Tubo de ensayo

René Delios

Rostro y espejo

“Vamos a ir a quien más lo necesita, tenemos que ir haciendo más corta la brecha, no pueden haber chiapanecos de primera y de segunda, y por eso estamos trabajando y lo seguiremos haciendo, para que la educación sea cada vez mejor en Chiapas”, dijo Juan Sabines al dar por inaugurado el ciclo escolar el lunes pasado –allá en Suchiapa-, día en el que más de un millón 500 mil niños chiapanecos regresaron a clases, en medio de la polémica generada por el resultado local en el examen de oposición para maestros, que concursaron por mil 187 plazas y del total que ni al caso, 66.97 por ciento lo reprobó.
Y mientras el secretario general de la Sección VII emitía un exhorto inútil al magisterio federado chiapaneco –y el silencio prolongado del secretario general de la Sección XL era elocuente-, la lideresa del SNTE -es decir la madrina y jefa de ambos-, señalaba desde su trinchera sempiterna que las normales rurales y urbanas deberían de desaparecer, y el magisterio estudiar turismo.
No estaría mal, todo el tiempo andan “de pinta”.
El resultado pareciera decir que las normales mismas son de muy baja calidad –cosa que ya había señalado con certeza años ha Alfredo Palacios Espinosa a su paso por la SE pablista- y además, es evidente que están inmersas en dos frecuencias que denotan su contaminación ante la obligación educativa: la cuestión sindical por parte de los catedráticos, y la cuestión estudiantil, de sí radical, esto último especialmente en las normales rurales.
Creadas en 1922, la “rurales” iniciaron como centrales agrícolas manteniendo su esencia de formar profesores especializados en el medio rural y población indígena, además de incorporar a las pequeñas comunidades de la región al desarrollo del país a través de los trabajos de extensión educativa que las escuelas normales federales realizan.
Obvio es que, al ver la pobreza la concientización social se empezó a gestar en éste magisterio en formación; eso no cayó bien en el priato que, desde la Federal de Seguridad –ya gruesos en 1972- con la venia de Gobernación, empezó la logística de desgaste en contra de las normales rurales. Los planteles ya habían sido tachados en su momento de ser el semillero de guerrilleros como Lucio Cabañas, en Guerrero –la “23 de septiembre”, Primo-, y divulgar la ideología del socialismo científico de Carlos Marx y Federico Engels; desde esa fecha también las normales rurales han tenido como adversarios recalcitrantes a los propios gobernadores, ejemplo en Chiapas, lo vivido por la Mactumatzá en el sexenio pasado.
Así Mactumatzá, Chiapas, El Mexe, Hidalgo; Amilcingo, Morelos; Ayotzinapa, Guerrero; Hecelchakán, Campeche, San Marcos, Zacatecas, y la última, la que contuvo como pocas las envestidas de un gobierno represor y ganó su lugar en lo que se escribirá con verdad sobre ese periodo negro, ya cuando ese sátrapa de Ulises Ruiz no esté en el poder –porque siempre así pasa: la normal de Tamazulapa, Oaxaca, uno de los bastiones solidarios de la APPO.
En esa imaginaria, digo, las normales estatales tampoco han estado privadas de “contaminación” por cuestiones sindicales y políticas –de las que no se puede sustraer una universidad, un tecnológico o un politécnico, coño-; aparece el que, en ese intríngulis, la educación no es que pasara a segundo termino, sino que se volvió bandera de lucha y no de profesión y, las consecuencias se resienten especialmente en educación básica y, por ende, en todo el sistema educativo nacional, en el entendido de que, si la básica está mal, la profesional también: ¿Con qué promedio –grito al escenario de los exquisitos intelectuales- egresan los profesionistas en México; en qué nivel en el “ranking” mundial –pregunto a los académicos fanfarrones- estamos ubicados?
Nadie sabe, nadie supo, porque nadie quiere saber desde cuándo la educación básica está de la chingada, y usted y yo, o a lo mejor mi padre, fue secuela de la baja calidad de la educación en México y por ende en Chiapas, distante en verdad de la media nacional: no es una educación integradora: requiere de una clara reorientación y desde luego, de un importante incremento en la calidad educativa y de infraestructura.
Por eso “México laico” –y lo entrecomillo- no puede ser víctima ni de la retórica nacionalista del magisterio y ni de los credos azules del que hoy gobierna; ya sabemos –O sea que ya no podemos seguir en el engaño- que nuestra historia esta llena de dudas en sus hechos fundantes, con héroes que no lo son, con una Independencia más consecuencia de los problemas de España con Europa, con una Revolución que nunca concluyó porque no se cumplió el “gran cambio social” propuesto, y a lo mejor por eso, un siglo después, escenificamos éste “periodo de transición” sin serlo, con políticos anegados de suficiencia, en dónde la convicción partidista, la formación ideológica, se vende por una candidatura de donde sea, de quien la ordene –y más si es de palacio-, en tanto las políticas gubernamentales son populistas, coloridas, difundidas, pero ineficaces para reducir el desplazamiento social, la ausencia institucional, incrementar la calidad de vida, y alcanzar el desarrollo sustentable en cientos de miles de chiapanecos. Imagínense: hay zonas competas en Chiapas aun en desplazamiento social; entonces mide ¿cuánto falta para llegar al desarrollo sustentable?
Una de las bases fundamentales para tal fin es la educación integral, y anda mal.
A ésta desde luego se anexan otras muchas como comunicaciones, electricidad, salud, en fin, un buen, por lo que los triunfalismos ni al caso de parte de funcionarios sociales más dados a la foto que a los logros.
A lo mejor por eso a la gente le gusta la seriedad con que Sabines afronta hoy los asuntos grandes de los chiapanecos, lejos de los presidium homéricos que dejaban a la gente abajo, distante, para partir de lo que hay, sin inflar datos -¡Ya oíste Serrano Pino!-, y destacar los objetivos cumplidos, sin arrogancias tontas: “vamos a ir a quien más lo necesita, tenemos que ir haciendo más corta la brecha, no pueden haber chiapanecos de primera y de segunda, y por eso estamos trabajando y lo seguiremos haciendo, para que la educación sea cada vez mejor en Chiapas”.

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