‘Tres por Uno’

Esteban Moctezuma Barragán

Uno de los programas más difundidos por los gobiernos de Fox y Calderón desde la Secretaría de Desarrollo Social, es el llamado Tres por Uno.
Se trata de un interesante programa social, en donde se realizan obras en zonas marginadas mexicanas, con la aportación de un peso por las comunidades de inmigrantes desde EU, otro peso que invierte el gobierno estatal y uno más que aporta el gobierno federal. De esta manera, se invita a quienes emigraron de sus comunidades a apoyar a sus lugares de origen y a sus familias de una manera participativa con los gobiernos federal y local.

¿Usted cree que en México existan personas que estén dispuestas a invertir un peso por cada dos pesos gubernamentales para aliviar sentidas necesidades sociales?

Pues, aunque usted no lo crea, en la actualidad hay casi 6 mil organizaciones y millones de personas que donan dos pesos por cada peso que invierte el gobierno federal. Esto es un tres por uno, pero con una aportación social mayor, que gubernamental. Esto es precisamente lo que hacen todas las empresas y personas que donan recursos a organizaciones y fundaciones que trabajan para resolver necesidades sociales de salud, educación, cultura, pobreza, tercera edad y demás.

Existe la falsa idea que quien dona recursos los recupera en su totalidad con un recibo de deducibilidad fiscal. Eso no es así.

La realidad es que por cada peso que se invierte en las asociaciones sociales sólo se recuperan alrededor de 29 centavos y se regalan 72. Esto es, tres por uno.

Por ello, la CETU nació con un pecado de origen. No incluye la deducibilidad a las aportaciones a las organizaciones civiles autorizadas para otorgarlas.

Eso es un grave golpe en una de las áreas más nobles, importantes y necesarias de la sociedad. Además de ello, se incluye la obligación de pagar impuestos sobre los servicios que prestan estas organizaciones, tratándolas como si fueran empresas.

Pero la sociedad civil organizada surge como un sector no lucrativo para resolver problemas concretos de la colectividad.

¿Qué significa ser no lucrativo? Palabras más, palabras menos: que todo el recurso que se obtiene se utiliza para atender necesidades. Por ello no hay accionistas, ni reparto de utilidades.

Lo que sí se genera es mucho valor agregado, mucho aprendizaje, mucho servicio.

En el mundo entero se mide el avance de las naciones por el grado de participación social. Esto es, por la forma en que las personas y empresas se involucran en resolver los problemas de su comunidad y participar en lo público.

El mensaje que envía la iniciativa de la CETU va precisamente en el sentido contrario, en desdeñar la participación de la sociedad e inhibir su organización.

La SHCP esgrime como argumento para cancelar la deducibilidad, el hecho de que algunas organizaciones se han desviado de sus fines originales y sirven para evadir impuestos. Ante ello, la respuesta es obvia. Si eso sucede, hay que perseguir a quien se corrompa. Si para ello se requiere de una mejor regulación, ¡bienvenida!

A todo el tercer sector le conviene la transparencia por una sencilla razón: su sobrevivencia depende de la confianza de la gente, de sus donantes, de quienes utilizan sus servicios.

Sobre la reforma fiscal, la mayoría de las instituciones sociales estamos de acuerdo en la necesidad de una reforma hacendaria integral, que vaya orientada a generar empleos, competitividad y justicia social; pero golpear a las organizaciones sociales lejos de ayudar a aumentar la recaudación y fortalecer las finanzas públicas, las debilitaría ya que el gobierno federal tendría que pagar tres pesos por solucionar problemas que hoy sólo le cuestan un peso.

Presidente de Fundación Azteca

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