Tubo de ensayo

*Stan entre constructoras

René Delios

Ya pasaron muchos años, y sigue dando que explotar el percance monumental del “Stan”.
No son pocos los políticos y funcionarios públicos que lo toman de bandera; unos diciendo que se den a conocer los nombres de los que cometieron el mega fraude, y otros diciendo que se obligará a las constructoras a “reparar” la mala reconstrucción.
Así, y nada: tienen años de bocones.La gente sencillamente se decepciona de los encubrimientos, de los grandes robos nacionales como la defensa del peso “como un perro”, el Fobaproa o los diez mil millones destinados a la reconstrucción en 41 municipios de Chiapas, luego del paso del “Stan”.
Considerada la decimoctava tormenta tropical y el décimo huracán de la temporada de huracanes del Océano Atlántico en 2005, Stan fue la segunda tormenta “S” desde que el sistema de denominaciones de huracanes comenzó.
El otro fue la tormenta tropical Sebastian, diez años antes, en octubre 1995.
Stan fue una tormenta relativamente fuerte que, en primer nivel causó inundaciones y desprendimientos en los países centroamericanos de Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua además del sur de México, durante los días 3, 4 y el fatídico 5 de octubre de 2005. Ocasionó por lo menos mil 620 muertes en toda el área, un número similar al producido por el Huracán Katrina, y muchos más desaparecidos que el gobierno mexicano en su momento negó.
En un momento, fuentes oficiales informaron que el número de muertes aumentaría posiblemente hasta bien pasados los dos mil, aunque el número total de fallecidos es probable que nunca se conozca debido al alto grado de descomposición de los cadáveres en el barro, y ahí permanecen.
En Chiapas se reportaban casi 80 desaparecidos, y así sigue el dato: los desaparecidos son eso, desaparecidos hasta que aparezca el cuerpo.
Y sino aparece pues se fue al otro lado o con otr@.
Un ejemplo de esta descripción es la aldea de Panabaj en el departamento guatemalteco de Sololá, que fue destruida completamente por las riadas de lodo, como se dice de Belisario Domínguez, en Bejucal de Ocampo, en la Sierra de Chiapas, y es la fecha que no saben dónde están decenas.
Y es que erosionada la montaña por la tala inmoderada, el agua de lluvia bajo como titán con miles de toneladas de lodo. ¿Qué paraba eso? Por eso antes, mucho antes de que se viera, se sintió el tremor en la rivera del Coatan, en Tapachula.
Stan fue comparado con el Huracán Diana de 1990, Huracán Cesar-Douglas de 1996, al Huracán Pauline de 1997 y con el Huracán Mitch de 1998, a pesar que fue descrito en los países de América Central como una tormenta tropical, pues esa era su intensidad cuando afectó esa zona.
Con todo y eso, se dio la tranza.
Más de 40 municipios de diversas regiones se vieron afectados y miles de familias chiapanecas perdieron sus viviendas, negocios y seres queridos. Es del conocimiento público los días de desesperación que se vivieron en amplias zonas del Estado tras el paso del meteoro, ya que la fuerza devastadora de “Stan” arrasó con caminos y carreteras que quedaron intransitables; destruyó puentes que dejaron incomunicadas a muchas poblaciones y que dificultaron la ayuda; desbordó ríos y riachuelos que pusieron en peligro la vida de cientos de familias y redujo a la nada miles de hectáreas de cultivos.
Las expectativas crecieron con el anuncio de que la Cámara de Diputados etiquetaría recursos para Chiapas por un monto aproximado de 10 mil millones de pesos que serían repartidos entre el Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) y diversas dependencias del Gobierno federal, lo que efectivamente sucedió con la partida presupuestal que aprobó la Cámara alta para el ejercicio fiscal del año 2006.
Consta en declaraciones de las autoridades que tuvieron a su cargo esos millonarios recursos, que el manejo íntegro de ese presupuesto recayó por entero en las autoridades estatales de aquel entonces, algo que hace suponer que por acuerdo con el Gobierno federal, la autoridad local fue la responsable de programar el gasto en programas de reconstrucción sin la intervención de las instancias federales.
Pero entonces porqué, cuando empezaron las denuncias, Carlos Abascal, el entonces secretario de gobernación, retrazaba la indagatoria por el fraude en el Fonden.
