Tres políticos ex…

Esteban Moctezuma Barragán

Es interesante analizar el comportamiento de dos ex presidentes y un ex candidato a la Presidencia para documentar la sicología política de los ex funcionarios.
Uno de ellos, Vicente Fox, ha entrado en un activismo que no tuvo como Presidente de la República. Parece que se dio cuenta muy tarde que pudo haber hecho mucho por México, pero ya no tiene con qué cumplir, y en vez de dedicarse a una actividad constructiva, se aferra al pasado, se hace llamar “presidente” y se construye un despacho como el que tuvo en Los Pinos.

No expresa interés en profundizar alguno de sus programas sustantivos, sólo en mantener vigentes los “signos externos del poder” que alguna vez gozó y regodeó, como oficinas lujosas y aplausos de auditorios extranjeros.

En vez de apoyar al Presidente surgido de su propio partido, compite con él. En vez de ser autocrítico quiere cambiar su historia, hablando.

En eso se parece mucho a otro ex. Al ex candidato Roberto Madrazo, quien se ha propuesto repartir las culpas de sus fracasos entre personas que se cruzaron en su camino sin rendirle falsas caravanas, llámense Enrique Peña, Eduardo Bours, Alfonso Romo, Elba Esther Gordillo o Ernesto Zedillo.

Con una incontinencia verbal, similar a la de Vicente Fox, Roberto quiere que se olviden sus propias traiciones, en donde radica el verdadero fondo del distanciamiento que casi todos los políticos que lo trataron le tuvieron que aplicar.

Una sola pregunta resume su legado político: ¿le crees a Madrazo? Penosamente, la respuesta es homogénea y generalizada a lo largo y ancho de nuestra patria.

Y así, mientras Fox y Madrazo se hermanan en una terapia del verbo, las lamentaciones, las culpas y lo superfluo, otro ex, y me refiero al ex presidente Ernesto Zedillo, se dedica a lo sustantivo: a la investigación y la academia, y adquiere, cada vez más, reconocimiento nacional e internacional por su contribución a la democracia, a la cooperación internacional, a la estabilidad económica y a programas sociales de combate a la pobreza que, por efectivos, aún mantiene el gobierno federal.

Zedillo, en vez de dedicarse a hablar, produce, genera ideas, provoca reflexiones, estimula el pensamiento de sus alumnos y audiencias. Fue mencionado para dirigir el Banco Mundial y nadie se sorprendería si accede a encabezar una institución internacional de alto rango.

Se ha dedicado a lo sustantivo y, en vez de aventar piedras e insultos a quienes obstaculizaron su tarea de gobierno, se dedica a seguir vigente como ser humano y profesionista.

¿En qué radica la diferencia de posturas entre Fox y Madrazo por una parte, y Zedillo por la otra?

Si retomamos la máxima cristiana “por sus obras los conoceréis” nos explicaremos por qué un ex presidente como Zedillo -que respetó la voluntad popular de la elección más transparente de la historia, que logró la autonomía de la Suprema Corte de Justicia, que elaboró la más importante reforma electoral, que creó un programa social ampliamente reproducido en otros países, llamado Progresa, que impulsó el federalismo, que diseñó un blindaje económico del que aún gozamos hoy, entre muchas otras cosas más- no ve la necesidad de autoproclamar sus logros o de escupir a sus detractores.

Él sabe que la historia lo pondrá en el lugar que merecen sus obras, aportaciones, errores u omisiones.

Y uno se pregunta ¿por qué Fox y Madrazo se la pasan hablando del pasado, tratando de reconstruirlo como en la obra de Orwell?

¿Será que saben el lugar que ocuparán en la historia y no les gusta? ¿Será que no hay fondo una vez perdido el glamour del poder? Al tiempo.

Presidente de la Fundación Azteca

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