*Ojos de perro azul
René Delios
Nuevamente un hecho delictivo ha conmovido la conciencia colectiva.
Nuevamente la sangre y el dolor concatenados hacen reaccionar a las autoridades autoritarias y ególatras. El secuestro y asesinato de un menor de edad miembro de la prominente familia Martí, cuyo único pecado fue la de ser muy trabajadora y consolidar un exitoso negocio en enseres deportivos que alcanza a tres generaciones.
El atroz homicidio en contra del niño Fernando Martí ha ocasionado que las voces de miles de ciudadanos se escuchen por todas partes exigiendo justicia, cabrón.
Una vez más la sociedad se siente vejada, ultrajada, impotente ante la ola de delitos sanguinarios en contra de personas que no son delincuentes, sino personas de bien, que aportan mucho a su comunidad y a la nación con su estudio, con su trabajo, con su conducta y forma de ser dando ejemplo de ser buenos ciudadanos.
Y los funcionarios siguen, con el afán infame de cuidar la chamba, diciendo que no hay tales niveles de delincuencia en esto y lo otro, como Amador Rodríguez Lozano en torno a Chiapas, cuando los diarios sensacionalistas de Tuxtla y Tapachula, dan cuentas en su nota roja de asesinaros y asaltos diarios, con todo y gráficas de primera mano que, sorprenden de tan oportunas, me cae.
La violencia en contra de la sociedad, y no me refiero en lo particular sólo a Fernando Martí, ni a otras personas que también han sido secuestradas y que algunas afortunadamente tuvieron mejor suerte al continuar con vida, gracias a quienes son o por ser de familias importantes, le dan mayor relevancia en las noticias a su caso y es lo que en la mayoría de las veces nos cimbra y sacude como este lamentable suceso de Martí. Porque si fuera otro tipo de rico, es decir de pueblo, ni un ruido: si acaso un espacio en la nota roja, como cualquier ganadero de la costa que ha sido secuestrado y hallado después muerto.
Por eso nos debemos sumar al sentir y exigencia colectiva de poner un alto a la inseguridad y defender nuestra libertad y nuestra vida de las malas intenciones de los desadaptados sociales, que por unas monedas no miden el daño y la destrucción física, moral, anímica y mental que le ocasionan a la gente cercana de sus víctimas.
Pero eso es muy diferente a politizar el asunto.
A tomar la bandera de la inconformidad social y a enarbolarla a modo para ganar marketing como lo esta haciendo Calderón, cuya popularidad esta en los suelos pues, suben los precios, baja el poder adquisitivo y con ello la calidad de vida, mientras tanto, los empleos –incluyendo los de gobierno, me cae- son mal pagados y los patrones y jefes sobre explotan nuevamente al trabajador, con jornadas que superan las ocho horas, como se ve en cualquier tienda departamental. De esas que han llegado recien, y que tanto celebran las autoridades, en dónde las jornadas de 10 horas por pago de ocho son comunes, como sucede también en el gobierno –en sus tres niveles- en los que, hacen trabajar a la gente hasta los sábados, cuando no hasta deshoras de la noche sin pagar las respectivas horas extras, pese a que están presupuestadas.
Digo, ejemplos, hay bastantes de lo que esta irregular, como los índices de delincuencia registrados en México, que creció por descuido de –o la confabulación con- alguna ala de gobierno.
Por eso da risa irónica que, de pronto, el tema de castigar el secuestro, sea la moda política, cuando tiene tiempo que es en México un flagelo social.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
