TUBO DE ENSAYO

*Bajo la piel

René Delios

No es por nada pero eso de las extorciones telefónicas se esta volviendo modus operandi de malandros de medio pelo, pero con el suficiente cacumen para estudiar la circunstancia de la víctima.Estudian el movimiento de la familia, sus costumbres y hasta defectos, integrante por integrante, de tal suerte que cuando dan el “sablazo”, dejan atónito al respetos de la amenaza pues saben, en efecto, dónde, cómo, cuándo y porqué del utilizado so pretexto para que se realice un depósito a determinada cuenta o, el mencionado, desaparece.
Obvio es que aquel o aquella corre a cumplir lo indicado, y más que le van dando seguimiento por el celular, y en fin, lo extorsionan y, más ahora en que los criminales se volvieron peor que el mocha orejas y le dan fin a la vida de el o la plagiada.
Pero miren ustedes como nuestro México es el paraíso de la impunidad, pues resulta ultra que desde el Partido Verde Ecologista propusieron en las alturas de la política nacional –en la aldea no hay tal luz ni sombra, o sea que ni fu y ni fa-, la creación de un fondo para recompensar a aquellas personas que den información sobre personas secuestradas.
Dos cosas: la primera es el ejemplo claro de que en Estados Unidos, la industria del secuestro no tiene sentido porque las cuentas de los plagiados y sus familias se congelan automáticamente y la segunda es que no existe el secreto Bancario en caso delictivo, es decir, estos compas no podrían dar un número de cuenta para que le depositaran, porque in situ se sabría el propietario de ésta a petición de la tira.
Digo, de aquel lado no hay modo de caer en las redes de los secuestradores, y mucho menos hay posibilidades de negociar un precio sobre la vida de un ser querido.
Pero algo muy distinto pasa en México, en donde los amigos secuestran a los amigos, los delincuentes gozan de protección policiaca, las bandas están muchas veces protegidas, cuando no integradas por agentes judiciales, y en donde hasta los partidos políticos, pecan de ingenuidad o ignorancia al sumar a la fiesta del secuestro un bote de recompensa para ¿Promover el autosecuestro?
No ha existido en México voluntad para terminar con esa infame industria. Los casos de las personas que pueden llevar su tristeza a los medios de comunicación son tan dolorosos como los que padece un padre de familia que no cuenta con los beneficios de la fama ni el dinero en tales dimensiones.
Los secuestros de los mexicanos anónimos resultan tan tristes como los de los mexicanos influyentes. Sólo que estos últimos cuentan con la bendición de dar a conocer su caso, mientras que cientos de similares situaciones quedan en el olvido. Un secuestro es una mancillación oprobiosa. Es un delito que atenta en contra de todas las libertades de un ser humano y que muchas veces, termina con lastres psicológicos que no permiten a las víctimas llevar una vida normal después del suceso.
Ahí esta el ejemplo terrible de los “secuestros express” y sus tremendas secuelas psicológicas que, terminan matrimonios, me cae.
Pero en México hay sospechas de que agentes policiacos se coluden con bandas delictivas y no pasa nada. Hay sospechas de cuales pueden ser casas de seguridad en donde operan las bandas mejor organizadas y tampoco pasa nada. En México, para que una familia pueda ver algunos resultados en los procesos de investigación, tiene que actuar como policía. Comprando evidencias, contratando sus propios investigadores y haciendo las denuncias por su cuenta. Y eso en algunos casos, porque la mayor parte de los involucrados no desea naturalmente, volver a saber nada más del caso y darse por bien servidos al recuperar con vida al ser querido.
Si eso pasa suponen que la corrieron con suerte y deslizan el hecho de que para los plagiarios fue un buen negocio, es un buen negocio plagiar, y lo van a seguir haciendo y, como en todo vicio, se degradan y es cuando, pierden, el sentido de respeto por la vida como en un principio lo perdieron por la libertad de sus primeras víctimas.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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