Los anunciados
René Delios
El 2 de julio de 2000 no solo cayó el PRI del poder. Con éste se derrumbaron figuras acuñadas por su stablimenth como “el primer priista de México” y desde luego, “el presidencialismo”.
Pero lo visto el domingo es la misma vaina.El “sistema” pasado estableció formas que se hicieron normas. Al institucionalismo a ultranza el aparato lo apreció más que la lealtad, la familia y el honor. El costo social por eso fue enorme, pues la calidad moral se aboyó.
Así, el PRI era la Revolución Mexicana hecha gobierno pero a la vez, era institución a partir de la convención de Aguascalientes. Se injertaron la figura de Revolucionarios pero a la vez, la de Institucionales. La vaina es que sabemos que el mayor poder presidencial radicaba en un asunto básico: la distribución de cotos de poder. Es aquí en donde radicaba el mayor poder presidencial: en la gran decisión de su sucesor; decidía el destino del país por seis años.
Pero también designaba a alcaldes en ciudades importantes, gobernaturas, diputaciones federales o senadurías, además de cargos en el gabinete y hasta en la diplomacia, aun el fulano o mengana, no tuviera ningún antecedente en el rubro.
Durante el priismo, el electo era el mandatario de facto, al que se le acercaban todos dejando solo al que terminaba; hasta antes de Miguel De la Madrid era, casi escrito, que el presidente saliente se tenía que ir del país, para no hacerle sombra al que llegaba, y su desaparición del escenario político era un alivio no solo para el presidente entrante, sino para todo el aparato que, nunca supo adorar a dos amos.
Pero esa es otra historia.
Así, la cuestión del presidente entrante era tremenda: el saliente prácticamente disminuía actividades para que el entrante fuera tomando la plaza.
Con Calderón no se da así. Fox está presente en el PAN, con Manuel espino, con Carlos Abascal.
Por eso Calderón va con tiento; no asoma mucho la cara, salvo sea necesario. Al momento opina con tacto sobre los tópicos nacionales y lo refrendó el sábado: tranquilo, sin panchos, dejó a los perredistas hacer.
Ellos también.
Calderón entregó su trabajo a la unión, en dónde los legisladores tendrán que analizar lo sucedido.
Los perredistas idos, los mismos que se salieron del veneto constitucional, lo van a tener que analizar, en las comisiones respectivas. Los que estamos en ésta vaina lo sabemos, y entendemos que todo fue mera pose, parafernalia, lucimiento vacuo de los que no tienen cómo sustentar que, tienen razón.
En todo el mundo reconocen a Calderón como presidente de México: los diputados del PRD no.
No creo que el presidente del desempleo, esté preocupado, en el entedido de que sigue las mismas prácticas.
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¡Larráinzar; cumplimi8ento y paz!
