TUBO DE NESAYO

*Uno es el que dice

René delios

Lo legítimo se refiere a aquello que es auténtico, genuino, verdadero y que no es falso, todo ello según las leyes. Es decir, la legitimidad de algo no es una cuestión de opiniones o de apreciaciones personales, sino que está vinculado directamente con lo que regula el proceder de la sociedad en general y de los ciudadanos en particular: Las leyes. Entonces, a partir de lo que establece la ley se determina la legitimidad o no de algo.
La molestia, inconformidad y revuelo que ha causado la determinación del Instituto Federal Electoral, de ordenar a los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y del Trabajo (PT) retirar de sus promociónales en radio y televisión la leyenda “presidente legítimo” al referirse al ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, es una manifestación más del menosprecio a las leyes y a las instituciones o bien, una evidencia de ignorancia.
Las casi cuatro horas de debate, en las que los miembros del PRD y del PT se afanaron en oponer resistencia a la decisión del Consejo General del IFE, en la que argumentaron los alcances y límites de la libertad de expresión, no sirvió más que para que la autoridad electoral confirmara su decisión y los afectados dieran rienda suelta a su práctica acostumbrada de ir en contra de todo, incluyendo en contra del sentido común.
Es así porque cualquier persona que tenga el mínimo sentido común, está claro que llamar “presidente espurio” a quien las autoridades electorales, en un marco de absoluta libertad y autonomía, le reconocieron su triunfo en las urnas, es un insulto no sólo a la persona, sino a nuestro sistema democrático y a la nación.
Lo mismo sucede con la ocurrencia de llamar “presidente legítimo” a quien las mismas autoridades electorales le reconocieron su apretada pero al fin y al cabo, derrota en las urnas.
Es cierto, después de una larga campaña a manos de perredistas y petistas, ambos partidos lograron posicionar en la opinión pública el término de “presidente legítimo”, tuvieron, por así decirlo, un mediano triunfo mercadológico, pero ello a costa de lastimar a las instituciones y al propio sistema democrático; en todo caso se trata, pues, de un “triunfo” en contra de la legalidad, de un “triunfo” pírrico.
Por otra parte, las sanciones económicas que el IFE aplicó de 430 mil pesos al PRD y de 301 mil pesos al PT, por haber incluido la expresión de “presidente legítimo en sus mensajes radiofónicos y televisivos, es algo que, visto está, resulta incompresible para las dirigencias de ambos partidos, por la sencilla razón de que para ellos las instituciones, las leyes y los conceptos de orden y respeto, no existen cuando no coinciden con su particular forma de pensar y de entender el ejercicio de la política y el trabajo partidario.
A fin de cuentas, cuando no obtienen el poder, ven a las leyes y a las instituciones como sus enemigos.
En adelante, seguramente los mercadólogos de perredistas y petistas se darán a la tarea de acuñar nuevos conceptos para tratar de posicionarlos en la opinión pública.
Aunque lo que inicialmente deberían de hacer, es revisar si su creatividad y talento no deberían de aprovecharse y orientarse a la consolidación de nuestra democracia, para que todos los mexicanos aunque pertenezcamos o simpaticemos con diferentes partidos políticos, tomemos conciencia de que el devenir de una nación trasciende con mucho a personas y a partidos, que la búsqueda del poder sólo es legítima, cuando lo que busca es el bien común de la sociedad y cuando dicho afán se ajusta a las leyes y a las instituciones que las formulan y las aplican.
En todo esto el IFE, a fin de cuentas, lo único que ha hecho es legitimar lo que de suyo ya era legítimo y sancionar lo que siempre ha sido y es pirata.

Envío
¡Lrráinzar: cumplimiento y paz!

¡Comparte la nota!