Es más, el finado secretario fue acusado por parte de los entonces senadores por Veracruz, Noemí Guzmán Lagunes y Guillermo Herrera Mendoza de “calentar y retrasar” la investigación por el fraude en el Fondo Nacional de Desastres Naturales, en un intento de “salirse por la tangente” y evitar sanciones administrativas y judiciales contra su antecesor, al frente de la dependencia, Santiago Creel Miranda, así como de la titular de Protección Civil, Carmen Segura Rangel que, dejó el cargo en medio de un escándalo de 50 millones de pesos que no comprobó nunca.
Ante esto Abascal se vio obligado a declarar que la Secretaría de la Función Pública estaba por concluir las investigaciones sobre un fraude en los procesos de compra de productos para ayuda a damnificados por desastres naturales, en perjuicio del Fonden, cuyo monto aún no había sido cuantificado.
Incluso se habló de tres líneas de investigación: “La Contraloría Interna de la Secretaría de Gobernación abrió las investigaciones, y éstas las ha continuado la Secretaría de la Función Pública, y al finalizar las pesquisas informaremos puntualmente”, dijo Abascal.
Es la fecha –más de tres años y medio- que no hay nada, solo las evidencias del mega fraude.
A las preguntas de si se trata de un fraude en el que haya desaparecido dinero del fondo para damnificados, Carlos Abascal refirió que “parecieron ser problemas derivados de procesos de compras”, esto es, sí tenían evidencias serias de fraudes millonarios y no actuaron.
Ya con presidente electo, a finales de 2006, el Procurador Daniel Cabeza de Vaca afirmó que existen evidencias suficientes para probar que se cometió un fraude millonario en el Fondo de Desastres Naturales, por lo que “en los próximos días se consignará ante un Juez la averiguación contra los funcionarios presuntamente responsables de los desvíos”. En este caso, dijo, se trata de una denuncia presentada por la recién destituida Titular del Organismo, Carmen Segura Rangel.
Nada.
Aterrizando en Chiapas, también las denuncias de desvíos andaban veloces y nada: la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil, la Comisión de Caminos, el Comité de Construcción de Escuelas, la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento y el Instituto de Vivienda, esta última por un monto irregular de 967 millones de pesos, aparecían mencionadas en los diarios locales.
En aquella ocasión se dijo que las denuncias en cuestión eran por ejercicio indebido del servicio público, peculado y uso indebido de atribuciones y facultades. Se dijo también que se habían presentado seis denuncias de carácter penal en contra de más de 150 servidores públicos y seis empresas constructoras.
Nada.
Las cosas se fueron complicando, y en Tapachula la gente empezó a reaccionar, y como consecuencia de que el instituto de la vivienda no cumplía con la entrega de viviendas en el municipio, damnificados por el huracán Stan amenazaron con regresar a lo poco que quedo de sus hogares, en vez de seguir hacinados en los albergues.
En ese entonces él no era la noticia, pero ahora sí: el director de protección civil municipal de Tapachula Herber Shroeder Bajarano menciono entonces que a esas personas “ya se les determino que esos terrenos no pueden ser habitados y si quedaron casas en pie serán destruidas”.
Esa gente sufría.
Lo más nuevo es que las empresas que se encargaron de la construcción de casas para los damnificados por el huracán “Stan” en los 48 municipios de las regiones Costa, Soconusco, Sierra y Frailesca, en Chiapas, y que presentan irregularidades, serán obligadas a repararlas, advirtió la titular de la Secretaría Estatal del Medio Ambiente y Vivienda (SEMAVI), Lourdes Adriana López Moreno.
Qué bueno, pero ello no las exime del incumplimiento de contrato y fraude, el uso a modos de los recursos públicos en su momento, y la confabulación y corrupción de decenas de contratistas, funcionarios y constructoras, agregando a los establecimientos de materiales de construcción que “vendieron” material fantasma.
Un olor a impunidad sigue en el aura del Stan.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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