*Canibalismo
René Delios
No contrario, pero sí similar al machismo, el “hembrismo” pareciera escenificarse en los medios locales por parte de sus protagónicas que, en la ventaja de ser mujeres, se sienten con la autoridad moral de cuestionar a las funcionarias públicas por cosas menores, y hasta sin pruebas de ello.El fenómeno no es nuevo. Se advierte desde la expresión aquella de que no hay peor enemiga de la mujer que ésta misma, interesadas en despellejar gente partiendo nada más del cómo viste la “victima”, y las ha habido –me cae- las que dicen que tal señora goza del cargo gracias a sus atributos físicos.
No estoy aquí para desglosar por tema a esas protagónicas, pero me queda claro que pecan de suficiencia al minimizar la presencia de sus iguales en el escenario político, pese a esa misoginia imperante en el argot –me cae-, cuando debería ser al revés y destacarlas por el porcentual mismo que significa una mujer destacando en el ámbito político –y que le ha significado doble esfuerzo al de un hombre- como para que una portadora de la verdad la minimice y cuestione por nimias.
Así se llama: “hembrismo”, un neologismo que creció al igual que el compuesto “cuestión de género”, en el que se ocuparon muchas informando a otras sobre el tema, hasta que les cayó el veinte de que a los que tenían que instruir también sobre esos derechos era a los varones y mejor si era desde jóvenes, pues se había ya detectado que los índices de la “violencia en el noviazgo” eran –y son- muy altos.
Desde luego que hubo las que, extremas, se opusieron a ello decididamente, señalando que los hombres deberían hacer su asunto propio. Así que el que se reunieran las mismas a decirse lo mismo, no trascendía; las concientizaba, sí, pero hasta ahí: la instrucción ahora se debe ver a priori social, y de ahí que se “descienda” a los estratos más vulnerables –y aun me pregunto el porqué no se ha incluido en los libros de texto, popularizando, primo, popularizando el concepto de género desde la misma infancia.
Por eso la política sabinista hacia la mujer no solo crea condiciones jurídicas de protección y respeto a los derechos de ésta, sino que desciende la información que otrora fue de exquisitas, a través de estrategias de beneficio, como talleres de cocina, corte y confección, manualidades varias, que se hacen llegar a los municipios de bajo desarrollo humano, dando optimo rendimiento en el sector más vulnerable y objetivo de éste asunto: la mujer campesina e indígena, a las que se les informa de qué se trata: de que sus derechos están vigentes y que esta vez se van a hacer valer a través de instituciones creadas ex profeso: Fiscalía de la Mujer, Instituto Estatal de las Mujeres, Banco de la Mujer, para hacerles justicia, brindarles asistencia social y generar proyectos productivos y a la vez, trabajar en transversalidad.
Muchas más de las que creo no entienden el concepto institucional anterior, otras piensan que falta mucho por hacer e insisten con frecuencia en que se debe elevar el discurso con intelectuales en vez de operativas, pero ese ámbito de la asistencia o asesoría social debe ser netamente operativo, pues las mujeres violentadas son solo receptoras de la información o el beneficio, y no los multiplican. Las operativas pues llegan con su mensaje hasta los municipios; no destacan en los simposios, conferencias, mesas redondas, entrevistas; no están en los medios, sino allá donde las necesita su igual, que padece de violencia, que es vulnerada.
En el caso chiapaneco ha sido sustancial llegar allá en dónde la desnutrición, el analfabetismo y otras presencias de la pobreza extrema fecundan la violencia hacia las mujeres. Hasta allá hay que llegar con talleres, con la ley, con la ayuda para con ellas, porque de nosotros los “hombres” ni escupir para arriba: todos y cada uno sin excepción la hemos regado violentando, humillando o sustituido a nuestras mujeres sin importarnos sus sentimientos y derechos elementales.
Pasémonos del otro lado, e imaginemos –hasta sentir- que nos hagan lo mismo.
Por el momento en eso quedamos, como decía Luzán, y observemos con tristeza el canibalismo que algunas practican a nombre de la libre manifestación de las ideas, pero con la intención subterránea de inhibir la posible participación política (2009) de determinada funcionaria pública.
Del laboratorio
¿Y cómo le ponemos a ese sentir del feminismo que encona en el alma y la razón una animadversión al varón?
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
