La interparlamentaria México-Estados Unidos

Silvia Hernández

La reunión interparlamentaria México-Estados Unidos viene celebrándose desde hace 46 años consecutivos. Ha pasado por diversas etapas. Desde los tiempos en los que la reunión era ocasión para reclamos mutuos hasta la actualidad, en la que cada vez más legisladores de ambas Cámaras, de los dos países, ven en ella la oportunidad para conocer puntos de vista de sus colegas respecto a temas de interés, que no siempre de coincidencia, en la agenda bilateral.
En México la reunión interparlamentaria suele generar expectativas fuera de la dimensión y alcances de su naturaleza. Por razones explicables, pero no correctas, el público espera que en ella los legisladores mexicanos asuman posiciones de consenso que es evidente no existen en la realidad nacional. En contraparte, se asume que lo que en ellas se expresa por parte de los legisladores estadounidenses es la opinión de todo el Congreso de su país.

En forma coloquial se podría decir que para algunos analistas y observadores la reunión interparlamentaria anual es vista no como un encuentro de legisladores, sino como una especie de partido México vs. Estados Unidos, en el que está en juego la soberanía nacional. Es, a todas luces, una visión incorrecta que produce incomprensión o expectativas alejadas de la realidad.

Ningún congreso en el mundo acepta, salvo acuerdo especial, que un grupo de legisladores hable a nombre de todos sus integrantes. Ello va en contra de la esencia del concepto mismo de Congreso, de su pluralidad. Eso mismo sucede cuando tanto en México como en Estados Unidos se integran las delegaciones interparlamentarias. Éstas se componen por quienes, en el lado estadounidense, solicitan participar y son invitados por el liderazgo de cada cámara, y por el lado mexicano con quienes las juntas de Coordinación Política determinan, con el número y en la proporción que representa cada grupo parlamentario en su respectiva cámara. En nuestro caso, cada grupo decide autónomamente a sus representantes. La voz de cada participante es la propia y a lo más la de su propio partido; de ninguna manera representa, ni aquí ni allá, la opinión de todo el Congreso.

Las reuniones interparlamentarias son mecanismos de comunicación y de conocimiento de las posiciones y opiniones diversas que en el otro Congreso existen acerca de los temas de una agenda que acuerdan los presidentes de las respectivas cámaras con suficiente antelación.

Estas reuniones asemejan más a una reunión parlamentaria del tipo que conocemos en México como reuniones de comisiones, aunque en este caso los asistentes sean de dos nacionalidades diferentes, que a una reunión entre jefes de Estado, quienes tienen la posibilidad de hacer compromisos a nombre de sus respectivos gobiernos o Estados.

Este año la interparlamentaria se llevará a cabo en medio de una situación muy singular. Después de 20 años de una discusión interrumpida entre cambio de legislaturas y elecciones de todo tipo, el Congreso estadounidense ha decidido discutir un proyecto de reforma a sus leyes migratorias para intentar resolver el dilema de mantener en su territorio, fuera de la ley, a más de 12 millones de personas que han entrado a Estados Unidos sin permiso previo pero que, de una u otra forma, se encuentran inmersas en su sociedad.

Somos testigos de que ese debate esta siendo álgido, que las posiciones individuales y partidarias se han radicalizado, y que el receso que los senadores tomaron recientemente para pulsar mejor el sentir de sus electores no ha fructificado en acuerdos en el pleno senatorial. Muy probablemente el presidente del Senado estadounidense, a pesar de sus deseos, se vea impedido de dar por terminado el debate antes de la celebración de la interparlamentaria con México.

Es de esperar, por tanto, que los senadores de aquel país sostengan la posición que en mayo pasado compartieron con el liderazgo del Senado mexicano, anticipando no asistir a la interparlamentaria en tanto su debate no haya terminado. Por su parte la Cámara de Representantes expresó por medio de su líder, la señora Nancy Pelosi, que pondrá un proyecto migratorio a consideración del pleno solamente si el Senado aprueba uno previamente.

A estas alturas, nadie sabe con certidumbre cuál será el desenlace de este proceso. En estas condiciones cabe la pregunta sobre si es conveniente mantener una reunión interparlamentaria sin los senadores estadounidenses presentes.

Mi respuesta categórica es sí.

Convendría que la delegación senatorial mexicana se corresponda en nivel y número con la contraparte, pero desde luego no conviene a los legisladores mexicanos cancelar esta oportunidad de hablar con quienes participen del lado estadounidense. Ya habrá ocasión propicia para nuevos encuentros de todo tipo con sus Senadores, más allá si para el próximo sábado, cuando se celebre en Austin, Texas, la reunión interparlamentaria, el Senado de Estados Unidos haya decidido sobre el proyecto de reforma migratoria. Las conversaciones con los representantes serán útiles y, pienso, convenientes.

Recordemos que la agenda bilateral es múltiple y compleja; que para México el tema migratorio es prioritario, pero no el único.

La comunicación en política tiene un significado y un valor en sí mismos, es importante hablar y escuchar, entender y buscar hacerse entender.

Para eso son las reuniones interparlamentarias. Ni más ni menos.

Directora General de Estrategia Pública Consultores, S.C.

¡Comparte la nota!