Allen Ginsberg a 100 años: reivindican su legado poético más allá del movimiento ‘beat’

Este 3 de junio se cumple el centenario natal de una voz hecha de jazz, sexo, plegarias budistas y ciudades nocturnas: Allen Ginsberg (1926-1997).

Para el poeta, traductor y periodista argentino, Esteban Moore, quien convivió con el autor de Aullido y tradujo parte de su obra al español, el núcleo del escritor estadunidense nunca estuvo en el mito beat ni en el estereotipo jipi.

“Todo eso era secundario frente a su verdadera vocación: la poesía y su fe en ella”, sostuvo en entrevista con La Jornada.

Moore conoció personalmente a Ginsberg en julio de 1990, durante un encuentro de escritores en el Instituto Naropa, sede de la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics, en Boulder, Colorado. Después de un viaje agotador con cuatro escalas, apenas acomodaba sus cosas en el departamento asignado por la universidad cuando alguien golpeó la puerta.

“Grande fue mi sorpresa al encontrarme con Allen Ginsberg para darme la bienvenida”. El poeta llevaba consigo un libro de Ed Sanders y otro de Andrei Codrescu. Se los entregó como quien comparte una lectura indispensable.

Había escuchado que preparaba una traducción de Lawrence Ferlinghetti para la Colección de Obras Representativas de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. “Mañana te lo presento”, le dijo con absoluta naturalidad. Y así ocurrió. Durante los días siguientes lo acercó a Anne Waldman y a otros escritores que circulaban por Naropa.

Conservó de Ginsberg la imagen de alguien empeñado en poner libros en las manos ajenas, recomendar autores y prolongar conversaciones hasta bien entrada la tarde. Era, a su parecer, “un hombre muy generoso en conocer no solo su obra, sino la de aquellos que consideraba relevantes”.

En una de esas conversaciones, Ginsberg quiso saber si conocía traducciones de su trabajo al castellano. El autor argentino respondió que apenas había leído la antología publicada por Penguin Books junto a Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, “las otras dos almas del movimiento beat”.

A la mañana siguiente encontró un sobre frente al departamento. Dentro estaba White Shroud, Poems 1980-1985, dedicado e ilustrado por el propio Ginsberg con un dibujo cercano a un dragón o un monstruo indefinido coronado por un sexo desproporcionado.

Moore regresó a esa escena porque buena parte de las lecturas alrededor de Ginsberg terminaron reducidas al flower power, la protesta antibélica o la imagen del gurú beat.

Aunque su figura quedó ligada a las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y la defensa de los derechos civiles, sostuvo que en el centro de todo permanecía el poeta. “Muchos utilizan esas facetas para que les sean funcionales a sus propias agendas, pero él tenía una fe absoluta en la poesía”.

La fuerza de Aullido (1956), explicó, nunca estuvo en el escándalo, sino en “su estructura rítmica, las imágenes y la oralidad que Ginsberg llamaba la lengua vernácula de su país”.

A ello se sumaron dos ideas que el escritor tomó como brújula para su obra. La primera provenía de William Carlos Williams: “Ninguna idea, solo en las cosas”. La segunda nacía de una frase de su maestro budista Chögyam Trungpa Rinpoche: “Primer pensamiento, mejor pensamiento”.

Mientras trabajaba en la traducción de Aullido para Alción Editora, publicada en 2012, Esteban Moore mantuvo correspondencia con Ferlinghetti, quien le dejó una observación decisiva. “Los términos ‘poético’ y ‘poéticamente’ son malas palabras; deben evitarse”. Después persistió una frase que todavía conservó como guía para acercarse a Ginsberg: “Lo concreto es lo más poético”.

Aquellas palabras acompañaron todo el proceso de traducción. Optó por el castellano voseado del Río de la Plata para trasladar aquella oralidad. No quería una lengua rígida ni neutral, sino una lengua capaz de sostener el ritmo del poema. “Usé mi propia lengua coloquial”, resumió.

Después regresó a una frase de Jorge Luis Borges que lo acompañó durante esos años: “El lenguaje es acción, vida, tiempo presente”.
Texto que respira

El reto principal consistió en conservar la respiración interna del texto. Para ello volvió a Walt Whitman y Ezra Pound en inglés, autores que le ayudaron a comprender el modo en que Ginsberg organizaba sus versos.

El poema acumuló jazz, deseo, locura, crítica social y plegarias budistas sin perder respiración. El escritor estadunidense comparaba la estructura del poema con una letrina de ladrillos: parte por parte, línea por línea. Según Esteban Moore, “el ritmo nace de un vértice superior y se expande hacia la base aunándose con la respiración de la voz poética”.

Dentro de Naropa, Ginsberg prefirió largas conversaciones antes que clases solemnes. Hablaba con pasión sobre autores admirados, incluso aquellos que no compartían su visión de la poesía. Moore recordó que transmitía la necesidad de leer a los clásicos y también a sus contemporáneos generacionales.

Con el paso de los años, el argentino continuó difundiendo poemas y traducciones de Ginsberg en su blog Al pial de la palabra. Lo hizo porque consideró que su obra todavía necesitaba nuevas miradas. “Hay quienes solo leen narrativa y otros que no leen y se les nota”, advirtió.

“Fue uno de los poetas que establecen el tono definitivo de la poesía estadunidense”. En sus versos todavía resuenan “la vida, el amor, la muerte y las atrocidades que produce el hombre”.

Entre las principales celebraciones por el centenario de Allen Ginsberg figura el homenaje que The Poetry Project realizará en Nueva York el mismo día de la conmemoración, con lecturas, música y proyecciones de archivo en el santuario de la iglesia de San Marcos, donde participarán figuras cercanas a la tradición beat como Ed Sanders, Bob Rosenthal, David Amram y Anne Waldman.

 

Con información de LA JORNADA

¡Comparte la nota!