TUBO DE ENSAYO

*La triste historia del tiempo fuera

*Ve tras el vidrio de sus penas

René Delios

Persiste la tendencia política de que entre las propuestas de los candidatos va implícito descalificar las del contrario; en la gente que analiza, que tiene sino la concepción pero sí la intuición en la política, visión social, cosmovisión del entorno inmediato –el real no el de promesas- para con su entorno, no va a votar por ninguno.
El caso de Tuxtla es patético, me cae.

Casi todas las propuestas parten de la pobreza y por lo tanto son populistas. Los planteamientos para un verdadero desarrollo sustentable, colateral, transversal –con la participación real de todos-, no aparecen.

No solo es el dinero para proyectos productivos, sino también los administrativos; despojar a éstos del proteccionismo, paternalismo y clientelismo del gobierno que lo asfixiaron otrora.

No se trata de regionalizar la ciudad, sino de hacerla participe entre sí.

No se trata de decir que éste candidato va cuando ni siquiera ha llegado a ningún hecho.

No se trata de acusar sin datos de elección de estado cuando no dice claro quién.

¿O vamos a aplicar aquello de “yo no lo sé de cierto, lo supongo”.

Y eso por hablar de los aspirantes por Tuxtla: Valls, Bayardo o Serrano, respectivamente, todos grises, primo.

Los partidos –por otra parte- están envueltos en la incapacidad de convocatoria; engaña el hecho de que tienen mayor competitividad entre sí –¿gracias a las alianzas?- pero presentan una clara crisis en sus criterios democráticos internos, con políticos sin escrúpulos en las dirigencias, sin convicción en las posiciones de representación popular, sin compromiso social en los puestos públicos.

Obedecen a cofradías intrapartidos, no a los que votan por ellos.

En el exceso de la suficiencia, sostienen a oídos de su confianza, que “llegaron” por méritos propios, por su propio esfuerzo, sin la ayuda de nadie; su concepción del voto no es la idea única de la institución política para que un ciudadano elija a un representante ante el legislativo o ejecutivo, no: para muchos el voto no es más que último trámite para llegar a los cargos luego de superar la intríngulis interna de las camarillas. Perder o ganar en la constitucional es mero asunto del trámite.

Esta idea equívoca le ha costado a Chiapas las consecuencias que vive, y el rompimiento con esa arca de acuerdos anquilosadas que solo generaron desplazamiento social y la acumulación de la riqueza en unos cuantos grupos.

Pero todo lo que vimos en los llamados partidos mayoritarios en Chiapas –PRI y PRD, nada más- ha generado la falta de credibilidad no solo entre los ciudadanos que lo manifiestan con el abstencionismo, sino también entre los militantes por la practica de la corrupción política y el tráfico de influencias, para –en lo individual como a través de corrientes internas- agenciarse las candidaturas, especialmente las plurinominales, hoy destinadas exclusivamente para los cuadros dirigentes, desplazando a los líderes regionales, situación que ha fracturado y con mucho, la llamada “unidad” partidista en los partidos.

Hay mucho resentimiento político, aun lo traten de cubrir marginando a esas expresiones, tanto en el PRI, el PAN, PVEM, PRD.

Desquebrajada la convicción y fomentando las traiciones, no vemos que la fuerza de propuestas vengan desde abajo, son más bien ocurrencias de los candidatos, que nuevamente distancian sus planteamientos de la base social. Ninguno de los aspirantes se dirige a los jóvenes, al empleo para éstos, a la justicia social que merecen.

Porque necesitamos eso, jóvenes que no hayan vivido de los vicios que le dieron forma al llamado sistema político mexicano, en el que se formaron todos los actuales, aun lo nieguen desde lo más recóndito de los partidos.

Corruptos en el gobierno, corruptos en los partidos ¿Eso merecemos como pueblo? ¡Por Dios! Basta ver a la mayoría de los candidatos para darnos perfectamente cuenta de lo arriera que son, de la peste que significan, del tráfico de influencias que los impuso.

No, la gente no les cree y hace bien.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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