ACOSO TEXTUAL

Paco Andrade

No exagero, estimado lector, cuando defino como histórico el encuentro que sostuvieron el presidente de la República Enrique Peña Nieto y el gobernador de Chiapas Manuel Velasco Coello.

En el pasado reciente de nuestra entidad no hay registro de una relación tan cercana y estrecha como la que sostienen ambos mandatarios y que, como prueban los resultados de su reunión en Palacio Nacional, va más allá de los reflectores y las declaraciones vistosas.

Lo que salió del viejo Palacio desde el que se han gobernado los destinos de México desde hace muchos siglos, fue una agenda común en la que se establecen con claridad las tareas que los gobiernos Federal y Estatal, con la suma de los 122 ayuntamientos de Chiapas, van a realizar en beneficio de las y los chiapanecos en materia de salud, educación de calidad, infraestructura básica, fomento económico, empleo, campo, seguridad y protección del medio ambiente.

Esa agenda es la síntesis y la suma de las coincidencias entre los planes Nacional y Estatal de Desarrollo, cuya formulación demuestra la convicción democrática de Peña Nieto y de Velasco Coello, quienes incorporaron a sus cartas de navegación la opinión de miles de personas de Chiapas y de México.

Ahí se establecen metas claras y medibles, que alientan esperanzas hasta en los más escépticos, pues se basan en un análisis claro y riguroso de nuestra realidad que permite dirigir tiros de precisión hacia los problemas que más urge resolver.

Peña Nieto y Velasco Coello saben sumar. El presidente Peña Nieto lo ha hecho con los principales partidos nacionales para integrar el Pacto por México. El gobernador lo hace a diario con todas y todos los chiapanecos, pues gobierna cerca de la gente y camina para reunir las fuerzas que van a lograr la grandeza de Chiapas. Ambos son gobernantes que buscan la transformación de Chiapas y de México, pues cuando avanza Chiapas avanza México.

Han sido ya varios los momentos en que se encuentran el presidente de la República y el gobernador chiapaneco: En las Margaritas y en Navenchauc, municipio de Zinacantán, en donde se anunció e iniciaron las acciones de la Cruzada Nacional contra el Hambre.

En la primera reunión de 2013 de la CONAGO, en Chihuahua; en la conmemoración de la ley agraria de 1915, en Veracruz y en Palacio Nacional, como en esta reciente reunión en donde se selló el compromiso -que comenzó desde el primer día de sus administraciones- de trabajar unidos por Chiapas y por México.

El éxito del gobierno de Peña Nieto se va a medir con lo que logre en Chiapas, pues seguimos en la franja de los estados más pobres y con mayores rezagos. Si al final de su gobierno y del gobierno de Manuel Velasco cambió Chiapas, México habrá ganado. Así que hoy creemos en el llamado de nuestros mandatarios, pues representa lo que siempre hemos soñado las y los chiapanecos, que nuestro estado alcance el nivel de vida que merece, que conserve para las generaciones futuras su riqueza natural y que se desarrolle todo el potencial de nuestra gente porque recibió una educación a la altura del siglo XXI.

Cuando Chiapas y el resto de los estados más pobres superen esa condición, México habrá cerrado un ciclo, pues llevará el desarrollo a aquellas regiones de donde surgieron sus civilizaciones más antiguas: Los mayas, los olmecas, los mixtecos y los zapotecos, cuyos hijos heredaron de la colonia la segregación y la pobreza y que ahora volverán a surgir con toda la riqueza de sus lenguas, de sus saberes tradicionales y de su resistencia secular.

Por eso la alianza que han forjado el Presidente Peña Nieto y el Gobernador Velasco Coello en su reunión de Palacio Nacional puede ser calificada como histórica.

ESCUCHE
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