*Paco poco foco
René Delios
No fueron los últimos doce meses de buen tono y tanto para Francisco Rojas Toledo, pues muchos de sus proyectos de vida se derrumbaron por lo impulsivo de sus actos en materia política y social, que incluyó para colmo la laboral en la que finalmente tronó aparatosamente y es poco probable que, cual Fénix, resurja de sus cenizas en poco tiempo.Ya antes, mucho antes de que probara las mieles de “las grandes ligas” panistas y el fundamentalismo elite que en esas nubes –porque se sienten cerca del cielo- se practican, como alcalde saliente de Tuxtla hubo de enfrentar el escándalo que le armó el PRD y el PRI por aquel famoso “pacobono” que lo marcó en su carrera política, y que fue motivo insuficiente de escarnios en su contra cuando se lanzó por la diputación federal tuxtleca, la que ganó sin problemas. Fue cuando Rojas Toledo subió a las grandes ligas y se codeó con esa elite tornasol de entre azules y purpurados. No sabemos si esa enajenación abstracta fue la causal por la que no apoyó la moción para que Tuxtla recibiera 400 millones de pesos para servicios hidráulicos, aun a sabiendas de esa necesidad, pues fue su alcalde durante tres años, y en cuya campaña para ese fin explotó –recuerden- la vaina de mejorar las condiciones hidroecológicas de El Sabinal.
Una vez en la silla ni lo mandó a chaporrear.
Nada más no, ni desde la alcaldía y ni desde San Lázaro. El señor fingió demencia y no apoyó a Manuel Velasco que buscaba apoyar a su compadre Juan Sabines en ese proyecto de “Agua para todos, todos los días”, que los panistas y perredistas de ese entonces consideraron electorero y protagónico, y por ésta causa hubo de retrazarse más de un año hasta que financió Banamex.
La cosa es que ya en la Unión, don Francisco Rojas pocas veces rindió cuenta de sus actos a favor de los tuxtlecos; le molestaba que, el municipio fuera gobernado por un priista, precisamente el hijo de quien fuera adversario político de su padre, Valdemar Rojas, cuando éste fue alcalde allá por los setentas: Juan Sabines Gutiérrez.
Sí, hay historias de familias en éste pedo.
Recuerdo cuerdo que alguna vez durante la gestión de Juan en el ayuntamiento, Rojas anunció que colaboraría “limpio” con el ayuntamiento de Coyatoc, pero nada más fue la frase fresa pues nada se concretizó con el entonces diputado, al que buscaban no por él, sino por el atractivo político de su representación federal por el noveno distrito electoral federal con sede en Tuxtla Gutiérrez, sin ser parte de las siglas gobernantes.
Pero Rojas Toledo aprendió rápido a politizar los temas.
Concluyendo su periodo en la LIX Legislatura Federal, el hijo azul buscó la obvia en la candidatura a la senaduría, pero a falta de pedigrí en el PAN, su partido hubo de recurrir a su nombre, aun a sabiendas que se enfrentaría a Sabines que, pues por esas fechas ya se advertía la ruptura de éste con el PRI, por la imposición de Josean a la candidatura tricolor desde el centro.
Definidas las candidaturas por el PRI-PVEM; PRD, PT y Convergencia; PAN y además del PANAL, con Bodegas, Sabines, Rojas y Zebadúa, como candidatos respectivamente, el 10 de agosto –diez días antes de la elección- se registró la “declinación” ante Josean por parte de Rojas y Zebadúa, algo que –aun enlodado- se pudiera entender de Rojas por su recalcitrante postura hacía lo que huela a izquierda, pero de Zebadúa que supuestamente venía de ella, pues como que no. Rojas utilizó la vaina de que la orden fue de su dirigente nacional, Manuel Espino –el furer-, y Zebadúa pues nada, solo su rencor genuino a Salazar, según esto porque el ex mandatario apadrinaba a Sabines.
La cosa de éste melodrama es que ganó Sabines, y con las vísceras expuestas, priistas, panistas y panalistas impugnaron por todos lados sin que lograran nada e inclusive, antes de la resolución a las impugnaciones de la Alianza por Chiapas al triunfo de Sabines, ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el presidente Calderón reconocía el triunfo de la Alianza para Todos en Chiapas en senda carta abierta, lo que inició las diferencias entre el mandatario nacional con el dirigente nacional del PAN, cosa que perdura hasta nuestros días, dicen los que saben.
Así son los recalcitrantes, me cae.
Y lo sostengo: la tercera vez que Rojas Toledo la hace áspera con Sabines es cuando lo nombran delegado de la Sedesol en Chiapas. Desde esa posición el señor delegado inició una campaña de entrega de insumos y apoyos institucionales a zonas marginadas, como la región Sierra, Bejucal de Ocampo, Siltepec, La Grandeza y desde luego las comunidades de toda la zona.
Desde la Sedesol y con mucho ruido –al menos en esas zonas- Rojas hizo e izó lo suyo: la inquina; requirió espacios para su grupo, por lo que corrió a viejos empleados y no dudó –cual priista que es ahora- en el nepotismo, pero nunca esperó la auditoría que no fue para inculparlo, sino para desbalagarlo, pues no olviden que el señor llevaba poco más de seis meses ahí y no precisamente en los tiempos en que hay más paga, sino por el contrario, cuando ésta mengua: finales de sexenio, principios del otro.
No fue pues dinero propiamente, sino la poca sensibilidad política y social que de siempre a caracterizado al ex diputado, y desde luego a la subdelegada, Latorniere, quien desde el congreso local fue detestada por las propias féminas de esa nulidad legislativa -hasta la fecha-, por su prepotencia y ancada, pues es de la gente que con un cargo se esponja y altanera su voz. También en Sedesol no podían creer que pudiera existir un ser tan frío en una dependencia cuyos programas supuestamente comprenden alta sensibilidad social y recurrencia asistencial para los más necesitados.
No tenían idea en el congreso ni en la Sedesol, de sus antecedentes de hielo que recuerdan muchos con ira allá el Isstech, cuando La “Torciere” era una chamaca.
Pero esa es otra vaina.
La que nos ocupa es que Rojas cae porque colmó al régimen: primero no apoyó desde el legislativo federal la iniciativa de presupuesto para el agua de Tuxtla con Juan como alcalde; luego, se voltea la camiseta azul y se pone la tricolor a días de la elección para joder a Sabines y después, desde la Sedesol, se le sube y empieza a comportarse como vicegobernador sin ver al mandatario, y controlando los recursos asistenciales de la federación sin entender que no se trata de una competencia institucional, no. Sino todo lo contrario: coordinación y transversalidad para evitar doble gasto, así también un desgaste político entre ambos niveles de gobierno, corriendo el riesgo de complicar el tejido social en una región aun muy lastimada por el paso del Stan.
Por eso se fue Paco, por inepto.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
