TUBO DE ENSAYO

*El ensayo

René Delios

No hay que jugar a la democracia: no tiene caso homologar las elecciones estatales a diputados locales y alcaldes, sino no se incluye la de gobernador. Muy aparte del desgaste político que se genera por la peculiar política mexicana, subyace que la campaña para la elección del ejecutivo estatal, es la más costosa; la homologación busca abaratar la democracia, muy cara en México, sobre todo para Chiapas, que es una entidad con demasiadas carencias sociales como para tirar el dinero en un proceso que registra, altos índices de abstencionismo, que pese al preocupante fenómeno es lo que menos preocupa en las cofradías locales de los partidos políticos.
Sabemos que la democracia tiene tres dimensiones: la primera es en términos de la democracia electoral y esta tiene a su vez tres reglas básicas: respeto a las reglas, respeto al árbitro, respeto al resultado; entonces, todas las autoridades tienen que contribuir a eso, todos los candidatos y partidos tienen que contribuir a eso y la ciudadanía, es un proceso de corresponsabilidad.
Vamos a un escenario tecnificado, todas las encuestas así lo reflejan, y eso –al menos en la técnica- genera de alta competencia electoral, como no es lo mismo que mucha participación, aunque el equilibrio político se manifiesta cada vez más.
El segundo aspecto es que tenemos que hacer que los procesos electorales sean más baratos, más sencillos, más transparentes, de manera que todos los recursos, toda la energía que se pone en el proceso electoral mejor se ponga en la democracia sustantiva; por ejemplo que los dineros que se dedican a los procesos electorales mejor se pongan en proyectos de empleo, mejor se pongan a generar fuentes de empleo para los jóvenes, atender a las madres, en fin, que esos recursos se utilicen de otra manera.
Creo que el tema sustantivo es: tenemos que abaratar nuestra democracia, tenemos que simplificar nuestros procesos electorales.
El tercero tiene que ver con que estemos claros que la pluralidad llegó para quedarse, que en el escenario federal lo que se ve es un Congreso dividido, independientemente de quien gane, y hay una responsabilidad extraordinaria de los partidos para construir acuerdos. Tenemos que tener claridad de que deben estar por encima las necesidades del país que los intereses particulares; mucho nos cuesta al año el legislativo como para que luego no se pongan de acuerdo, y no construyan consensos.
Lo fundamental, como lo es que la democracia tiene que irse haciendo modo de vida en y entre nuestro pueblo, no sucede. La corrupción política, el tráfico de influencias y los abusos han sido la constante y ello se ha hecho un modus operandi y un modus vivendi en la política y la sociedad.
Por ello urge una nueva cultura democrática, que debe generarse desde los partidos políticos; por eso es una lástima la falta de propuesta desde éstos, el arrastrismo cuando no el arrodillamiento existente en la mayoría de sus líderes que no ven el Chiapas real y, callan por no cuestionar las deficiencias institucionales cuando, es esa parte de su labor y desde luego, se lo agradecerían más de lo que se imaginan no solo desde el gobierno, sino también desde el pueblo.
Pero qué podemos decir cuando hay un priismo prudente, un perredismo a modo, un convergencia, PT, PVEM, subyugados y un panismo miope. Desde el sexenio pasado, en que los partidos de oposición llegaron al poder en Chiapas, se colocaron los lentes que usaba antes el PRI para ver a su alrededor, y les quedó a la medida la camiseta institucional y jamás, cuestionan las políticas del gobierno y menos si son programas del afecto del gobernador.
Los dirigentes de los partidos no le están haciendo nada bien a la democracia interna y con ello a la calidad de la política estatal, lo que impacta en la democracia como forma y fondo de la política, para que ello se refleje en los prospectivas del gobierno, que más que la verdad hace lo necesario por mantener la apertura, la tolerancia, la idea de pluralidad.
Pero no ha habido la suficiente madurez para superar el aun periodo del “institucionalismo a ultranza”.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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