Los amarillos
René Delios
Luego de la polémica desatada entre Pío López Obrador y Alejandro Gamboa, en torno a la consulta del FAP para la apertura o no a la inversión privada en Pemex, queda claro que ambas vertientes perredistas locales no caminan en la misma dirección ni sintonizan en la misma frecuencia pues, obvio es que el FAP chiapaneco –PRD, PT y Convergencia- nada más no conculcan con AMLO y sus planteamientos.Y es que los dirigentes de esos tres partidos disque de centro izquierda, en verdad no lo son; su compromiso no esta con los valores mexicanos, menos con su historia; son consecuencia de la tecnocracia administrativa por un lado, y de la corrupción política en los partidos, por otro, y que en el caso de Chiapas –reiteramos- carecen de ideología pues, si sus dirigencias no son de origen, ¿con qué aval pueden mantener un ideario político que pugne por ideas de centro izquierda?
Ni Alejandro Gamboa, ni Carlos Penagos, ni Neptalí Ignacio Pérez –quien ni habla, me cae-, dirigentes del PRD, Convergencia y PT, respectivamente, vienen de una izquierda de lucha, ya no aguerrida; contrario censu les llegó fácil la dirigencia respectiva, y desde luego ninguno se formó desde las trincheras o corrientes internas de esos partidos.
De allí que su compromiso político no tienen nada que ver con sus respectivos documentos básicos –si los conocen-, ni siquiera con las siglas de sus partidos, sino con quien los apadrina, error grande pues en esa miopía Chiapas se queda sin voces de calidad en la política local, y en la peor, sin resonancia política ante el poder, pues los dirigentes para nada harán llegar con voz fuerte, el pensamiento político de los chiapanecos en torno a su gobierno, pues ni modos que todos estén de acuerdo de cómo se están haciendo las cosas.
Eso no es cierto.
Digo porque los partidos políticos constituyen unidades organizativas a las que se les reconoce el derecho de participar en un proceso de elección política por medio de la presentación de candidatos y programas de acción o gobierno, pero son a la vez la caja de resonancia de las diversas expresiones políticas al interior de éstos, que no son otra cosa que lo q ue piensa la gente de sus gobernantes, de su gobierno, de sus representantes populares y de lo que están haciendo por el bien de todos.
Obvio –que se parece tanto al chambismo, a veces, el proveer de funcionarios en cargos de confianza política o que requieran una decisión política antes que una técnica a los gobiernos. No son órganos del gobierno -¡que se entienda, eso ya pasó con el priato!- ni han sido configurados por los votantes, ni representan la voluntad general por lo que no son competentes para destituir de sus cargos a los representantes que en efecto habían sido elegidos por los ciudadanos, aunque se permite que los partidos presenten a sus candidatos a los electores como propios.
Tradicionalmente los partidos políticos se agrupan en un espectro que va de izquierda a derecha según sus propuestas económicas, políticas y sociales, aunque esta calificación a veces es un tanto ambigua y resulta difícil encasillar a muchos partidos dentro de este sistema: La izquierda incluiría a los partidos comunistas y socialistas, en el centro se ubican las tendencias socialdemócratas y liberales; y hacia la derecha se encuentran, democristianos, conservadores.
Se les apunta para que no se les olvide, porque luego, se sorprenden del abstencionismo, del que no ganaron “teniendo todo el apoyo popular” y quieren remediar su derrota en los tribunales de la Unión.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
