TUBO DE ENSAYO

*Los añiles

René Delios

Mucho le han endilgado a Cesáreo Hernández Santos, candidato a la dirigencia estatal del PAN, el ser objeto de una cargada política por parte del ala chiapaneca cercana a Germán Martínez, el dirigente nacional panista. Quisieran llamarlo calderonista luego de que la actual dirigencia y su candidato, fueron abiertamente seguidores de Manuel Espino, el pasado dirigente, que vino a Chiapas a tronar la poca imagen que aun conservaba el PAN al obligar a su candidato a la gobernatura, Paco Rojas, a renunciar a favor de José Antonio Aguilar Bodegas.
En política, la forma es fondo, señala Jesús Reyes Heroles, y pues ahora están pagando las consecuencias, pese a todo tipo de artimañas a lo priista o perredista, que están realizando desde el equipo del otro candidato a la dirigencia estatal azul, Carlos Palomeque Archila, quien fuera dirigente de ese partido anterior a éste periodo de Víctor Méndez Sarmiento, y vuelve por sus fueros como si en ese blanquiazulino, no existieran más cuadros que el de ellos.
Cercanos al equipo de Calderón Hinojosa, jóvenes como Cesáreo Hernández trabajaron en la campaña calderonista en la ciudad de México, y terminada ésta, muchos se regresaron a sus entidades para seguir con su trabajo político, pero se encontraron con cofradias impenetrables que no dejaban que el cambio generacional se diera; contrario censu, empezaron a ver a los delegados federales –que es otro grupo aparte en el PAN- como los adversarios acérrimos del localismo que el panismo tradicional practica, olvidando que todos son chiapanecos con formación política, y de la buena, en el centro.
Pero como lo único válido es lo de ellos, los Rojas, los Palomeque o los Méndez, pues aplicaron una serie de sarandeos hasta culminar con el hecho de que se da una cargada a favor de Cesáreo Hernández, como si las llamadas cargadas no fueran cosa común en las campañas políticas.
Lejos esta de la memoria de Carlos Palomeque, los contratos que como dirigente le hizo a la empresa de su hermano, para remodelar el edificio panista, y más lejos esta de su recuerdo la forma en que cabildeo para que los cercanos a él, es decir, los mismos de siempre, lograran carteras o candidaturas.
Por su parte, Víctor Méndez Sarmiento, el dirigente a punto de irse, de opositor recalcitrante en la campaña a gobernador, se volvió un mutis.
Como dirigente de un partido opositor al actual gobernador, enmudeció ante las realidades de Chiapas y el PAN se volvió una tumba. Lejos quedaron las apreciaciones de las cosas chiapanecas y sus grandes temas como si la ausencia institucional y el desplazamiento social existente, hubieran desaparecido desde el punto de vista del dirigente azul.
La dirigencia estatal panista no ha sabido ser oposición y hasta el mismo Cesáreo Hernández un tanto justifica eso al decir que él ve bien la relación que el gobernante chiapaneco lleva con el gobernarte mexicano, en algo en lo que coinciden, lo que augura que la dirigencia cesarista, de darse, no mostrará observancia de las cosas chiapanecas, y ya ni se diga la perredista, que se le va de las manos a Alejandro Gamboa, casi incondicional al gobierno.
Los partidos no son coristas: son los que depositan en el ámbito político el concepto, la idea, la concepción de la militancia ante el poder, sea el ejecutivo o el legislativo, por las vías correspondientes.
Si un partido se hace sumiso, se atasca la evolución política y con ello la cultura democrática.
Se apunta para que no se olvide.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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