TUBO DE ENSAYO

Lluvia de gente

René Delios

Como se había previsto, el lunes se puso fin al viejo ritual del informe presidencial. Al entrar en vigor la reforma constitucional al artículo 69, el presidente Felipe Calderón envió por escrito el documento sobre el estado que guarda la administración pública federal. Correspondió al secretario de Gobernación –ya en serio-, Juan Camilo Mouriño, hacer la entrega al presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, César Duarte. Como que invadió la nostalgia a algunos, al enterarse de que el Presidente, ya no acudirá a San Lázaro a leer su mensaje político en la apertura del período ordinario de sesiones.
Era una costumbre, que por decenas de años mantuvo el sistema político mexicano, y el 1 de diciembre de cada año, era un día feriado, posiblemente, también por esa razón muchas personas lo extrañen. El salón de protocolo fue elegido para que la directiva de ambas cámaras recibiera los tomos del informe, que serán analizados por los legisladores, y posteriormente, citarán a los funcionarios que decidan para aclarar las dudas que tengan al respecto. Estos, deberán conducirse con verdad, so pena de ser sancionados. Es decir, deberán refrendar lo asentado en el documento, y ampliar la información que sea necesaria, de acuerdo con el criterio de los diputados. Si bien es cierto, que se terminó con el Día del Presidente, que al final se había convertido en el día de todos contra el Presidente, los grupos parlamentarios defendieron su derecho a manifestar sus posiciones. Así fue. Además, en el pasado, el jefe del Ejecutivo siempre llegó después de que habían subido a la tribuna. Nunca lograron que estuviera presente cuando hacían su posicionamiento.
Para no perder la costumbre, una veintena de legisladores del amarillo y de Convergencia a la hora que tocó el turno al sol azteca, se pusieron al frente con mantas con diversas consignas. Ya no es nada nuevo.
Era para no perder la costumbre.
El coordinador del grupo parlamentario del PAN, Héctor Larios Córdoba, hizo un llamado al tabasqueño a dejar atrás la confrontación, pues es momento de unidad. Unir a la sociedad, no dividirla. Que bueno que lo hizo, pero como muchos anticipan será como un llamado a misa, pues el candidato perdedor, seguirá luchando por derrocar al gobierno, cosa que ha vuelto una obsesión, y en la que lo acompañan varios políticos resentidos. Es una lástima, que no haya sabido digerir su derrota. Le habría permitido competir en 2012. Y pudiera haber contado con buen número del electorado, que lo hubiera apoyado. Desafortunadamente para él, las cosas son muy diferentes. Cansó y aterró a muchos de sus seguidores, luego del bloqueo en Paseo de la Reforma, y con sus desplantes de autoritarismo.
Cardenió a su modo.
Eso tendrá un costo político importante para en PRD, ahora que hasta hablan de división a su interior: un asomo leve a las entidades refleja el hasta dónde esta la división, el encono, los resentimientos, las fracturas.
Están jalando con los gobernadores de turno, el que sea, el de las siglas que sea: al diablo la convicción, es esa la verdad: puestos, cargos, chamba, quieren.
Lastima, lástima.

Envío
¡Cumplimiento y paz!

¡Comparte la nota!