Esteban Moctezuma Barragán
Surgió un escándalo en Estados Unidos sobre la seguridad de consumir alimentos chinos.
¿Y sabe usted qué medida tomaron las autoridades del país asiático en contra del ex funcionario responsable de la Agencia China de Administración de Alimentos y Fármacos que promovía la utilización de químicos para “mejorar” la apariencia de los alimentos y que resultaron tóxicos? Aunque usted no lo crea, ¡lo ejecutaron por corrupción!
El señor Zheng Xiaoyu fue ejecutado por cometer “crímenes viles y por haber causado un daño extremo a la sociedad”, según USA Today.
También en Estados Unidos se están tomando medidas drásticas. En primer lugar, se lleva a cabo una intensa campaña en contra del consumo de alimentos provenientes de China. Esta publicidad negativa ya está causando un rechazo generalizado a esos productos.
¿Y eso en qué nos afecta a los mexicanos? En más de lo que creemos y esperamos.
En tres meses se pueden desplomar las exportaciones agropecuarias de México a EU, ya que la información aparentemente preventiva que se maneja en ese país sobre la compra cuidadosa de alimentos se orienta a consumir sólo productos estadounidenses, lo que afectará la demanda de productos mexicanos, con el consiguiente golpe a nuestros campesinos y agricultores.
El problema es muy grave, ya que otra de las medidas que se aplicarán por nuestros vecinos del norte para proteger a los consumidores estadounidenses es la de exigir que todos los productos cuenten con una “etiqueta” en donde se especifique la procedencia de cada uno de los alimentos que se ofrezcan al público.
Esto parecería razonable para el consumidor, pero es una clara oportunidad para los productores estadounidenses de promover una imagen distorsionada de cualquier producto que provenga del exterior y que ellos produzcan en su territorio, provocando que los negocios o personas en Estados Unidos, antes que elegir una fruta por su calidad, color, olor, consistencia, lo hagan prejuiciados por el país productor, buscando consumir sólo productos de la nación del norte.
Obviamente, se discriminarán los productos extranjeros, empezando por los chinos, pero afectándonos a todos los demás países productores, en especial a México por su enorme presencia en dicho mercado.
Esa “etiqueta” provocará que, por razones ajenas a la calidad, nuestras exportaciones se desplomen “de la noche a la mañana” y esto iniciará el próximo 30 de septiembre.
Los primeros productos afectados son: las frutas, la carne bovina, porcina, de cordero, los cacahuates y las legumbres.
El resultado de todo aquello es que, según Gallup, hoy 83% de los consumidores estadounidenses sospechan de los productos chinos, pero en un efecto lineal y desinformado, 61% de los consumidores se preocupan por alimentos procedentes de México.
Además de exigir conocer el origen de los productos, en la “etiqueta” también se deberá informar cómo fueron producidos, lo que puede generar una competencia sustentada en intereses comerciales, no sólo sanitarios, del país comprador en desventaja del oferente. Ya sucedió a México con el atún y el aguacate.
A este nuevo problema se suma que en 2008 se libera la importación de productos agropecuarios en el TLC, lo que puede significar para el campo mexicano la caída simultánea, tanto del mercado externo, como del interno, por la nueva competencia.
El panorama objetivo es que vamos a tener un delicado 2008.
El gobierno federal debe tomar previsiones tanto de política social, como agropecuaria, para no verse “sorprendido” por fenómenos como el de principios de 2007, con el súbito incremento en los precios internacionales del maíz y de la tortilla.
El bienestar en el campo es tema obligado en la agenda nacional. ¿No cree usted?
Presidente de Fundación Azteca
