Darinel Zacarías /ASICh
Traficantes de gasolina que operan en la frontera sur, siguen con este “negocio” bajo la sospecha del solapamiento de las corporaciones de seguridad y protección civil, sin embargo han cambiado el “modus operandi”, esto según ellos para despistar a la ciudadanía, porque a los jefes de seguridad, los tienen controlados.
En un trabajo de investigación realizado en diversos municipios de México y Guatemala, pudimos conocer el acelerado crecimiento en el tráfico desmedido de combustible. PFP controla el derecho de piso
Conocidos como “peseros” a quienes comercializan el combustible en el vecino país de Guatemala, dijeron que semanalmente entregan a la Policía Federal Preventiva 35 mil pesos por dejarlos trabajar.
“A veces varía las cuotas, cuando hay pedidos inesperados, hay ocasiones que trasladamos más de 15 camiones entonces les pagamos 2 mil pesos por acarreo a los oficiales que puntualmente llegan a cobrar, así como ellos, también les damos a los de la Policía Estatal Preventiva y la Policía Fronteriza.
“El Guamazo”, conocido cargador que trabaja en las orillas del río Suchiate explicó “Los que hacen una buena feria son los elementos de la PFP porque ellos son los que están en las carreteras de las gasolineras a donde van a comprar el combustible para luego cruzar la frontera y muchas veces llegan hasta aquí, los vienen vigilando o más bien cuidando.”
Además comenta “A nosotros nos pagan por garrafa, cobramos 9 quetzales, esta muy bajo, pues argumentan que allá en México las cuotas son muy altas, y pues le tenemos que entrar por la necesidad. Yo “rallo” a veces 700 quetzales por día, habemos muchos ya en este oficio”.
Operativos considerados “elefantes blancos”
Dicen algunos denunciantes que a veces hacen simulacros de operativos queriendo detener y agredir a los “peceros”, pero todo es pantomima por que saben que ellos son los principales beneficiados con la comercialización de la gasolina, que desde hace tiempo adquieren en territorio mexicano.
En pláticas con despachadores de las gasolineras de Suchiate, Cacahotan y Tuxtla Chico, de quienes omitimos nombres por temor a represalias, nos explicaron que se manejan dos horarios, el primero a las 05:99 horas de la mañana y el segundo a partir de las 8:00 de la noche.
Manifestaron que la coordinación y comunicación con los nuevos comandantes de la PFP es muy buena, pues las cuotas son grandes y puntuales, mismas que entrega el encargado de la gasolinera en Cacahoatan, mejor conocido como “Naranjo”.
“Aquí a la gente solo les venden 20 litros. A los campesinos que les llenaban sus garrafas ya les racionan el combustible, diario vendemos a los centroamericanos cinco pipas; dos de diesel y tres de gasolina” explicaron.
A pesar del grave riesgo que implica el tráfico de combustible, que según reportes es de casi 280 mil litros por día, esto ante los ‘supuestos operativos’, aun no hay autoridad que los frene y sancione.
El director de la Comisaría de la Policía Federal Preventiva
Pedro Raúl Mina Díaz se ha limitado a reconocer el crecimiento paulatino en el tráfico de gasolina, a realizado tan solo una detención de cinco mil 500 litros, esto solo para demostrar su supuesta disponibilidad del combate al contrabando de combustible.
Explicó que el delito se tipifica como trafico o transporte de residuos peligrosos, sin embargo se hace oídos sordos ante las múltiples acusaciones de las jugosas cuotas por derecho de piso, que los chapines entregan semanalmente.
“Traficantes Cambian Modus Operandi”
Bajos los “pactos o convenios” con encargados de las gasolineras ubicadas en los municipios fronterizos, los chapines han cambiado la forma de acarrear la gasolina, ahora los realizan en camiones de tres tonelas, camionetas tipo Pick Up, pero cubiertas con grandes lonas, para no ser tan obvio el delito.
