TUBO DE ENSAYO

*Los narcos

René Delios

No nos dejemos engañar, ni mucho menos intimidar. Lo que parece escalada de violencia de parte del crimen organizado son sólo tácticas de propaganda para ganar cobijo social y obtener espacios de impunidad manteniendo a raya a las autoridades. Así lo dijo el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, en la sexta reunión de secretarios y directores de seguridad pública celebrada en San Luis Potosí.
El secretario habló en teatral coordinación con el procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, quien la semana pasada afirmó que “estamos ganando esta guerra, aunque no lo parezca”, como si ambos tuviesen el mismo equipo asesor de expertos en psicología de las masas, mientras Manuel Espino Barrientos –el ex dirigente nacional del PAN- señalaba a los medios lo que todo mundo piensa: “estamos perdiendo la “guerra” contra el narco”.
“Guerra”, palabra y descripción preocupante pues en medio de ésta ambos bandos no respetan la vida de los civiles, y dado el cómo hablan los señores, como que es hora de revisar si los dos altos funcionarios son los adecuados para conducir esta “guerra”.
Para la ciudadanía común y corriente el crimen, organizado o no, florece en México entre otras cosas, por la impunidad comprada a autoridades policíacas, judiciales y políticas, cosa contraria a la que señala el presidente en torno a que los medios le dan mucho espacio a las acciones del narco, deslizando el mandatario el que, ha sido la música, especialmente la norteña, la que ha reseñado desde “Camelia la Texana”, hechos y desechos del narcotráfico, con un éxito tal que las ganancias –por ejemplo de los Tigres del Norte- han sido de tal volumen que ninguna autoridad censuró esos temas bailables: “La Reina del sur” fue el último hitazo de los Tigres del Norte en 2002, inspirada en la décimocuarta novela del autor español Arturo Pérez-Reverte, publicada ese mismo año. El libro narra la vida de Teresa Mendoza, una mujer mexicana nacida en Culiacán, Sinaloa, que se traslada a vivir a España, donde se envuelve en las redes del contrabando y narcotráfico de aquel país. La historia muestra la vida de Teresa, sus deseos, ilusiones y amores e incluso sus negocios ilícitos en su nueva patria sin dejar atrás sus raíces mexicanas.
En 2007 la policía federal detiene a Sandra Ávila Beltrán, alias ‘La Reina del Pacífico’, una importante narcotraficante buscada en México y por la Dirección de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés), informaron fuentes oficiales.
Inmediatamente la opinión pública la hizo heroína, por ser una mujer de pistolas y drogas, cuando en verdad es una peligrosa criminal, cuya actividad irremediablemente es asesina, y al conocerse que la dama –abuela de una niña de cinco años en ese entonces- era quien era, causó conmoción en el Jardín de Niños al que iba todos los días a dejar a la nieta, e inclusive participaba entusiasta en las juntas de padres de familia, en fin, una abuela común.
Era en verdad el diablo.
Así que no son los medios los que popularizan a los narcos; éstos ganaron prestigio por medio de los grupos norteños, cuya descripción de enfrentamiento a balazos con la policía era común, lo que generó la idea de valentía y honor por parte de los capos, al estilo de la mafia siciliana, cuando no son –desde dónde se les analice- más que delincuentes.
Sí, la federación pierde la lucha contra el narco; también muchos de sus elementos están muriendo. Hay mucho infiltrado del gobierno en los carteles y eso alborota la gallera de lo ilícito, al grado de que la noticia no son los kilos de los decomisos, el que Juan Carlos Mouriño diga un “no” a la supervisión del Plan Mérida de E.U. con México, sino los más de cinco muertos diarios promedio desde que inició el año, que a la fecha significan mil 500ejecutados en ambos bandos, cantidad espeluznante para una nación en tiempos de paz.
No, no hay paz; hay una clara guerra por todo el territorio nacional que, por fortuna no se ha desparramado por Chiapas, entidad que pareciera al marguen del interés de los narcos cuando, esta hasta las manitas, en el entendido de su porosa frontera de la que pocos hablan pero de la que todos saben.
En medio de ésta vaina surge la pregunta del ¿por qué, si las autoridades ya “detectaron” la estrategia propagandística de los maleantes –pues el presidente insinuó que los medios aceptan dinero negro-, no les pagan con la misma moneda y aprehenden a sus “cómplices”, o cortan su flujo financiero –que ha de venir de Colombia o E.U., ni modos que el Banco de México no pueda hacer un estudio sobre el particular, en el entendido mexicano de que eso del secreto bancario es como el 7, 11 o 123 constitucionales, que a la hora de hacer valer el poder, vienen valiendo madre-, o refuerzan militarmente la frontera sur y detienen el contrabando de armas y se aseguran de que los detenidos sean debidamente juzgados y sentenciados?
No, porque los flujos de capital son ultra secretos y el conocimiento de que el gobierno puede conocerlos a su arbitrio, significaría mucha fuga de capital ilícito que también es saludable para el equilibrio financiero del país: México esta hasta las manitas del otro mal: el lavado de dinero.
Así que también el aparato usa la propaganda y detalla sus logros en contra del narco; lo trató de hacer Mourillo hace unos días cuando, “desafió” a E.U. diciendo muy jorondo que México no permitiría la supervisión de los gringos en torno al Plan Mérida; los gringos están dando una lanisima para ello. Es su dinero y México lo esta aceptando y, al hacerlo reconoce que no puede solo.
Por eso Manuel espino y otros de la política señalan convencidos de que México esta perdiendo la guerra ante el narcotráfico, y necesita a E.U. para equilibrar las cosas, ante estos carteles que no tienen ideología, fines políticos, sentido social o credo, y que son un asunto que no debería verse desde el punto de vista soberano como lo hace Mouriño, o Jurídico como lo hacen en el Banco de México, sino como lo que es: un grande problema continental.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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