TUBO DE ENSAYO

Ruta de sangre

René Delios

Hay una guerra deinter-mafias, de casi todos contra todos -que poco tiene que ver con reacomodoscomo dice Calderón, con la intención inútil de minimizar el asunto ante elmundo-, excluidas las alianzas -que cada vez parecen más temporales. La otraguerra es la que libra el poder público contra esas mismas mafias o”delincuencia organizada”, buscando acabar con ellas.

En realidad,como la naturaleza humana no cambia en sus fuerzas y debilidades, la luchacontra quienes subvierten el orden público, es y será interminable. Lo únicoque podemos esperar es que la acción ilegal de la delincuencia organizada,sobre todo del narcotráfico, se vea reducida a una mínima expresión.

Cuando se tratade una guerra “convencional”, sea entre naciones o entre el Estado y un gruporebelde -insurgente-, el poder de una parte puede terminar la guerra, con larendición, la deserción o el exterminio de la parte contraria. Ante ladelincuencia es otro cuento, no es un frente, son muchos y diferentes.

En la historiamoderna -eí en el Internet- hay todos los casos. Grupos rebeldes se apoderan denaciones, como en Cuba. En estos casos, un pequeño grupo guerrillero -más quemilitar- no parece tener posibilidades de triunfo. Pero cuando tiene una causasocial, y si su contraparte está desunida por intereses contradictorios, losgrupos pequeños triunfan.

No es el casodel narcotráfico. Son grupos beligerantes relativamente pequeños, pero sin unacausa social o religiosa. Se trata de mercenarios a sueldo, de “sicarios” queluchan por lana fácil y con la idea de trepar rápidamente la escala del poder yconvertirse en “capos” del negocio de la droga.

Sí, es unacarrera, un escalafón, como en todos lados, pero distintas intenciones.

Los guerrillerosen cambio, tienen un propósito que desborda sus propios intereses personales,una causa social, patriótica: tomar el poder para beneficio del pueblo. Esentonces cuando pueden ganarse la simpatía popular, sumar adeptos yeventualmente ganar el poder, o corromperse y ser tiranos como sucedió enmúltiples casos en Cuba y la URSScon los que pesnaban diferente a esos regimenes.

En cambio, lagente puede admirar al narco, pero no lo quiere; cantan sus corridos en laborrachera, pero de saber que hay uno cerca, se asusta, le hace daño.

Así, lapersonalidad, intereses y el perfil básico del mercenario de la delincuencia yel combatiente de la guerrilla, son muy diferentes. Pueden tener, sin embargo,rasgos comunes, como es entrarle al peligro por el gusto de enfrentarlo, pelearpor el extraño magnetismo de las armas y hasta por el placer de matar.

Como aquellegendario “Tiburón” pistolero del cartel de Tijuana, que mataba uno a lasemana en “temporadas bajas” para practicar, tomando ciudadanos al azar, a losque investigaba como si fuera un encargo de sus jefes, y la seña para dispararera cuando se hacia la víscera de la gorra hacia atrás.

Hasta películale hicieron los Almada que, como los Tigres del Norte en la música, resaltansus “hazañas”.

Defender una “causa”no es lo mismo que defender un negocio ilícito o proteger la vida de undelincuente. ¿El pago? Puede ser siempre muy elevado.

Otracaracterística de las “fuerzas armadas” de la delincuencia es que no son gruposcompactos, con orden y disciplina militar, aunque incluyan ex-militares o ex-policías. En relación con los organismos militares o paramilitares del Estado,son muy pequeños, no disciplinados (aún siendo obedientes) y armados sinverdadera estrategia, aunque tengan el poder de fuego de fusiles AK-47 y hastagranadas y bazukas.

Han llegado adar golpes de mano al gobierno, en buenos vehículos y fuertemente armados, peronada más.

La policíafederal mexicana, integrada con elementos de formación militar en su mayoría,el ejército y la armada, tienen un perfil diferente al de grupos de sicarios.Son organizaciones disciplinadas, adiestradas para seguir el mando y armadas enforma estratégica, para enfrentar diversas situaciones y poder de fuego.

Otra diferenciaes el espionaje o la infiltración del narco en las policías y la milicia,frente al servicio militar de inteligencia. Este último ha dado muchas muestrasde su eficiencia; el adiestramiento del personal y su equipamiento dan frutos.

Además tienendinero de sobra y no tienen que llenar formatos, esperar los tramites, ni laradicación de partidas: la delincuencia organizada puede reclutar, y recluta,elementos ex-militares o desertores del activo. Pero no les es suficiente. Aúnel grupo conocido como los “zetas”, es relativamente pequeño frente a lasfuerzas armadas del gobierno.

Las fuerzas delorden pueden ser visibles, los sicarios no; delatarían a su jefe.

Por eso sudesplazamiento como unos chitas, y de pronto, de la nada, irrumpir con muchavelocidad.

No, no estoyaquí dandole publicidad a lo ilícito, como acusa Calderón a los medios quedifunden lo que hacen o se dice de loas narcos; pero más que la verdad están,son, y crecen perpendicularmente.

Bueno sería queentre ellos se mataran, se acabaran, se concluyeran, pero vendrían los queestán de bajo de los que mandan ahora: es ya una cosa establecida.

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