Miguel Alemán V.
El estilo de un mandatario es la muestra de sus capacidades y el escudo de sus limitaciones. La semana pasada el presidente Calderón visitó varios países de Europa, mostrando en ese viaje distintas facetas de su “estilo personal” , algunas de las cuales considero interesante comentar.
Observamos que en el tema de las relaciones Iglesia-Estado coincidieron dos asuntos, uno familiar y otro gubernamental. Para muchos fue positivo que la familia del Presidente no viajara en esta ocasión en aviones oficiales, aspecto que por razones de seguridad quizá deje de ser recomendable en el futuro, pero que como elemento distintivo de su gestión define claramente la separación entre sus creencias personales y su responsabilidad republicana.
Tanto los temas de la agenda como la actitud del primer mandatario demuestran su alto sentido de responsabilidad en el cargo que desempeña. Se observó también una actitud que refresca la relación diplomática con el viejo continente.
En síntesis, en Roma la diplomacia fue espiritual; con el actual gobierno francés se presentan coincidencias en el plano ideológico; y con Alemania se identifican valiosas oportunidades económicas.
Hay atisbos de la búsqueda de nuevos equilibrios en la política exterior de México, en los que Europa sea un contrapeso útil en las delicadas relaciones entre México y Estados Unidos. Desde allá el presidente Calderón declaró la necesidad de que Estados Unidos haga su parte y apoye a México en la lucha contra el crimen organizado, mediante mayor colaboración y la reducción de la venta de armas y la insistencia en la aprobación de la reforma migratoria en el Congreso estadounidense.
En el plano multilateral quedó registrado el debut de México como integrante del grupo denominado Bricsam (Brasil, India, China Sudáfrica y México) en calidad de observador en la reunión del G-8. Esta valiosa membresía dará a México ventajas y oportunidades para encontrar aliados estratégicos en la industria, los servicios y el comercio.
Un aspecto relevante para la política interna de nuestro país fue la estructura de la comitiva presidencial. Lo acompañó un grupo reducido de funcionarios y destaca la presencia de los dirigentes de todos los partidos políticos.
Nos inclinamos a pensar que, dado el estrecho margen de la elección presidencial, la presencia de los partidos proporcionó a Calderón el mosaico de posiciones políticas que representan, transmitiendo así un mensaje de unidad.
Por su parte, los dirigentes de las fuerzas políticas pudieron conocer de primera mano el interés acerca del futuro del país, en especial en las tan traídas y llevadas reformas estructurales sobre los temas de la energía, el mercado laboral y el sistema fiscal.
Es interesante pensar que tal vez el presidente Calderón invitó a los presidentes de los partidos para dar los primeros pasos hacia la transformación de un México más parlamentario y menos presidencialista; hacia un país con un sistema político y democrático al estilo europeo.
Un sistema más eficiente de representación política y de decisión gubernamental, mismo que, desde el inicio de su campaña, el presidente Calderón venía mencionando, conformado a través de un gobierno de coalición y de alianzas. Si ese fue el objetivo, para muchos de los observadores y para quienes vemos el tema con entusiasmo, este podría ser uno de los mejores resultados de su viaje.
Riqui ran.
¿Bric-sam se traducirá del inglés como los ladrillos del Tío Sam o como los maderos de San Juan?
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Político, escritor y periodista
