*Los mirados
René Delios
Muy seguramente el director general de Operación de Servicios Educativos de la SEP en el Distrito Federal, Antonio Ávila Díaz, sintió que las referencias sobre la salida de entre 20 mil y 25 mil niños de escuelas privadas por los efectos de la crisis podrían afectarlo, luego de que el titular del Ejecutivo chilango, Marcelo Ebrard Casaubon, lo hizo público. Inmediatamente el funcionario imaginó que era su momento de “sonar” y reviró con el argumento de que los operadores del servicio a su cargo, “no han tenido ningún reporte en ese sentido, e indicó que las estadísticas sobre deserción de menores del sistema educativo se están consolidando con relación al año pasado, pero las cifras preliminares se mantienen estables y la matrícula sigue en un millón 800 mil alumnos, tanto en escuelas públicas como en privadas”.
Este funcionario esta como el Secretario de Hacienda cuando, decía, que la cuestión financiera de E.U., le haría a México lo que el viento a Juárez, el es la fecha en que peso va que vuela a los 14 frente al dólar, complicando el futuro de muchas más empresas de medio pelo, que las esperadas.
Así éste funcionario, terco con eso de que no van a salir miles de niños de las escuelas privadas: ese fenómeno se va a registrar en todo el país, y ese asunto social es más preocupante que el empleo de Ávila Díaz y otros tantos homólogos en las dependencias homólogas entidades del país, desde dónde se mantienen estrechas relaciones con la educación privada, que es lo que ha hecho pensar al magisterio disidente –que también ha hecho lo porpio en la tomatera de ver a lo oficial como su adversario- en una inminente privatización, con la llamada alianza ex profeso entre la SEP y el SNTE, que hace pensar mal porque una de las partes, es absolutamente corrupta y, bajo ese mal viral, nada en su actuar puede dejar de estar contaminado.
Dijo.
Ebrard dijo que el cambio de niños de escuelas privadas a escuelas públicas es una realidad en la ciudad de México, debido a presiones económicas, ante lo cual su administración previó un aumento de 20 por ciento al presupuesto destinado a los programas de uniformes y útiles escolares gratuitos este año. Y todavía se hace un harakiri, por lo que nadie entiende porqué, Avila, se lo apersonó; dice Ebrard: el fenómeno ha venido ocurriendo debido a la falta de empleo, a la inflación y otros problemas económicos.
Es su ciudad, su responsabilidad.
Pero lo de Avila no es privativo, y como éste, muchos funcionarios ignoran lo que acontece con tal de proteger la chamba, no ha México o a determinada entidad o municipio. Le siguen la frecuencia a los más altos pensando que son las líneas políticas a seguir, y distorsionan toda la lectura original, como ese señor Avila, que no es más que un ejemplo para abordar el tema de éste bodrista.
Contrariamente –y ahí sí podría haber trasfondo- el secretario del Trabajo habla claro y le da muerte súbita a una de las promesas del sexenio. Recuerdo que en campaña, Calderón fue llamado el presidente del empleo, pues prometió dar a los mexicanos lo que más dignifica a la vida humana, en el entendido de que el trabajo ennoblece. Los que votaron por él creyeron que aterrizaría las promesas que Fox no acabó de cumplir “porque se le acabó el tiempo”; sin embargo, el escenario a futuro no es compatible con esas promesas de campaña, y ni siquiera los análisis de la inmediatez van en el mismo sentido, pues Javier Lozano acaba de anunciar que en diciembre habrá una enorme caída de empleos, por lo que no se podrán crear más de 300 mil hasta 2010.
Lozano de plano limitó a nada la posibilidad de empleos en 2008, 2009 y 2010, y si hablamos de 350 por año, la cifra se hace tremenda y, se queda en que a lo más se va a trabajar para que no se pierdan los trabajos ya existentes.
Y todavía aparecen políticos segundones con expresiones asfixiadas como ese Avila y muchos otros por éstos territorios chiapanecos que, buscando una resonancia dicen cada cosa fuera de contexto y, lo andan a publicar.
Es ahí cuando queda claro que ser gobernante no los hace ni sabios y ni mágicos, y su labor los deja tal cual son y sino, ahí esta el sexenio vacuo de Fox como testimonio. Lo que hay que destacar aquí es el cómo se sigue hablando inútilmente en política; el cómo la demagogia sigue siendo practica para la praxis política, aun la tercera parte de la nación vive en una pobreza inmerecida que no se puede justificar con nada.
Cambiaron las siglas en el gobierno ¿Y qué?
¿A quien le mienten?
¿Al pueblo que padece las consecuencias de sus ineficiencias?
¿Al inexorable tiempo que desnuda los matices de las horas?
Me queda claro que se mienten a ellos mismos y, eso, debe ser frustrante.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
