Carlos Rodríguez Ajenjo
No es fácil identificar a quién dirigir nuestro mensaje en un día como hoy, dedicado a reflexionar en torno a un tema demasiado cotidiano y peligroso como el tabaquismo en el mundo. No es fácil porque sabemos muchas cosas acerca del tabaco y sus riesgos, y hay pocas cosas nuevas bajo el sol, de tal modo que la misma información puede llegar a ser rutina, aunque este siga siendo uno de los principales problemas de salud pública y causante de la segunda epidemia más grande del mundo, en gran parte evitable.
Sabemos lo esencial. Por ejemplo, que por el tabaco mueren anualmente en el mundo casi 5 millones de personas, y que esta cifra en México es de cerca de 60 mil al año, lo que equivale a decir que cada día mueren 165 personas, una cada 10 minutos, por esta absurda causa.
A quién le hablan estas cifras: ¿a los que ya están afectados de por vida por el consumo crónico del tabaco o a quienes apenas inician su consumo y no tienen conciencia ni del riesgo ni del daño que pueden infligirse? ¿Con qué argumentos se podrá tocar la conciencia y el corazón de más de 16 millones de mexicanas y mexicanos que día a día dependen de esta droga legal, pero peligrosa, y que exponen a otros 36 millones al humo de su tabaco con efectos similares?
Tenemos decenas de razones para invitar a miles de adolescentes a que defiendan su vida y su salud en una causa realmente fundamental, pero no sabemos si nos escuchan, porque diariamente, por increíble que parezca, entre 80 mil y 100 mil adolescentes más en el mundo se hacen adictos al tabaco.
Desafortunadamente, el inicio de consumo de tabaco está comenzando a una edad cada vez más temprana, entre los 11 y los 12 años de edad o incluso antes, y en la mayoría de los casos el tabaco es considerado como la droga de inicio, es decir, como entrada para el consumo de otras drogas, ya que se sabe que incrementa hasta en 13 veces el riesgo de uso de otras sustancias. ¿Nos escucharán algunas mujeres cuando hablamos y les decimos que las evidencias nos señalan que son ellas las que han avanzado más en el consumo del tabaco, y que su presencia aumenta, de ser menos de 30% de los fumadores hace unos años a ser cerca de 35%?
Tenemos argumentos, evidencias, razones y una causa que parece no convencer a millones de personas. ¿Harán caso los fabricantes de los más de 15 mil millones de cigarrillos que se consumen diariamente en el mundo, todos ellos empresas gigantescas que reportaron hace tres años ganancias superiores a los 200 mil millones de pesos anuales? Ellas -igual que nosotros- saben el daño que provocan las más de 4 mil 800 sustancias contenidas en un simple cigarrillo, de las cuales por lo menos 69 son cancerígenas.
Finalmente, toda la evidencia que se tiene acerca del daño a la salud que provocan los productos del tabaco, ¿será recibida por la sociedad, la clase política, los legisladores y los líderes de opinión, y moverá a la acción ? ¿Será útil saber que en México se dedica casi 15% del gasto total en salud tan sólo para atender los problemas de salud derivados de su consumo?
El “combate” al consumo de tabaco se ha convertido en una prioridad en salud, pese a lo cual se observa aún un incremento en el número de fumadores en México y en el mundo, como si una de las principales características de nuestra sociedad fuera una extraña atracción por practicar muchas conductas de riesgo: conducir a velocidad excesiva, consumir estimulantes, beber grandes cantidades de alcohol o fumar compulsivamente.
Bienvenida, sin embargo, la reflexión en torno a este delicado tema, por más discusiones bizantinas que también provoca en ciertos sectores; poco importa, entonces, discutir acerca de los derechos de los fumadores y de los no fumadores cuando están de por medio cifras tan aterradoras. Bienvenida también porque en los procesos como este el tiempo se relativiza aún más, y saber que hace 500 años una planta americana atrajo el interés de los países colonizadores y que esta planta, unos años después, sería transformada en toda una industria con miles de empleos e intereses alrededor nos debe llevar a pensar en lo complejo que resultará un cambio cultural en sentido opuesto.
Hace unos pocos años, cuando muchos de nosotros pensábamos aún que el planeta estaba ahí, para que se lo acabara esa generación, la visión que se tenía sobre el consumo del tabaco era también distinta. En ese sentido en pocos años hemos asistido a un cambio importante, con el cual una nueva conciencia ecológica, energética y de salud ha ido ganando espacios.
Por ello creo indispensable que aun y cuando nos preguntemos acerca de a quién le hablamos cuando hablamos de estos temas, continuemos haciéndolo para contribuir a un sano debate sobre este y otros temas globales.
Secretario técnico del Consejo Nacional contra las Adicciones, Secretaría de Salud
