*Tuxtla va
René Delios
Las acusaciones a destajo de César Serrano Nucamendi, se perdieron en el aire por la falta de densidad en sus acusaciones sobre Jaime Valls Esponda, al que señala a la mala como un candidato de estado, como si la capital chiapaneca fuera la máxima magistratura de la nación, independientemente de que hay candados que impiden esa condición, incluyendo a observadores internacionales ya adscritos desde ahora ante el Instituto Estatal Electoral para estar presentes en Chiapas el 7 de octubre, y no me imagino alo equipo de Calderón permitiendo ese tipo de cosas con un “presidente” legitimo acusándolo de espurio.Además, Serrano debe saber –y sino demuestra su IQ raquítico, primo- que llamar a la cosa “elección de estado” implica no solo la participación del aparato gubernamental, sino también a toda la estructura electoral, a todos los niveles e instancias de gobierno y a todas las jerarquías religiosas: una elección de estado se da en los gobiernos totalitarios, solamente.
¿Si es así, para qué compite?
Con todo y eso, Serrano Nucamendi, un candidato sin pedrigre en su partido, se avienta a la grande igual que lo hiciera Bayardo Robles en el caso del agua para todos, e involucra al gobierno del estado y a su gobernador en la elección, tan solo porque cree que va a ver una elección de estado, por la amistad que el hoy abanderado perredista, petista, pevemista y convergero, con el mandatario.
¡Se le hizo fácil! Dijera Rubén Blades en su rola “Pedro Navaja”.
Tenemos entonces que, ambos los dos –Robles y Serrano- han ido más allá de la intención de afectar a Valls ante la opinión de los electores, pues agua y manos extrañas pasan de largo a esa candidatura múltiple.
Bayardo Robles, por ejemplo, quedó mudo ante el aparato del estado que le demostró que en efecto, va a ver agua para todos los que tengan instalaciones para ello –obvio-, de la misma manera en que, los órganos electorales deben preguntarle a Serrano el porqué, sí sabe que va a darse una elección de estado, no coloca su queja en dónde corresponde, y se deje de hacer escándalo a medias en los medios impresos y electrónicos, de los que abusa, más por la lenta de quienes lo entrevistan, y que no le preguntaron, en ese momento, porqué no presentó su demanda ante la Contraloría de la Legalidad Electoral.
El abanderado panista muestra no solo una pobre cultura política, sino también desesperanza, ante la falta de apoyos desde su partido, que le permita competir al tú con sus adversarios.
Queda pues esta reseña del asunto turbio como muestra cualitativa del primitivismo que han mostrado los adversarios de Valls, único candidato que, no se ha metido a cuestionar ni a descalificar a sus contrincantes, y menos a las autoridades electorales o de otras instancias o niveles de gobierno, sin las pruebas en las manos y ante las autoridades correspondientes.
Valls en efecto, ha ido a sellar sus compromisos adquiridos con la comuna, ante la CLE, que es la autoridad que compete para el seguimiento de las promesas de campaña ya cuando se es gobierno –como a cualquier otro candidato-, y ya le tocará al perredista –que debería declararse del PVEM pues Tuxtla lo es- enfrentar los juicios de lo firmado, pues es el que va a ganar, de acuerdo a la prospectiva de la mayoría de los “especialistas”, aunque cada candidato presenta en corto sus encuestas a su favor, desde luego.
Pero eso no lo consignamos los periodistas. Hay quienes sí, pero más por sensacionalismo o por colocar sus folletos o pasquines o como les llamen en las primeras ventas.
Los periodistas consignamos los sucesos diarios y hay hasta los que dicen que los analizan –aunque sea de un solo lado-, y temen entrarle a las cosas en los ámbitos que competen. Ciertamente Valls, como abanderado de tantos partidos, no debería tener su mayor esperanza en el PRD, no. Las debe fincar en el PVEM. Es ese partido el que va tendido, y lástima porque no demuestra ideología y ni compromisos sociales con nadie, con tal de ganar posiciones al costo que sea.
A lo mejor por eso no se arriesga a colocarse la camiseta, primero, del PVEM y sí la del PRD, partido que con él busca consolidarse en Chiapas -y con ello su dirigente-, si ganan la capital chiapaneca –y se la debería a Valls-, en la que nunca han tenido un alcalde de mayoría, aunque sí cuentan con una buena aliada política en la actual alcaldesa, en éste intríngulis partidista chiapaneco que rompió con sus convicciones, a partir de la imposición de Josean en el PRI y la candidatura externa de Sabines en el PRD.
Es pues que la elección del 7 de octubre tiene también su importancia por eso: la consolidación de posiciones y desde luego, de las corrientes internas en los partidos, con las nuevas “adquisiciones” políticas, pues no todas van a ganar pues los y las más han demostrado ser una piedra.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
