TUBO DE ENSAYO

*Los asomados

René Delios

Y de pronto, en la escenografía chiapaneca, un grupo de diecinueve personas se declaró en una momentánea huelga de hambre para exigir según esto, la libertad de noventa personas –que son un chingo-, aprehendidas durante los gobiernos de Pablo Salazar y Roberto Albores, anexo –off course- la solución de demandas agrarias y de viviendas en momentos en que el gobierno vive en austeridad, por causas aun no descritas.
Obvio es que el Gobierno –como si habláramos de un ente abstracto- se comprometió a liberar dentro de quince días un primer paquete de trece presos, “e instaló mesas de diálogo” dice el boletín, sin especificar para qué y, suponemos –no lo sabemos de cierto, lo suponemos-, que es para tratar lo concerniente a lo material: demandas agrarias y viviendas.
La cosa es que al darle entrada a esa demanda de liberación y anunciar la salida de trece personas se acepta que, en “El Amate” y otras cárceles de Chiapas hay presos políticos, o sea, presos de conciencia y ello no deja ni bien parados a los gobiernos represivos –lo están reconociendo oficialmente”- de Albores y Salazar, con sus respectivos procuradores y fiscales, y eso pasa a traer tanto a Herrán Salvati como a Montoya Liévano, hermano.
Los presos políticos de referencia en éste bodrio, pertenecen a organizaciones de las zonas Costa, Sierra, Centro y Selva, agrupadas en el Frente Campesino Popular de Chiapas, y suman –de una sola organización, compadre- noventa presos políticos que, desde luego, pasaron por las manos de los MP de la antes procuraduría y después Fiscalía y hoy ministerio de Justicia.
Lo cierto es los compas del Frente Campesino Popular de Chiapas fueron recibidos por gente del poder ejecutivo, que es la nota, y que fueron los que “negociaron” la salida de trece amigos en quince días, en un claro mensaje para don Mariano.
Lo que nos ocupa esta relacionado con la existencia de presos políticos en las cárceles de Chiapas, y el reconocimiento de ello deja a los dos gobiernos inmediatos pasados como represores, intolerantes y puede que hasta de asesinos, si es que alguien abre y en serio los archivos secretos de las acciones extrajudiciales en los últimos nueve años, ante homicidios nunca aclarados pero si reseñados en su momento en los medios impresos de la capital del estado.
Hay presiones sobre Mariano Herrán, esa es la verdad; una escala pobre de críticas y cuestionamientos a sus acciones cuando, sabemos que lo hizo porque se lo ordenaron, como lo hará el que quede por él, cuando se lo ordenen. Aunque veo eso distante, es decir, si se va, no será pronto.
Y me cuelgo en ello porque un hombre con el prestigio de Herrán no va a salir por la puerta de atrás, vilipendiado, aun el escándalo que crece poco a poco en torno a los no pocos presos políticos en Chiapas, y que lo van a impactar de lleno en los casos que le correspondan, aparte de los muy sonados de Conrado hijo, Ksherato, Librado, Martínez, Montoya, Córdoba, en un etcétera que comprenden a gente de todos los sectores chiapanecos, incluyendo a los anónimos, que son los presos políticos que reclaman gente como los del Frente Campesino Popular de Chiapas. Con todo y eso Mariano permanece un rato, por lo dicho por el presidente del Congreso del Estado, Juan Antonio Castillejos Castellanos, sobre el que Juan Sabines Guerrero cuenta con 58 días naturales –o sea que le puede tocar a la LXIII Legislatura aprobar el quien de una terna- para proponer quién será el nuevo ministro de Justicia y los titulares de las ocho Fiscalías Distritales, luego de nombrar a los Fiscales Especializados -¿Quién los certifica?-, Fiscalía Especial –¿En qué?- y una Contraloría del Ministerio de Justicia, que para éste escribidor de bodrios es la buena, pues no va a cuantificar los dineros, sino la ética y calidad de ese ministerio polémico, hoy aplaudido a destajo por la posibilidad de que se vaya Herrán.
Lo cierto es que se quede o se vaya, el otrora poderoso fiscal –y el ministerio todo-, queda a la subordinación y determinación del gobernador Sabines, pues su autonomía se derogó, hecho éste último que es en sí mismo motivo suficiente para decir adios.

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¿Larráinzar; cumplimiento y paz!

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