En altas horas de la noche y primeras horas de la madrigada, los traficantes hacen turno para ser atendidos y así poder llenar los bidones de distintas medidas, que por lo regular son de 20, 25 y 30 litros.
Se van formando en un callejón abandonado e intransitable en el municipio de Cacahoatan, donde el encargado de apellido “Naranjo” les indica la cantidad a la cual tiene derecho, el número de camiones asciende a casi 100 por día.
”Conforme el encargado lo autoriza, estacionan el vehiculo sumamente pegado a la bomba despachadora, jalan la manguera hasta el interior de la góndola, cubierta por lona, según ellos para no ser detectados, los chapines utilizan tres de las cuatro bombas y dejan una sola para el transporte publico y particular de México” Explican los despachadores.
PC regional supervisa y apoya estas acciones
Protección Civil solo se ha mantenido a realizar reuniones de prevención y ha explicar cuales serán las sanciones, sin embargo, hay presunta complicidad del titular regional Julio Cesar Cueto Tirado, quien siempre se niega hablar del tema y de quien se supone recibe semanalmente su respectiva cuota por hacerse oídos sordos y miope ante este grave problema de seguridad.
En el callejón ubicado en Cacahoatan se pueden apreciar las grandes filas, esperando ser abastecidas, para después ser custodiadas por alguna corporación de seguridad y respaldados por personal de Protección Civil.
El traslado del combustible se da mayormente durante las primeras horas de la madrugada, metros a la redonda se pueden apreciar esquinas con las luces apagadas, al igual que las instalaciones de las gasolineras, para poder trabajar tranquilamente.
Balseros y cargadores amparados por la oscuridad y la corriente del Suchiate
Posteriormente los miles de bidones o recipientes son transportados hacia las orillas del río Suchiate: en cualquiera de ambas rutas: Talismán o Ciudad Hidalgo, para posteriormente pagar cargadores, mismos que llevan la gasolina a espaldas, cruzando el afluente de México hacia Guatemala, amparados en las sombras de la noche
En Guatemala los precios del combustible son muy elevados e incompletos, además del gran desabasto, ante estas circunstancias, han utilizado a los municipios fronterizos como abastecedores, a bajos costos y de mayor calidad, esto ante los ojos de las autoridades mexicanas.
Desde las cuatro de la mañana inicia el “bisne” como ellos lo denominan, ingresan a territorio guatemalteco los miles de litros de combustibles, a través de cargadores o las llamadas balsas construidas con neumáticos.
Es un negocio redondo de beneficio colectivo para corporaciones de seguridad, empresarios y autoridades de protección civil a quienes dejan jugosos dividendos por brindarles el llamado “derecho de piso”.
Niños son utilizados en la venta ilegal de combustible
Estando la gasolina ya en territorio guatemalteco, es almacenada sin ningún control en bodegas clandestinas, otros contrabandistas las almacenan en sus hogares, sin el menor cuidado, representando mayor peligro.
Según vecinos del municipio fronterizo de Guatemala conocido como el Carmen, los niños son utilizados para la distribución del combustible, pues los ponen en las carreteras con letreros que dicen “Hay gasolina de calidad” o “Te quedaste sin gasolina, nosotros te vendemos”.
En los hogares, el olor de la gasolina se confunde con el de los alimentos, incluso su ropa está impregnada y en las calles les gritan ‘los gasolineritos’; son menores de edad obligados por sus padres y traficantes, para vender combustibles en las carreteras cercanas a las fronteras de Guatemala y México.
Diariamente los contrabandeados ingresan a esas casas más de ocho mil bidones de gasolina, los cuales son guardados en humildes casas ubicadas en el Carmen y Malacatán, San Marcos.
Así operan los contrabandistas, donde trabajan de manera binacional, intercambian poderes adquisitivos, lucran, comenten ilícitos, a todas horas a diario, aquí desde los municipios fronterizos, donde las corporaciones de seguridad son miopes y aun más donde la impunidad sigue brincando de lado a lado. ASICh
