Rodolfo Tuirán
La propuesta de reforma migratoria en la Unión Americana sigue viva. Los líderes del Senado acordaron sacar la iniciativa de ley del limbo legislativo y someterla otra vez a consideración del Pleno a más tardar la semana próxima. Este nuevo intento será el último en la Cámara Alta durante el presente año. Si fracasa, no será hasta dentro de dos años cuando el calendario político permita reanudar el trabajo legislativo sobre este complejo y espinoso asunto.
Los líderes del Senado determinaron -como parte del acuerdo- reducir de manera significativa (de casi 300 a sólo 22) el número de proyectos de enmienda que podrá ser votado en el pleno, lo que desbroza el camino para impedir que los legisladores busquen bloquear la votación final o prolonguen el debate innecesariamente.
El resurgimiento de la propuesta de ley no supone de manera alguna que su aprobación esté garantizada. La coalición que impulsa la reforma migratoria (un grupo reducido de senadores demócratas y republicanos respaldados por la Casa Blanca) está realizando intensas negociaciones tanto para obtener el apoyo del mayor número posible de legisladores, como para cuidar que los proyectos de enmienda no pongan en riesgo la integridad de la iniciativa de ley o minen alguno de sus pilares.
Sin embargo, son muchos los factores que podrían descarrilar la propuesta de reforma migratoria. La fragilidad de la alianza que sostiene esta iniciativa es uno de ellos. Recuérdese que ésta resulta de un complejo y dinámico equilibrio de fuerzas e intereses en competencia. Sus promotores han buscado ganar el centro del espectro político y ofrecer a los extremos algunas vías de solución para sumarlos al acuerdo. Sin embargo, son muchas las dificultades que enfrenta esta propuesta de ley en un contexto político polarizado. No debe olvidarse, por ejemplo, que mientras los liberales están a favor de un programa generoso de regularización, los conservadores se oponen tajantemente a éste. De la misma forma, mientras los empleadores desean un programa amplio de trabajadores temporales, los sindicatos buscan reducirlo o aniquilarlo a toda costa. La alianza entre todos estos intereses divergentes resulta posible si y sólo si cada quien obtiene lo que (mínimamente) desea y permite que los demás obtengan lo que (mínimamente) quieren. Sin embargo, siempre existe el riesgo de que la aprobación de cualquier enmienda relevante altere el precario equilibrio logrado y ponga la alianza en entredicho.
El mermado liderazgo de Bush tampoco ayuda mucho para impulsar la aprobación de la propuesta. Al presidente se le percibe muy débil, sin poder ni capital político. Sus índices de aprobación alcanzaron el mes pasado el nivel más bajo de toda su gestión (28%) y su caída está ensombreciendo las posibilidades de éxito del partido republicano en las próximas elecciones de noviembre de 2008. En este contexto, muchos dudan que el presidente tenga el liderazgo que se necesita para renovar el actual sistema de inmigración de Estados Unidos.
Recuérdese que Bush no ha podido convencer a la mayoría de los legisladores de su propio partido de las ventajas de esta iniciativa e incluso muchos de ellos han buscado distanciarse públicamente de él por temor a alejar a su clientela electoral tradicional. Si el presidente no logra obtener el apoyo de por lo menos una tercera parte de los senadores republicanos, será prácticamente imposible contar con el número suficiente de votos para aprobar la reforma migratoria. Está por verse si de algo sirvió el esfuerzo desplegado por Bush la semana pasada para convencer a los legisladores de su partido.
Millones de personas en México, Latinoamérica y otras regiones estárán atentas a la suerte de la reforma migratoria. De prevalecer el status quo, se habrá desperdiciado una valiosa oportunidad para recomponer el desastroso sistema de migración estadounidense. En contraste, de aprobarse con todo y sus imperfecciones, la ley podría cambiar la vida de millones de personas al permitirles salir de las sombras o evitarles la clandestinidad.
r_tuiran@yahoo.com.mx
Economista, demógrafo, sociólogo
y subsecretario de Educación Superior, SEP
