TUBO DE ENSAYO

*Con suma

René Delios

Imposible negar que en Chiapas se sufre de narcotráfico.
Todo lo indica, desde que en 1997 iniciaron los ajusticiamientos en la región Costa-Soconusco de los que nadie se acuerda, y que atribuyeron a la llegada de los Maras Salvatrucha y Barrio 18 a la zona, para medio camuflar la incapacidad del gobierno de entonces, presidido por el gris Julio César Ruiz Ferro que, no sabía de Chiapas nada, tan es así que no sabía que Coita y Ocozocoautla eran el mismo pueblo.
De pronto, nada: la actividad se redujo en el trienio de Albores y en el sexenio de Salazar. El corredor chiapaneco, como le llaman en el argot de las calles, no afloró sangre, violencia, y obvio es que las diferencias entre carteles y a la vez éstos con el gobierno, se aplanaron.
Fueron años sin broncas en los que la imagen de Chiapas se recuperó, especialmente en el sexenio de Salazar, luego que en el de Ruiz Ferro y parte de la administración alborista, se generó una guerra de baja intensidad que no benefició en nada al gobierno federal, y contrariamente generó once mil desplazados –que atrajeron a la Acnur-, que tuvo como colorario la masacre aun impune de Acteal, en medio de un Chiapas militarizado –severamente cuestionado y7 desprestigiado por eso en el concierto humano del mundo- que distrajo a las autoridades de todos los niveles de gobierno, que nunca vieron a modo que se les estaban colando otros flagelos sociales so pretexto exclusivo de aplastar al EZLN, como el narco, la trata de blancas, el contrabando de todo, el tráfico de seres humanos y de armas que ahora sorprende a todos, pese a lo obvio que, la selva era porosa, lo que iba a ser aprovechado por el crimen organizado.
Además ese descuido desarrolló células criminales en El Petén -la homologa de la Lacandona-, y así fue por años hasta que a finales de mayo pasado el presidente Alvaro Colón la selló con la armada nacional de ese país, como supuestamente lo había hecho Salazar del lado chiapaneco con la presencia de Mariano Herrán Salvatti en la entonces procuración de justicia.
Y así podríamos irle abonando a las estrategias para “reconstruir el tejido social” que nos clarificarían que si bien la imagen de la entidad en el exterior fue mejorando con la desmilitarización foxista, la seguridad en la tenencia de la tierra, la tranquilidad social y el retorno de refugiados –y el arresto y procesamiento de mucho inocente, libres ya por la ley sabinista de sentencia suspendida-, y la desmovilización de la lucha social y el estatismo político al desmantelar organizaciones o comprar conciencias en el pasado régimen, pues dieron la idea de una entidad a toda madre con una vía rápida a México, un nuevo aeropuerto, un puerto de altura, y mucho campo para la inversión, además de su lugar privilegiado en el continente, primo: a la mitad del mundo.
Ya recientemente el decomiso de un rancho en Palenque y de un millón de dólares por Comitán, la captura de una serie de burritos en San Cristóbal, la balacera en Tuxtla y la suma de asesinatos de ese solo día por todo Chiapas, advierte que el clima es hibrido, no el que describen las autoridades.
Si bien lo sucedido en Tuxtla es un brote de la capacidad de lo ilícito en la entidad, deja en claro la violencia con que lo pueden hacer. Es una muestra de que están pertrechados hasta los dientes, y con gente dispuesta a todo, sin ideología, religión, patriotismo, nada: pura lana y en dólares.
Entonces algo los inquieta.
Sabemos que por su actividad siempre son de lo más discreto, salvo cuando quieren mandar mensajes a la autoridad –o marcar territorio entre carteles-, y el exceso armado mostrado por los sicarios el pasado fin de semana, parece eso: un mensaje.

Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

¡Comparte la nota!