Un levante
René Delios
Las versiones de que Jaime Valls no levantaba en su campaña, se derrumbaron por su falsedad, pues para empezar los dirigentes de los partidos que integran la coalición ya hubieran hecho lo necesario para hacer pública su preocupación.Sin embargo eso no ha sucedido y contrariamente ven que la izquierda por segunda vez, tiene altas posibilidades de ganar la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, luego de que a inicios del sexenio de Salazar, Carlos Morales Vázquez del PRD perdiera la elección de 2001 frente Victoria Rincón Carrillo, del PAN, por non grato.
Hoy no es así: las expectativas y los escenarios son otros, diametrales, podríamos decir, ante la “evolución” que ha tomado la centro izquierda y su nueva ola de simpatizantes –que no militancia- en la capital del estado y la entidad toda, con la candidatura de Valls y el gobierno de Juan Sabines Guerrero, respectivamente.
La capital del estado pasó, del priismo de décadas al panismo y luego de tres trienios azules regreso al PRI, con la propuesta de Juan Sabines Guerrero como candidato, quien en esas fechas era diputado local propietario por la zona oriente, curul que le había arrebatado al PAN en 2001: “ganó mi padre”, dijo esa vez el hoy mandatario.
Pero para 2004 ganó él solito abrumadoramente.
Juan Sabines ya había hecho bastante para buscar la presidencia tuxtleca, luego de abrir una oficina de atención ciudadana en la LXI Legislatura. Sabines se fue haciendo popular en la medida en que fue accesible, lo que le permitió conocer de fondo los planteamientos de los ciudadanos.
Este conocimiento lo llevó a formular lo que se conoce hoy como asamblea de barrios, una vez ganada la alcaldía tuxtleca por abrumador triunfo, en el que la centro izquierda quedó en último lugar. Esa asamblea de barrios fue medular para que, la base social, conociera de cerca de los funcionarios de alto nivel del ayuntamiento sabinista y a la vez, éstos pudieran concatenarse con las demandas sociales y populares –que no son lo mismo- de un Tuxtla que creció sin control urbano y cuya población padeció las consecuencias de una elite azul de funcionarios indiferentes a sus planteamientos e inclusive, soberbios ante el gobierno estatal, en aras de hacer valer una autonomía que en la practica no existe.
Tuxtla pues ha sido en lo que refiera al ayuntamiento, una onda PRI y PAN en los últimos años. De allí la expectativa del PRI y el PAN en que no hay “mucha” centro izquierda en la capital del estado, pero eso no tiene nada que ver con los llamados simpatizantes para con el candidato, y la otra opción más buscada: la votación flotante, los llamados indecisos y desde luego, los más huraños: los abstencionistas, que son hoy el mayor grueso que, si se logra atraer, aseguran el triunfo.
Por eso Valls no solo busca a la militancia, sino también a los simpatizantes por su causa.
No sé si sea simpático para las mayorías, pero lo que sí es seguro es que el pueblo esta harto de equivocarse, y que empresarios y fundamentalistas quieran imponer neoliberalismos y creencias entre medio de las normas, ya no es lo deseado, como sucedió durante muchas décadas de paternalismo institucional a ultranza y los nueve años de fundamentalismos retardatarios en Tuxtla.
Valls es un hombre joven, con mucha experiencia ejecutiva. No es empresario, no es conservador; su vanguardismo asegura la pluralidad y ese ambiente la voz de los menos se escucha igual que la de los más. No creo por eso que el panfleto que lanzaron a la calle desde la torceduras recalcitrantes surta su efecto. Contrario censu, sino eleva sus bonos, al menos no granjera en los otros pues la sospecha sobre sus adversarios priistas y panistas persiste.
Dando un rodeo sabemos que en medios de difusión hay cosas que son claras: las lecturas se ven entre las “cabezas” de los diarios o de noticieros en los medios electrónicos. A quien atacan se le finca desprestigio, pero éste no siempre surte el efecto deseado por los falseadores. Recordemos hace poco cómo las televisoras TV Azteca y Televisa se le fueron encima a los ex senadores Manuel Bartlett Díaz del PRI y Javier Corral Jurado del PAN, por reiniciar la controversia por la llamada ley Televisa que, finalmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación, revocó por irregularidades en su aprobación en la pasada legislatura federal. Muy aparte de la historia del cómo se aprobó esa ley, resulta que la población ya no se traga lo que digan los escándalos mediáticos y espera las resoluciones legales y en eso la suprema corte ha dado ejemplos contundentes como, también, lo ha hecho el tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Todo el “pancho” anterior porque ha sido claro como los seguidores de otras expresiones adversarias a Valls, hacen crecer –ahora por medio de panfletos- que el señor no es tuxtleco, por el hecho de no haber crecido en la capital del estado.
Muy aparte de los motivos que hayan influido para irse a vivir en otra ciudad, cabe dejar en claro que esas son pendejadas de los pre derrotados apenas en pre campaña. En otras entidades ha habido gobernadores y alcaldes chiapanecos que no han enfrentado minucias como la tontera con que quieren minimizar la presencia lograda por Valls en estos años. El regionalismo obtuso no hizo efecto con Sabines –por ejemplo- cuando sus adversarios alegaban que no tenía los años necesarios para gobernar Tuxtla: ya gobierna a Chiapas, y ganó todas ante el TRIFE, digo. Pero la miopía política es terca en la aldea, dijera mi subcompadre Pepé Figueroa.
Creo que la vía para darle la vuelta a las estadísticas que benefician a Valls hasta el momento, sean los descalificativos. Tampoco el minimizar su derecho político de chiapaneco nacido en Tuxtla porque se fue a estudiar a la ciudad de México desde chaval. No, se requiere de mejores plataformas y propuestas; tener antecedentes contundentes como éste señor los tuvo en el Ayuntamiento y el gobierno del estado en poco tiempo, con la solución al problema ancestral de la basura y la elaboración del programa sexenal de gobierno “Chiapas Solidario”, respectivamente.
No sé ustedes pero en mi pueblo le dicen efectividad.
Capacidad de gestoría y respuesta.
Ser ejecutivo.
Así que denostar a Valls no tiene caso, hay que mejorar el discurso. Pero no será así y por eso auguramos que en la campaña, primo, van a insinuar que es el delfín: “que el gobierno saque las manos del proceso electoral en Tuxtla” y demás afirmaciones de los ahogados que, impugnan todo en el afán equívoco de que los tribunales encuentren algo irregular. Y entonces la vaina va a dar un giro increíble pues, resultará que la centro izquierda ahora será la del “padrino” otrora el priismo.
Desde luego que sabemos que el ejecutivo preferiría a Jaime Valls como alcalde de Tuxtla Gutiérrez. Pero primero –como él- tiene que pasar el filtro legal de la elección, con los riesgos que ello implica, cosa que sabe Valls, hoy un tanto decepcionado con sus adversarios, porque no le están dando el nivel.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
