 42 años de manejar a Libia como su propiedad privada, en donde los libios no le merecen la mínima consideración, sus mercenarios africanos y leales en el ejército, se preparan para el festín de sangre en Bengasi.
Desde Tobruk, nuestro compañero Juan Miguel Muñoz, periodista enviado de guerra del madrileño El País, observa a las tropas del dictador, a tiro de piedra de Bengasi, la ciudad cuna del alzamiento.
Señala que mantienen sin duda la iniciativa y bombardean las poblaciones donde aún ondea la bandera tricolor de los opositores al régimen, en evidente repliegue desde el desierto a las zonas urbanas.
Muchos expertos opinan que la guerra de guerrillas en las ciudades, al menos en la región de Cirenaica, está próxima.
Se espera un feroz bombardeo sobre Bengasi, con base al ultimátum kadafiano a los civiles, para que abandonaran la ciudad.
Pero pasadas las doce de la noche la vida en la ciudad era normal y silenciosa, según relataban varios testigos a la agencia Reuters.
Jibril al-Huweidi, doctor en el Jalaa Hospital de Bengasi, cuenta como a esa hora aún escuchaba los sonidos de las ambulancias yendo de Bengasi a Ajdabiya, “algo que no podrían hacer rápidamente si las fuerzas del mal estuvieran cerca de Bengasi”, decía a Reuters.
Sin embargo, Muamar al Kadafi se jacta en una entrevista a la televisión libanesa LBC: “Todos los lugares donde (los rebeldes) se han fortificado, están siendo ahora esterilizados con la ayuda de la población, que nos dicen donde se localizan”.
“Esterilizar”, nuevo concepto aportado por el dictador para camuflar el genocidio a un pueblo que buscaba los mínimos de libertad.
Un pueblo que evidencia la hipocresía de la comunidad internacional, que mide las ganancias y utilidades de la riqueza antes que la obligación moral de salvar de la muerte a civiles sin capacidad de huir por la miseria y saqueo padecido en 42 años del sátrapa en el poder.
En voz del embajador adjunto de Libia ante la ONU, Ibrahim Dabashi, quien cree que si la comunidad internacional no actúa rápidamente se va a producir “un verdadero genocidio en el país”, por lo que pidió ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que el organismo autorice bombardeos “quirúrgicos” contra las tropas fieles a Gadafi.
Y no, no se vota. Se pospone mediante alargamiento de discusiones diplomáticas que ponderan riesgos ganancias geoestratégicas para Rusia y China, o las acusaciones de otra guerra de rapiña de Estados Unidos, después de Afganistán e Irak.
Parece ser que los libios, poco o nada importan. Y se les abandona en su sacrificio para vergüenza, una más, de la inacción cómplice del mundo. Ya va siendo costumbre. Se ejercita cada día en el silencio y pasividad ante el holocausto palestino a manos de los judíos vengativos de los hornos crematorios que, no fueron árabes, fueron alemanes.
Más cerca, en México, la justificación internacional en la “esterilización” de luchadores sociales, periodistas y defensores de los derechos humanos con la mascarada de una guerra contra el crimen organizado, en donde los ganancioso son los Barones de la Muerte, esos productores de armas que ni siquiera se enteraron de una crisis económica internacional.
Los mismos que ganan en Libia, en el Medio Oriente, o… un rosario interminable que espanta. Y unifica a mexicanos y libios en un solo hálito: Respirar el miedo.
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