TUBO DE ENSAYO

René Delios

*La escuela es mi abuela

Dejando A un lado las cosas electorales ya definidas, salvo determinaciones en primera y segunda instancia en los tribunales electorales del estado y la federación en caso de impugnaciones, hay otros temas que son imperantes en el tema estatal y nacional, porque inciden como las elecciones, en su vida cotidiana y su futuro inmediato.Así, la cuetión educativa sigue pendiente, latente por los fundamentalismos instruidos en la SEP, y por los revanchismos estériles en la Secretaría de Educación chiapaneca.

La escuela es “abuela de su sombra” o el aula es “el recinto donde duerme el aura”, por parodiar a Sabines y a Garduño; “engarbando ahí el suspiro” como dijera Quincho a éste escribidor de bodrios, una tarde de tragos prolongados en El Garabato.

Y es que resulta que la otrora secretaria de desarrollo social de Fox, Josefina Vázquez Mota, hoy secretaria de Educación Pública, insiste en el cargo con su encargo, y se niega a hablarle duro al señor Agustín Carstens, el secretario de hacienda, quien debe hacer a un lado su fundamentalismo fondomonetarista y aterriza en la lacerante realidad de un país al que los tecnócratas, encabezados por Pedro Aspe Armella -otrora-, ofrecieron llevar al primer mundo y acabar con la pobreza mediante pronasolianos programas.

(No hay que dejarlos; de reducirse el presupuesto educativo para 2008 como lo hicieron en 2007, su impacto se multiplica en entidades como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, en ese orden).

Pero, por lo que se puede apreciar, Vázquez Mota no tiene los arrestos de Xóchitl Gálvez para encarar a Carstens, encabritarse y mandar al diablo a Hacienda por el recorte de recursos en el renglón educativo. La secretaria se ha lavado las manos y les ha dicho a los rectores de las universidades públicas que canalicen sus propuestas directamente a Hacienda, y en el caso de Chiapas, con cuatro universidades en proyecto para la presente administración ¿qué?

Han transcurrido ya 18 años desde que Carlos Salinas y su gabinete económico impusieron el actual modelito -en realidad suman ya 24 años, si contamos los seis de la administración de Miguel de la Madrid- los mexicanos no la vemos llegar. Vamos de crisis en crisis y de recortes en recortes; la economía no crece o lo hace de modo insuficiente; buena parte de las pequeñas y medianas empresas operan con números rojos; hay flaca generación de empleos; los salarios permanecen deprimidos; aumenta geométricamente el número de emigrantes; la pobreza lejos de disminuir, aumenta. ¡Ah!, pero eso sí, la macroeconomía está en orden, ¿Y? ¡Ya no mamen!

En los ochenta (Léase: “la década perdida”) fueron la crisis de la deuda, el desplome de los precios petroleros y los excesos del populismo los que nos llevaron a pique. Llegaron Salinas de Gortari y sus “muchachos” a salvar el país y a mediados de los noventa nos estalló el “error de diciembre” y sobrevino el desastre financiero con su secuela de suicidios, depresión de los niveles de bienestar y pérdidas de patrimonio de millones de mexicanos. No había “populistas” a la vista y el prócer de Agualeguas achacó la calamidad a la impericia del campeón del libre mercado y la globalización, Ernesto Zedillo Ponce de León, quien a su vez logró enderezar el barco con un Fobaproa como salvavidas con cargo al presupuesto y 60 años de plazo para salir del hoyo.

Llegó Vicente Fox y nos vendió su mundo maravilloso, y cuando se fue dijo heredarle a Felipe Calderón Hinojosa una economía pujante y en crecimiento; importantes excedentes petroleros que, ahora se sabe, se esfumaron; finanzas públicas sanas, e inversión extranjera directa a la alza, esto es, un cambio de gobierno en inmejorables condiciones que remataba con “lo mejor está por llegar”. Y lo peor llegó: un gasolinaza en ciernes que, aunque detenido, es inminente: no hay dinero para salvar PEMEX; lo tienen que hacer -nuevamente- los mexicanos.

El paso de Fox por la presidencia fue una pachanga; todo él fue megalomanía, y su trabajo puro bloff.

Para el ni la educación y ni la cultura fueron importantes, cuando es lo valioso, lo crucial para México.

Con Calderón no se ve claro; es inculto éste hombre. No refiere para nada a los creadores, a los artistas, a los grandes maestros de México. Es un neoliberal que prioriza lo fiscal a lo fundamental que es fomentar la cultura del pueblo, y con ello su identidad de nación soberana.

Pero como eso es precisamente lo contrario a lo que busca con la apertura, pues no. La educación, igualadora, integradora e integral, queda para después, y con ello muchas oportunidades para ciudadanos de muchos, pero muchos estados de la república, cuyos índices escolares oscilan en cuarto año de primaria, aun versos de que andamos -en el caso de Chiapas- por sexto en educación básica ante la media nacional.

¡Qué aliciente!

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!.

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