Uso de la fuerza

Ernesto López Portillo

¿Para qué se entrega a la policía el poder de usar la fuerza? La respuesta a esta pregunta es la esencia misma de la función policial. En nuestro medio domina la idea de que la policía usa la fuerza para garantizar el orden público. Y en principio no habría desacuerdo; sin embargo, el problema está en que el orden público es un concepto ambiguo que cada quien llena con lo primero que se le ocurre, convirtiéndose así en un peligroso instrumento. En España, el Constituyente de 1979 eliminó este concepto como objetivo de la policía precisamente porque en el régimen de Franco fue utilizado como bandera represiva dictatorial. La nueva fórmula de ese país fue ordenar a la policía la salvaguarda del ejercicio de los derechos y libertades, mandato que catapultó a la policía española hacia su reforma democrática hasta llegar en el año 2000 al primer lugar de credibilidad pública.
En México aún no se han realizado los estudios empíricos suficientes para caracterizar la forma como la policía usa la fuerza, si bien los indicios permiten afirmar que en términos generales ese poder está gobernado por la oportunidad política y la intuición. Se usa la fuerza a mayor escala en contextos políticos particulares, mientras que cada policía la emplea principalmente orientado por criterios formados en la calle. Además, sabemos bien que el control institucional del uso de la fuerza no ha llegado a nuestras policías; de hecho, jamás he escuchado a policía alguno en este país afirmar que cuenta con la orientación y protección suficiente para usar la fuerza.

Ahora bien, detrás de la ausencia de la plataforma jurídica, institucional y técnica para que la policía use la fuerza adecuadamente, está una decisión política. Poderes legislativos y ejecutivos de todos los niveles se alinean en acciones y omisiones que garantizan la salida de la policía a la calle sin los recursos mínimos suficientes para usar la fuerza de manera oportuna, necesaria y proporcional. El primero en riesgo es el policía mismo, luego todos nosotros. Y ahí están otra vez las escenas y los relatos desde Oaxaca, donde la policía local, según relatos del periódico Reforma, usó la fuerza como medio de venganza y fuera de controles profesionales mínimos.

Tal cual sucedió en Atenco, la consigna parece ser “golpeen más, a ver si así aprenden”. Estamos donde los estudios ubican a las policías de otros países en los sesenta del siglo pasado. Muchos de nuestros policías “salen a cazar” protegidos por la incompetencia política que sigue usando a las corporaciones como brazos armados de la política misma. De nada sirve que centenas de reportes circulando por el mundo presenten evidencia de que la policía es mucho más eficaz cuando sabe usar la fuerza. Pero además nuestros gobiernos se autodenominan democráticos cuando de ellos dependen cuerpos policiales que no tienen las contenciones mínimas necesarias para no poner en riesgo los derechos democráticos fundamentales.

Las normas, los estándares, procedimientos, protocolos y manuales, los formatos de registro, esquemas de revisión y mecanismos de análisis, así como la metodología para la identificación de patrones, el aprendizaje y perfeccionamiento están disponibles a lo largo del mundo. Por ahora, aquí el riesgo es para todos y las consecuencias son diarias.

Director Ejecutivo del Instituto para la Seguridad y la Democracia, A.C.

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