*Los anunciados
René Delios
Resultó extraño que el empresario Carlos Coutiño Rodríguez señala que ya no son tiempos de que el gobierno se encargue solo del progreso de una entidad, cuando no lo sido nunca; contrariamente sabemos desde siempre que ningún gobierno podría ser sin el trabajo del pueblo que gobierna, que es el que genera riqueza y con ello impuestos.
Pero como se trata sólo de engolar el discurso, pues a decir que ahora sí, “vamos los empresarios” cuando es claro que hay pocos que pueden denominarse dentro de ese catalogo y la ausencia de empresas a destacar, es más que evidente si, oteamos que la industria de la transformación es casi nula.
Y así, las cámaras de los prestadores de bienes y servicios se les cuenta por su cantidad, no por su calidad y menos por su generación de empleos bien remunerados; son generadores de ocupación y no de transformación. Por eso no es necesario que ninguno de sus presidentes le incremente a modo las cifras al gobierno.
Ese es un flaco favor pues solo inflama los datos ante la opinión pública, pues en la administración estatal tienen perfectamente claro qué pasa en cada municipio, región, sector administrativo o productivo, gremio laboral u organización social.
Ese manejo de información fue evidente en el –y es evidencia hoy al- sexenio pasado: concluido éste, todo el bloff salió a relucir, y las cifras de “que venga todo lo que tenga que venir” no eran –ni son hoy- tales, para los sector administrativos del estado, y queda –y quedará- la duda de la aplicación correcta de los recursos del “Stan”.
¿De qué sirvió tanta alabanza en su momento?
La entidad de siempre ha sido víctima de ese tipo de actitudes por parte de empresarios y prestadores de bienes y servicios, y ya no se diga de los parásitos del gobierno. Adulan de más las acciones administrativas y políticas hasta que la sacan de madre, y ellos sacan provecho económico y político.
La entidad no esta ni por asomo en la ruta del progreso; tiene veinticinco años que así se dice y aun no se logra equilibrar lo que se obtiene como lo que se demanda.
Por eso cuando los sectores deben ser prudentes y hablar con equilibrio, éste tipo de “tiradas al piso” no tienen caso.
Luego de su paso por la administración pública los gobernantes se han de dar cuenta de ello, que fue el puro cuento por parte de los “representantes” de sectores y esas vainas.
Chiapas tiene rezagos más allá de la capacidad institucional para superarlas en el presente. Por ello la necesidad de que la iniciativa privada se haga presente, es cierto. Pero esa presencia debe ser con transformación, capital de riesgo. Este –en el caso de darse la recesión en E.U.-, se va a detener un tanto, porque ciudades rurales –como la obra pública- podrán amortizar un tanto los efectos en una entidad con una población que construyó sus viviendas dispersada en cerros y largos caminos haciendo imposible darles servicios públicos y asistenciales por sexenios y a nadie le interesó resolverlo.
Ciudades rurales integrales vendrá –aparte de generar dinero en las regiones- a “juntarlos”, y esa idea agradó al mundo empresarial mexicano, el del centro y norte del país, que sí llegaron con sus millones de pesos –no como los localucos que son más foto que hechos- a trabajar y de inmediato lo empezaron a hacer en Ostuacán.
En aquel municipio, y para que no tuvieron asomo de duda, recibieron con agrado el ofrecimiento de que ellos mismos contrataran las empresas que necesitaban, sea de diseño, contratistas, constructoras, pintores, en fin, todo lo necesario para hacer su parte sin que el gobierno estatal y ninguno de sus funcionarios, interviniera a no ser para coordinar lo necesario y todo resulte de acuerdo al proyecto original concebido por Juan Sabines Guerrero.
Y le entraron, de inmediato.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
