*Tras la vela
René Delios
El Nuncio apostólico en México, el francés Christophe Pierre, llegó a Chiapas y se fue pronto, aunque con el tiempo para “constatar” la pobreza que hay en la entidad.
Lo bueno es que no es brujo.
El diplomático vaticano llegó como tal a México el sábado 2 de junio 2006, por instrucciones del Papa Benedicto XVI. Fue a éste Nuncio al que le tocó cumplir la instrucción papal de que sería Tuxtla, y no la Diócesis más antigua del estado, la que sería sede del nuevo Arzobispado, lo que dejó fuera a Felipe Arizmendi que ya sentía sobre sí la Mitra respectiva.
Arizmendi no fue el obispo esperado por los coletos que mantuvieron por cuatro décadas diferencias enconadas con su antecesor, Monseñor Samuel Ruiz García. Moderado, más de tendencia social a la izquierda que a la derecha, el obispo de Los Altos bien pronto se ganó el respeto de su feligresía indígena, pero también la tolerancia de la coletada radical, que lee en los medios impresos sus razonamientos teológicos y apreciaciones de la cuestión social y política de y en Chiapas, sin caer en los extremos como lo hacia el “Tatic”.
En cambio, el Arzobispo Rogelio Cabrera es moderado. Sin embargo no deja de apreciar el rezago social y las equívocas políticas que aplican desde la federación o el gobierno estatal en torno a la cuestión social, sin observar los particulares intereses de las comunas.
Cabrera, incursiona con mucha suavidad en las álgidas cuitas sociales del estado. Amigo del gobernador, el obispo no ha merecido más que atenciones de éste y, no cometería el error grande de cuestionar sus políticas.
¿Entonces para quien fue el mensaje del Nuncio cuando dijo que a la iglesia no le interesa mezclarse en la política?
Obvio es que el Nuncio sabe que está en la política la fina instrumentación para lograr sus objetivos de “evangelización”, como el que se imparta religión en la educación básica del país, como fue la sugerencia del arzobispado primado de México, lo que sería pandear los preceptos establecidos desde las Leyes de Reforma y reiterados en 1917 en el 3ro. Constitucional, que en parte dice que “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El estado -Federación, Estados, Distrito Federal y Municipios-, impartirá educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria.
(Reformado mediante decreto publicado en el diario oficial de la Federación el 12 de noviembre del 2002).
La educación que imparta el estado tendera a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentara en él, a la vez, el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.
(Reformado mediante decreto publicado en el diario oficial de la Federación el 05 de marzo de 1993).
I. Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa;
(Reformado mediante decreto publicado en el diario oficial de la Federación el 05 de marzo de 1993).
¿Así, o envuelta para regalo?
La educación en México no tiene religión, como tampoco el clero debería incursionar en política, pero sus jerarcas los hacen e inciden con más frecuencia que la deseada en ésta, opinando sobre los equívocos sociales de las políticas públicas y de los excesos o demagogias de los políticos vacuos.
Así que resulta por demás risible, fuera de contexto, que el Nuncio venga a tierra de indios a decir que a la “Iglesia no le interesa mezclarse en la política” mexicana en supuesta respuesta a lo dicho por Ruth Zavaleta, la Presidenta de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Federal de Diputados, sobre el que si los sacerdotes ya votan, pues que también sean votados, esto es, ser candidatos para ser electos mediante el voto.
El Nuncio se desgarró las vestiduras: “no es nuestro papel postular presidentes municipales”.
¿Y entonces porque se meten en todo tema nacional?
¡O le diejron a Arizmendi que se disciplinara a las directrices de la arquidiócesis?
Desde Felipe Arizmendi y hasta Norberto Rivera observan y cuestionan de todo, al grado de que ya no es motivo de polémica el que los curios opinen de lo que sea y por donde sea, como era antes.
La iglesia esta inmersa en la política y ya es inherente a ella, y aun la extensión del protestantismo, es la más densa, compleja y a la vez enterada y ligera del país. Sus redes y recursos son múltiples como su presencia en la comunidad más distante o recóndita.
Llegó hace décadas a donde no llega el gobierno aun, y lo mismo se relaciona en lo oscuro que en lo claro, con lo bueno y lo malo; es lo bastante vieja y experimentada para irse y a la vez quedarse -como el universo-, y aceptar derrotas como triunfos como cosa diaria.
Luchó contra la ley del aborto, pujó contra la convivencia entre igual género y combatió la cuestión de género primero en Europa y E.U. y ahora en América Latina -y apoyo a Hittler y a Musollini-, y ahora pugna por inculcar el culto desde las escuelas de educación básica, desafiando un precepto constitucional fundante del México moderno , como lo es la educación sin Dios-, para una adolescencia anegada en corrientes internacionales -la llamada globalización cultural que entra en México como cuchillo en mantequilla, y que es más grave que la inversión extranjera en PEMEX ¡Ignaros Legisladores!-, como los Cholos, Hemos, Darketos, Regetoneros, Graffiteros -perseguidos de Valls-, bandas, etcétera-, y que son una realidad en las calles tuxtlecas, y son los que para nada, creen en la iglesia católica, apostólica y romana, como tampoco en las protestantes por moralinas a ultranza.
Creen en Guadalupe, en Cristo, en Dios, que son otra cosa, lejos de las paredes que sitian en la epidermis de ladrillo y el yeso, a la fe, y por la que todavía cobran un diezmo para que los purpurados vivan como príncipes, porque eso son, príncipes de la iglesia, como los pastores que todo se lo deben a Dios y no a la inteligencia propia -que es a la vez la capacidad de crear- que es en lo único que somos a imagen y semejanza del que Es.
Pero esa es otra vaina, la que nos ocupa es que vino uno de los encomenderos del Vaticano a decirnos que la iglesia no se mezcla en política cuando, implícita, va en la referencia.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
