*Todo terreno
René Delios
¿Los gobiernos tienen personalidad propia?
Desde luego que no. Esa “personalidad” deriva de la formación ideológica del gobernante y desde luego, del proyecto de gobierno diseñado ex profeso y hasta eso, con lo que hay.
En el caso tuxtleco la cuestión es que el gobernante o más bien, el ejercicio de gobierno no adopta una personalidad propia, sino que se cuelga de la imagen de Sabines. Incluso usa el slogan del hoy gobernador con eso de “Al pié del cañón” que, no es literalmente cierto y sí algo figurativo que ni por asomo llega a lo metafórico.
Sin embargo, en el proyecto de gobierno de Valls, quien es el alcalde, se observan cuestiones inherentes a ésta Tuxtla entre la modernidad y el conservadurismo: la cuestión social y la cuestión económica; Valls es un hombre emprendedor de una química mental distinta a la conocida en el político tuxtleco; formado en el efectismo, hay sensibilidad social pero a la vez, logros sustentables que, fomenten la expansión del mismo, y no se acartonen por su bajo rendimiento: Valls le apuesta a modernizar, es decir, a usar las herramientas modernas para el diseño de la Tuxtla del tercermilenio.
La cuestión del desorden urbano tuxtleco es que desde tiempo ha, se creyó que esta ciudad no pasaría de la once oriente y quince poniente; de la quinta norte y periférico; el problema es que sí sucedió y en menos de treinta años. Seis lustros veloces que en el tiempo de una ciudad no son nada, y que advierten de que el desarrollo urbano necesariamente debe pensarse ya con perspectiva.
Aun con eso, es curioso ver como los gobiernos panistas se preocuparon primero por desbaratar los bastiones tricolores antes que el reordenamiento urbano; se preocuparon antes por lo legal que en la realidad tremenda de que la gente sin casa, era delincuencia potencial.
Los panistas perdieron la capital del estado, con Sabines, por ineptos e inadaptados a la transformación de la ciudad; la ciudad mostraba además que, su cuestión social no era privativa sino que era consecuencia cualitativamente y cuantitativamente de cada rincón del estado: la caja de resonancia.
En efecto: Tuxtla es el reflejo de todo Chiapas; en su densidad poblacional se manifiesta lo recurrente en las estadísticas de desplazamiento social, marginación, analfabetismo y desempleo, agregándole a esto ingredientes propios del medio de referencia como la venta de drogas, trata de blancas, clandestinaje, delincuencia organizada y de la peor, la juvenil, que denota otro fenómeno social de muy necesaria atención. Pero también aparece la modernidad urbana, lo último en diversión y hasta apuestas, y espacios para los bolonautas tan caros como los más caros de Cancún o Saint Tropez, aun el cochi que dan de botana -y vendida- provenga de matanzas clandestinas.
Las declaraciones vertidas al Diario de Chiapas por parte del responsable de salud pública municipal, advierten -aunque no dio estadísticas- que el consumo de enervantes por parte de jóvenes, pareciera ir en aumento, ¿Sino el para qué de la información?
Tuxtla no es la ciudad más segura del estado; no es la ciudad más segura del país.
Sus niveles de desempleo son altos y desde luego, los empleos que llegan la mayoría son de mostrador y de salario mínimo.
¡Claro! Muchos no habíamos visto un Sambors, un Liverpool, un Vip´s y demás parafernalia de franquicias -y menos que nos dieran todo tipo de tarjetas más para el bloff que por la necesidad de endrogarnos-, pero eso no es industria de la transformación, la que genera divisas y valor agregado para las arcas del estado y, desde luego, empleos de calidad que a su vez, proponen ideas y a la vez, desarrollo.
Hoy escucho que la palabrita de moda es el “desarrollo sustentable” cuando no “integral” y ya en el tecnicismo finísimo “transversal” que, deriva más de los planteamientos de la cuestión de género, que del modernismo administrativo, aun con mucho, misógeno; lo usan -decía- mucho en la aldea cuando esas palabritas datan de treinta y siete años. La vaina es llegó el Ruiz Ferro, aquel gobernador gris que impusieron desde el centro del país y se fue chispado de Chiapas luego de la matanza ocre de Acteal, ese hecho sangriento que para gobernación ya no importa pues, ya cerró la oficina referente a Chiapas, para dirimir la inconformidad indígena que, inició aquí, cosa que no quiere decir que acá radique, en una miopía más del Mouriño que cree que el EZLN es Chiapas y no cada uno y una dentro de cada una de las 56 naciones indígenas existentes en México.
Pero esa es otra historia, la histeria que nos ocupa versa sobre la personalidad propia de los gobiernos, cosa que lamentablemente no le veo a la administración de Valls, repito, colgada a modo en la imagen de Sabines que, más que la verdad no tiene porqué cargar con los errores de otro.
Porque ese es el riesgo: qué éste nuevo gobierno también al pie del cañón, no cumpla sus objetivos. Al momento se habla de pleitos ya casi inevitables con personalidades del gabinete legal y ampliado, que como sucedió con Araujo Sánchez, si bien es confrontación entre políticos, al final de cuentas esperemos que no afecten a la comuna que, entusiasta, confía mucho en Valls.
Como confía en Juan.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
