TUBO DE ENSAYO

*Sombra espía

René Delios

No hace mucho se vivió en Chiapas algo parecido a lo que acusa Beltrones y Espino; en los tiempos de Alfonso Utrilla –prófugo de la justicia-, cuando éste se desempeñaba como secretario de gobierno en Chiapas, se espiaba a la gente. La fecha: 1996, Zedillo como presidente, Labastida como titular de gobernación y Roberto Albores como gobernador del estado de Chiapas.
En esos tiempos de guerra de baja intensidad nos averiguaban a todos: había orejas, madrinas, soplones al servicio del Cisen, gobernación, el ejército, la PGR, la procuraduría de Montoya Liévano, en fin, ojos de perro azul por todos lados.
Educado por años en el Cisen tricolor, Alfonso Utrilla no dudó en adquirir dos scaner para celulares; en ese entonces –y por cierto solo pareció uno-, se dijo que cada uno tenía capacidad para 5 mil aparatos telefónicos; cierto o no, el espionaje era evidente: hasta los taxistas participaban en ese ilícito de espiar y se averiguaba –en medio de la guerra de baja intensidad en la región Chol- hasta lo que hacían las amantes de los más altos funcionarios que, de vez en vez, eran cuestionados sobre cosas muy personales para medirles la lealtad, y más de uno renunció por la dignidad de mantener su vida privada que ya no lo era tanto, pues la tenían bien averiguada.
Un ex policía alguna vez le comentó a éste escribidor de bodrios, que seguían a los hijos e hijas de los altos funcionarios, y más a los que mostraban cierta simpatía por los “rebeldes”, especialmente por el subcomandante “Marcos”, un ícono en aquel entonces, cuya personalidad superaba solo con hablar, toda credibilidad institucional.
Así se vivía en los tiempos grises del alborismo bajo la presión bárbara de Labastida, secretario de gobernación de entonces e histórico candidato perdedor, hoy senador sin memoria. Francisco Labastida Ochoa sabe muy bien que es eso de espiar; lo hizo su equipo una vez visto que no iban a rebasar a Fox en la elección de 2000; pensaron en las traiciones y culparon primero a Zedillo e incluso, Bartlett dijo una vez perdida la presidencia que, el de Tecate debería renunciar al priismo; nadie lo renunció, pero la debacle priista era ya evidente.
Obvio es que con el asunto del espionaje, y con Calderón nuevamente fuera del país –lo que pareciera ser el modus operandi de Espino Barrientos para hacer sus denuncias-, el ex dirigente panista ataca por la espalda al presidente y en su libro de cuentos cuenta que a él, en efecto, lo han espiado en México y en Europa, aunque para lavar un tantito su imagen cuestiona a Beltrones y sus riquezas repentinas.
Paso en falso.
La verdad es una vergüenza esa estrategia de espiar, pero eso ya es de cada gobierno, de la idea que tengan de la política y de los niveles de lealtad entre sus integrantes.
La cosa es el morbo, increchendo mientras el tema central como la reforma energética se vuelve cosa menor para el uso de los medios informativos, que destacan, insisto, lo menos y deslizan lo más importante como lo es el darnos a conocer a detalle, qué opina el pensamiento mexicano en torno a ese tema crucial para los devenires del país.
Pemex es una cosa más de la gran estrategia mexicana; sabemos que, sus riquezas no van a llegar al pueblo de México; llega ya en partidas politizadas primero en la presidencia y filtradas después en el Congreso de la Unión. Si esa riqueza fuera de los mexicanos como dicen, desde hace mucho tiempo no habría tanta hambre por todo el territorio nacional, y que constituyen todo un fracaso testimonial de las políticas sociales mexicanas, más allá de las siglas y el transcurso del pasado y presente siglo.
Se debe mantener la idea de que, sino deslizar al menos no imponer eso del espionaje por sobre la actual discusión nacional. Que Manuel Espino Barrientos y Manlio Fabio Beltrones se desgarren las vestiduras de su intimidad violada, pero que los debates sigan, por encima de todo afán de lucimiento, y menos por dos personas que quieren hacer valer sus cotos de poder desde ahora.
Doble contra sencillo que Beltrones va a buscar la candidatura grande, como lo va a hacer Espino y el opus deí tras él: a doña Martha no le gustó salir de Los Pinos.
Ambos pegan hasta arriba y acusan al presidente de propiciar el espionaje pasado de moda, cuando hay tanta cámara oculta que, como a René Bejarano, desenmascaran a distancia la corrupción de cualquiera.
La fobia es tal que, algunos funcionarios en el D.F. -¿Los habrá en la entidad, así de desconfiados?- prefieren platicar en cafés de mala muerte que enfrentarse a micrófonos unidireccionales y sofisticadas cámaras de un tubo de alta definición instalados en sus oficinas.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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