Macario Schettino
Seguiré insistiendo en que México no podrá competir globalmente mientras no nos hagamos responsables de financiar adecuadamente el estado de bienestar que nos hemos obligado a tener. Tener educación, salud, seguridad de calidad implica pagarlas, y no son baratas. México debería gastar, por su tamaño y por estas obligaciones, cerca del 40% del PIB a través del gobierno, no el 25% que apenas arañamos. Y hacerlo sanamente exigiría una recaudación de entre 25 y 30% del PIB, es decir, el triple de la actual.
Es claro que no se puede pasar de la miserable recaudación de 10% del PIB que hoy tenemos a las cifras que le menciono. Pero también debe ser claro que los discursos de los políticos son mentiras que buscan el aplauso de hoy, y el voto de mañana, y después que pague el que pueda.
La propuesta de reforma fiscal que envía el Ejecutivo al Congreso no intenta triplicar la recaudación, sino apenas incrementarla en 30% en el transcurso de 5 años. Claro que si vemos hacia atrás, ese 30% no es despreciable. México lleva 25 años recaudando poco menos del 10% del PIB, y antes de ello, estuvo 15 años con una recaudación de 7%. Y lo mismo ocurre frente al corto plazo. En los próximos cinco años, entre los incrementos obligados en el gasto público por mayor pago de pensiones y pidiregas y la caída en ingresos petroleros por menor producción, perderemos exactamente 3% del PIB (según Hacienda, yo creo que es peor). Es decir que si la reforma que propone el Presidente se aprueba y funciona como se espera, lo que tenemos es unos años más de vida. Sin este incremento en la recaudación, no habrá para pagar sueldos en el gobierno para 2010. No es broma.
Pero mientras que todo mundo acepta que es necesario recaudar más, nadie quiere ser el pagano. La voluntad de dios en los bueyes del compadre, como dice el refrán. Los empresarios no quieren más impuestos al ingreso, y los políticos no quieren más impuestos al consumo. Ambos defienden sus intereses, los primeros su riqueza y los segundos su poder. No caiga usted en confusiones, que aquí nadie es bueno. No puedo extenderme en este espacio acerca de las cuestiones técnicas, que cubriré en la sección financiera, así que le ofrezco pinceladas gruesas de lo que significa la reforma.
El gobierno propone cuatro cosas: que van a gastar mejor, que los estados van a hacerse responsables de parte de sus ingresos, que recaudarán mejor y que enfrentarán a la evasión. Las dos primeras ofertas son bienvenidas, aunque no sean nada sencillas de cumplir. En particular, que los gobiernos estatales trabajen sería milagroso: el 90% de sus ingresos lo aporta la federación. Lo que se propone es que ellos empiecen a recaudar, y que dejen de vivir de gorra. Ojalá así sea, y ojalá que efectivamente se proceda a auditar el mundo de dinero que va a estados y municipios sin resultados a la vista.
Las otras dos partes, mejor recaudación y combate a la evasión, se harán a través de dos impuestos nuevos. Uno, dirigido a la informalidad, consiste en el cobro de 2% sobre los depósitos en efectivo que se hagan en bancos, cuando los depósitos superen los 20 mil pesos al mes. Este impuesto podrá acreditarse contra los que paga una persona o empresa, por lo que quienes ya son contribuyentes no tendrán problema. Quienes no lo son, tendrán que pagarlo o convertirse en contribuyentes. Es decir, la base se amplía, para los que siempre piden esto.
El otro impuesto, contribución empresarial a tasa única, CETU, es muy interesante. Es un impuesto “plano” que se cobra de manera sustitutiva al impuesto sobre la renta, con lo que, sin modificar la legislación del ISR, de golpe se borran todas las exenciones y privilegios que éste tiene. En consecuencia, verá usted legiones de empresarios quejándose. Pero ya les tocaba pagar.
Como también tocaría pagar a todos los demás, a través de un impuesto al consumo que no hemos podido corregir porque funcionarios ineptos y políticos y opinadores demagogos lo han impedido. Si la reforma que hoy se discute funciona, en el futuro cercano habrá que entrarle al IVA. Y entonces sí, iremos a una reforma integral.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
