José López /ASICh
El Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez Rogelio Cabrera López declaró que se suman, como lo habían anunciado, a las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.
Claro que tenemos mucho que celebrar y agradecer porque México es nuestra patria, la hemos hecho nuestra y estaremos comprometidos con ella.
Por esta razón los obispo de México hemos querido unirnos a esta celebración de agradecimientos con un documento que ha sido leído el pasado primero de septiembre, el cual hemos titulado conmemorar nuestra historia de México para hacer un discernimiento histórico desde la fe.
Hemos pedidos de manera especial estar atento para privilegiar tres características, desde la que se entreteje nuestra cultura: A) el anhelo humano legitimo que busca libertad y justicia, a partir de los reclamos que brotan de la naturaleza profunda de cada personas; B) una inspiración cristiana que anima a las personas a luchar a favor de la promoción humana individual y social con una perspectiva transcendente, C) un diálogo plural con el conjunto de ideología que no siempre coincide con la propuesta cristiana, pero buscan también el desarrollo humano.
La mayor amenaza para nuestra cultura es querer eliminar toda referencia o relación con dios aquí está precisamente el gran error; quien excluye a dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad y en consecuencia solo puede determinar en caminos equivocados y recetas destructivas.
Reconocemos que la iglesia tiene derecho de participar, a través de sus ministros y fieles laicos, según sus propias funciones y responsabilidades, en la construcción de la cultura, de la vida, aportando lo que les es mas propio, a partir de la cosmovisión del mundo y sobre todo de la concepción que el hombre tiene, que se caracterizan por su transcendencia, su dignidad inviolable y su realización eminentemente social.
Al final ponemos en tres puntos aquellos que anhelamos y queremos: un México en el que todos sus habitantes tengan acceso equitativo a los bienes de la tierra, que se promueva la superación y crecimiento de todos en la justicia y la solidaridad.
Un México que crezca en su cultura y preparación con una mayor conciencia de su dignidad y mejores elementos para su desarrollo, con educación integral y de calidad para todos. Un México que viva reconciliado, mayor armonía e integración en sus componentes sociales y con sus deferentes orientaciones políticas. Pero unificado en el bien común y el respeto de uno y otro.
Por último, habló del mensaje del papa Benedicto en la 96 jornada mundial del migrante y refugiado la celebración de la jornada mundial del emigrante y del refugiado me ofrecen nuevamente la ocasión para manifestar la solicitud constante de la iglesia por los que viven, de distintas, maneras, la experiencia de la emigración.
Se trata de un fenómeno que, como escribí en la encíclica impresiona por el número de personas implicadas, por los problemas sociales, económicos, político, cultural y religioso que plantean, y por los desafíos dramáticos que supone para la comunidad nacionales y para la internacional.
Los emigrantes y los refugiados menores de edad tocan un aspecto al que los cristianos prestan gran atención, recordando la advertencia de Cristo, que en el juicio final considera referido a el mismo todo lo que se ha hecho o dejado de hacer para huir de la amenaza. ASICh
