Fernando Ortiz Proal
La contienda electoral por la gubernatura de Yucatán resultó menos cerrada de lo que se esperaba. Los resultados preeliminares otorgan a Ivonne Ortega del PRI una incuestionable ventaja de aproximadamente siete puntos sobre Xavier Abreu del PAN. Según información disponible en la página electrónica del Instituto Electoral del Estado de Yucatán (IEEY), el PRI obtiene 313 mil votos y el PAN 270 mil, por lo que la diferencia con la que el tricolor recupera el gobierno peninsular es de 43 mil votos.
Esto es significativo si se considera que en 2001 la diferencia entre los votos que llevaron al PAN a imponerse por vez primera al PRI en Yucatán y ubicaron a Patricio Patrón en el Palacio de Gobierno fue de tan solo 21 mil votos, esto es, la mitad de la distancia que se dio en la elección del pasado domingo.
¿Qué pasó en Yucatán? ¿Por qué al PAN solamente le duró un sexenio el gusto de gobernar a los yucatecos? Como sucede en todo acontecimiento político-electoral relevante, nunca hay una razón en particular sino una multiplicidad de factores que lo explican. En nuestra opinión los condimentos dominantes en la derrota albiazul fueron: (1) el mal desempeño de la administración de Patrón Laviada, aderezado con los escándalos de fraternales abusos; (2) la despótica imposición de la candidatura de Xavier Abreu, a quien la ciudadanía vio como un candidato rancio y confiado que realizó una hermética y mal planeada campaña; y (3) la sorpresa de Ivonne Ortega, una mujer joven que resultó una excelente candidata y llevó a cabo una campaña intensa e inteligente.
Yucatán había sido un importante bastión panista. Una entidad muy significativa ideológica y electoralmente hablando para el panismo. La alcaldía meridiana se pintó de azul en 1991 con el emblemático Víctor Correa Rachó, por lo que fue uno de los primeros éxitos electorales albiazules. Se trata de la tierra de Carlos Castillo Peraza, impulsor y mentor político de Felipe Calderón. Y desde Mérida se operaban las estrategias de expansión del PAN en todo el sureste mexicano. Era pues una plaza clave que es difícil determinar si fue arrebatada o bien se dejó ir.
Paralelamente a las causas los efectos de esta derrota también son múltiples. Después del desastre electoral de la elección federal, para el PRI se trata de una verdadera inyección de oxígeno. Todos se quieren subir al tren de la victoria, incluso el cinicazo de Roberto Madrazo señaló en una entrevista radiofónica que siempre apoyó a Ivonne Ortega.
Ahora lo interesante será que Beatriz Paredes asuma con analítica humildad esta victoria y se convenza de que el secreto está en las caras nuevas y en la gente joven. Y es que, dicho sea de paso, gran desilusión causó la designación del “nuevo” CEN tricolor. ¿Qué tiene de nuevo? Son los mismos de siempre. Si hasta dicen que a Beatriz Paredes le van a dar el premio ECOCE porque recicla todo.
En el PAN la pérdida del gobierno yucateco desató otra incomprensible reacción de su líder nacional. Digamos que generó otro clásico de Manuel Espino para la prosperidad política. En esta ocasión el camaleónico dirigente se negó a asumir su evidente responsabilidad en la derrota, y ejerció el noble arte de derramar culpas sobre los demás. Su desplante fue tan virulento que su veneno llegó hasta Los Pinos, donde absurdamente escupió para arriba reclamando que se hubiese operado sin coordinación con la dirigencia nacional. Por lo pronto ya metió otra vez a Felipe Calderón en un embrollo político.
Por qué le costará tanto trabajo entender a Espino que en prácticamente todo el mundo, y México no es la excepción, los partidos políticos no sabotean sino que de hecho respaldan a quienes llevan a los máximos cargos públicos. Ojalá y alguien le explique con manzanitas que el nuestro es un sistema comicial de partidos políticos. Que a lo largo de las últimas décadas las diversas reformas electorales han tenido como propósito fortalecer el régimen de partidos.
Además, que la calidad de dirigente conlleva la responsabilidad del éxito o fracaso de los procesos electorales que se desarrollan durante su gestión. Consecuentemente, que las dirigencias a todos los niveles no pueden pretender ignorar su responsabilidad en las derrotas como tampoco permitir que se les regatee su aportación a las victorias.
Y en contraparte, valga aquí un reconocimiento al joven Nerio Torres, presidente del PRI en Yucatán, quien supo conducirse y conducir al tricolor con capacidad y madurez.
ferortiz@consultoreslegislativos.com
Abogado, profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM
