Tibios ante el calentamiento

Gerardo Moncada

El gobierno de Estados Unidos se encuentra cada vez más aislado y, como suele suceder con todo grupo humano que se aísla, ha decidido construir su propia realidad al margen de las necesidades y apremios del mundo real. Al arribar a la cumbre del G-8, George W. Bush declaró en forma provocadora que el mundo no está sufriendo un calentamiento global, que en caso de que tal problema existiera su causa no serían las actividades humanas y que si esto último fuera demostrado el cambio climático no sería responsabilidad de los países desarrollados.
Semejantes declaraciones van a contracorriente de la evidencia científica reunida por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, el organismo más calificado sobre este tema y que reúne a más de 2 mil científicos de todo el planeta. Más aún, las declaraciones de Bush buscan atajar las acciones que están siendo impulsadas en diversas regiones del planeta para enfrentar lo que se considera la mayor amenaza para la paz, el desarrollo y el ambiente planetarios.

La administración de Bush ha buscado eludir por todos los medios el tema del cambio climático por considerar que le resultaría demasiado costoso adaptar su planta productiva para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (un requisito indispensable del siglo XXI) y modificar o alterar los patrones de consumo y la forma de vida de la sociedad estadounidense. Pero sobre todo porque el calentamiento global exhibe al sector energético como uno de los mayores responsables de las desmesuradas emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera terrestre. Y como es sabido, la familia Bush tiene estrechos vínculos con este sector.

Mentir parece ser el sello de la Casa Blanca. Apenas este 6 de junio uno de los colaboradores cercanos de George W. Bush, Lewis Libby, fue condenado a 30 meses de prisión precisamente por hacer declaraciones falsas. El juez que lo condenó dijo: “Gente que ocupa estos puestos donde tienen el bienestar y la seguridad de la nación en sus manos tiene una obligación especial: no hacer nada que pudiera causar un problema”.

Pero el gobierno de Bush no entiende y pretende convencer a las demás naciones de no actuar ante el cambio climático, de esperar a ver qué pasa, les asegura que el problema ni siquiera existe, o que en todo caso habrá que esperar los catastróficos impactos previstos a corto plazo para entonces tomar decisiones, como ya lo hizo la administración Bush cuando el huracán Ka t r i n a golpeó Nueva Orleáns.

En la Cumbre del G-8, Bush ha intentado dirigir las discusiones hacia Rusia, hacia China o hacia donde sea posible para eludir el tema del calentamiento global y la responsabilidad que su país tiene en este fenómeno.

Por ello, diversas organizaciones ambientalistas y sociales le estamos demandando a los países del G-8 que saquen de esta reunión un mensaje claro y comprometido respecto del cambio climático, aunque el resultado no cuente con la participación de Estados Unidos.

Es cierto que el mundo necesita la participación de Estados Unidos para combatir este problema global, sobre todo porque Estados Unidos es el país que más genera gases de efecto invernadero al aportar 23%de las emisiones planetarias. Pero el mundo no se puede detener en espera de que el gobierno estadounidense decida asumir su responsabilidad.

Los países del G-8 han causado la mayor parte del cambio climático y son ellos los que deben afrontar su responsabilidad. El mundo verdadero, el que se encuentra al otro lado de la alambrada que protege esta cumbre, está cansado de palabras vacías y demanda una acción verdadera ya.

Por ello, los ciudadanos demandamos a los líderes del G-8:

—Una declaración nítida, aceptando las pruebas científicas respecto del cambio climático y el hecho de que es producido por las actividades humanas, reconociendo la magnitud y urgencia del problema.

—Una señal política inequívoca que indique a la comunidad empresarial y financiera el compromiso del G8 de reducir el mercado del carbón debido a la necesaria disminución de las emisiones para asegurar el objetivo de Naciones Unidas respecto al cambio climático.

—El acuerdo para poner en marcha la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (WSSD) para ayudar a las regiones pobres a mitigar los desastres climáticos tanto a nivel regional como nacional.

—El compromiso de los países del G-8 para desarrollar en 2008 políticas y programas que apoyen a la población pobre de los países en vía de desarrollo a reducir su vulnerabilidad a los impactos del cambio climático.

Es necesario y es factible que se acuerden compromisos obligatorios que lleven a recortes en las emisiones globales de gases de efecto invernadero en 50% para 2050, comparado con los niveles de 1990.

Cómo mínimo, el G-8 debe ponerse de acuerdo para reducir las emisiones en 30% para 2020, comparado con los niveles de 1990. Además, deben acordar compromisos y un calendario formal que asegure la reducción de emisiones necesaria para salvar el clima bajo el Protocolo de Kioto, antes de 2009, en las próximas negociaciones de la ONU a realizarse en diciembre en Bali.

Estos planteamientos deben surgir del la cumbre del G-8, aun cuando no esté de acuerdo el presidente de Estados Unidos. Los países desarrollados no pueden acompañar a George W. Bush en la negación del cambio climático ni en el rechazo a las acciones que apremian. La postura que Bush ha asumido en esta cumbre equivale a lo que sucede actualmente con la bombilla de Edison: el que fuera por décadas el icono del avance tecnológico y la innovación se ha convertido en un producto barato pero obsoleto y sumamente ineficaz (sólo transforma en luz 5% de la electricidad que consume).

¡Actúen ya!

Coordinador de Campañas Especiales

Greenpeace México

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